Hablar de “ser docentes” no requiere de empoderamientos teóricos y parafernalias inexistentes, “ser docente” implica problematizarse en el día a día.

Los avatares de un maestro atañan varias tareas que deben  ser realizadas casi simultáneamente dentro de su propio contexto educativo, investigando, aplicando y mejorando permanentemente su quehacer como docente y su práctica pedagógica; es por ello que, en el presente texto analizaremos la literatura como una herramienta pedagógica que transforma y deforma el contexto real educativo en el aula de clase, basándose y tomando como referencia las observaciones hechas a la profesora Ruby Arias, ganadora del premio Compartir al maestro por su extraordinaria labor como docente de primaria y guía en los procesos de enseñanza y aprendizaje de lecto-escritura.

En primera instancia, analizaremos el actuar docente en Colombia y el empoderamiento del contexto educativo, en segundo lugar se propone la literatura como hilo conductor de procesos de enseñanza y aprendizaje; dentro de contextos que problematizan situaciones y condiciones reales de los mismo estudiantes, finalmente se proporcionarán algunas conclusiones que incentiven  al maestro para que cree y desarrolle procesos de aprendizaje ligados a la literatura.

El actuar docente exige un compromiso real y humano frente a  diversos espacios y contextos educativos actuales, de esta manera hablar de “ser docentes” no requiere de empoderamientos teóricos y parafernalias inexistentes, “ser docente” implica problematizarse en el día a  día, así como lo afirma Saldarriaga (2006) “ en cuanto a la proclamación de los fines sociales cada vez más democráticos donde se busca innovaciones pedagógicas cada vez más crítica” (P, 62) con el propósito de mejorar el contexto educativo. Por otra parte, el maestro debe creer en sí mismo como sujeto de saber para entablar combates por la reconfiguración de su papel en la educación y en el aula de clase.

Los contextos educativos colombianos exigen a los maestros diferentes estrategias o alternativas, que ayuden al estudiante, inmerso en diferentes problemáticas, a reconocerse y valorarse como ser humano y elemento clave del desarrollo de una comunidad o un grupo social.

Por lo tanto, ¿cuáles podrían ser las estrategias y herramientas que le permitan al maestro intervenir en un contexto social, real y educativo centrado en el aula de clase?, para responder esta pregunta debemos pensar y reflexionar en primer lugar en el papel que juega la práctica pedagógica a diario, así como lo argumenta Vélez, Saldarriaga (2006) “la construcción social de códigos culturales y el conocimiento de la subjetividad como una experiencia situada por pertenecía a subculturas etarias, étnicas, de género o de clase social” (P, 65) que le permita al maestro, enfrentar el conjunto de relaciones saber-poder que se inscriben a la hora de enseñar en un contexto social, ello significa que el maestro debe reconocerse como sujeto de saber, con el poder de transformar su propio contexto social educativo, de esta manera al reconocernos como sujetos-transformadores iniciamos la aventura de diseñar estrategias para guiar a los estudiantes  a un aprendizaje concreto.

Es así, como la experiencia el saber y la práctica pedagógica de la profesora Ruby Arias ejemplifica como herramienta la literatura para la vida como elemento formativo y creador de experiencias que según Larrosa (1996) “pensar la lectura como formación implica pensarla como una actividad que tiene que ver con la subjetividad del lector: no sólo con lo que el lector sabe, sino con lo que es” (P, 25), ello quiere decir que el maestro al querer transformar los contextos educativos a través de la lectura tendrá que tener en cuenta las características y cualidades de los estudiantes, así como también sus debilidades y dificultades en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

Para Larrosa (1996) la lectura debe ser algo que forma,  de-forma o transforma, la experiencia real del estudiante para contribuir a cambios educativos; ya que como lo fundamenta el autor, no se tiene un real aprendizaje únicamente con “hacer”, llegamos a aprender, por el contrario, cuando en nuestros estudiantes sembramos, construimos y desarrollamos experiencias que terminan transformándolos. En este caso, la profesora Ruby Arias a pesar de tener que enfrentarse a variados y continuos contratiempos, logra identificar, formar, enseñar e involucrar en un contexto real educativo a cada uno de los elementos vivos dentro del aula de clase. Es así, como la literatura a través de tradiciones orales y escritas va cambiando a cada uno de los estudiantes presentes en el aula.

Por otra parte, de acuerdo con Larrosa, Jorge (1996) “la imaginación está ligada a la capacidad productiva del lenguaje, incrementando y transformando la realidad “(P, 27), es así como a través de la literatura se pretende formar, transformar y deformar los contextos educativos y sociales, el estudiante y las maneras de relacionarse con el mundo; contribuyendo a un cambio real educativo y personal en cada uno de los miembros de la clase.

De igual manera, los maestros deben crear y proporcionar una experiencia a cada uno de los estudiantes, en este caso, a través de la literatura formativa, así como argumenta Larrosa, Jorge (1996) usando un apartado de Heidegger “hacer una experiencia con algo significa que algo nos acaece, nos alcanza; que se apodera de nosotros, que nos tumba y nos transforma” (P, 31) es así, como la literatura, la imaginación y la experiencia deben solventar soluciones a cada uno de los contextos educativos reales en un aula de clase.

Finalmente, el rol del maestro en un contexto real educativo, exige un compromiso por el desarrollo humano integral de los estudiantes, proponiendo alternativas que ayuden a generar experiencias positivas a través de la literatura, aquella que les permite inventarse y reinventarse, imaginar, transformarse y deformarse, creando experiencias y dejando huellas en el subconsciente, puesto que cuando un maestro logra dejar una “huella positiva” en los estudiantes, se logra un aprendizaje real, no memorial y sistemático; tomar la literatura exige detenerse y enseñar hasta las cosas que parezcan mínimas, desde el hecho de pasar las hojas de un libro, generar la costumbre de cuidarlos, de involucrar y enamorar a los padres de familia en el proceso de enseñanza-aprendizaje de sus propios hijos, se trata de volverlos lectores, escritores y traductores de su propio contexto, se trata de que en un mañana logren ser transformadores y deformadores de sus propias realidades.

REFERENCIAS:

  • Saldarriaga, O. (2006). Del oficio de maestro. Colombia.
  • Larrosa, Jorge (1996). La experiencia de la lectura. Barcelona: Fondo de Cultura económica.
*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
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