Parece difícil, parece imposible, pero los sueños sólo tú es quien decide hacerlos realidad.

Mi primer día de clases en una escuela nueva la institución Gabriel García Marquez, no fue como lo esperaba, pensé en que estaría sola, por el hecho de no conocer a nadie; me encontré Jair Andrés, un niño con síndrome de Down, que con mucho amor se dirigió a mí y me dio un abrazo.  Mi primera reacción fue salir corriendo y gritar. Era sólo una niña que no entendía por qué un niño aparentemente diferente y desconocido me brindó tanto amor cuando me vio.

Él estaba en el grado tercero de primaria y yo en segundo, pasó el tiempo y Jair Andrés perdió un año estuvimos los dos en tercero, y se convirtió aquel niño que para mí era diferente, en mi mejor amigo. Mi tiempo era dedicado para él. Me sorprendió tanto cuando un día se despertó y les dijo a todos que yo era su novia fue algo muy significativo y aunque no sabíamos el concepto de esa palabra, para nosotros era agradable.

Pasó un año más y avancé, pero él quedó en el mismo grado. Así fui creciendo y me daba cuenta que los maestros no hacían nada para ayudarlo, no lo incluían en las clases, mi mejor amigo sólo ocupada un puesto en el salón. Una vez hasta lo trataron de estorbo, él no entendía que pasaba y yo lloraba porque los salones quedaban cada vez más lejos y nos separaban.  

Me sacaron del colegio y pasé a la Institución Liceo Versalles pero antes de irme le hice una promesa y consistía en que yo lo ayudaría sin importar que tan lejos estemos, yo sería maestra para ayudar a más niños que pasan por la misma situación. Todos los días tenía su visita, sin embargo lo extrañaba en mis clases. Fui creciendo y mis pensamientos también, aquellos actos de los maestros que tuvimos, la indiferencia ante su discapacidad fue uno de las principales motivos para decirle a mi mamá que yo quería ser maestra, no quiero ser como ellos que no vieron en él unas habilidades especiales, entendí que no somos diferentes y al igual que nosotros ellos tienen derecho de la plena participación en la vida social y el desarrollo.

Mi madre al conocer mis preferencias y/o gusto por esta labor, decidió buscar un cupo en la  Normal, gracias a Dios pude ingresar estaba segura de lo que quería hasta ese momento, hasta que cuando cumplí 15 años presenté un miedo al pensar no ser un ejemplo para aquel mejor amigo que tuve en mi infancia o no ser una suficiente ayuda para él.

El miedo siguió hasta mi grado de Bachiller, no sabía si seguir con aquel sueño y aquella promesa hecha cuando era tan sólo una pequeña. Puse todo en manos de Dios, fue mi guía e ingresé al programa de formación complementaría comencé con muchas dudas, no sabía si era verdaderamente lo que quería. Con el tiempo que llevo en mi formación, han ido desapareciendo cada uno de esos miedos, con seguridad puedo decir que es lo que siempre he querido y que con ayuda de Dios voy a cumplir mis sueño.

Ser maestro más que una profesión es una vocación y un estilo de vida. 

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
Imagen de Yoanis Marcela González Bolaño

Yoanis Marcela González Bolaño

Estudiante del primer semestre del programa de formación complementaria de la Institución Educativa Distrital Escuela Normal Superior María Auxiliadora de Santa Marta.

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