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Álvaro Rodríguez

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El colegio ideal

Publicado: Vie, 27/03/2015 - 12:15

El colegio ideal

La educación tiene un actor importante en el desarrollo de sus procesos y su quehacer diario más allá del docente.

En la actualidad se habla mucho sobre calidad educativa y los diferentes factores que influyen para que esta se dé. Se hacen investigaciones, se escriben libros y se hacen infinidad de talleres buscando esas mejoras que permitan superar los estándares internacionales y estar mejor ubicados en el ranking de las pruebas Pisa, dejando de lado el contexto y la realidad diaria de nuestras escuelas y colegios.

Porque más allá de los muros, los horarios y las normas de convivencia, que supuestamente construyen la comunidad educativa y que al final de cuentas, en algunas ocasiones, terminan siendo el producto de un 'especialista' en algo educativo, que rara vez ha pisado un colegio, la educación tiene un actor importante en el desarrollo de sus procesos y su quehacer diario más allá del docente, el estudiante y la infinidad de teorías y modelos que se repiten en los miles de “Días E” que programan los directivos - docente.

“…Porque más allá de los muros, los horarios y las normas de convivencia… la educación tiene un actor importante en el desarrollo de sus procesos y su quehacer diario más allá del docente, el estudiante y la infinidad de teorías y modelos…”

Ese actor es el propio colegio, su vida e historia, sus rutinas, su gente, sus aulas, sus matas, su baños, su emisora, su biblioteca, sus canchas, en sí…el colegio.  Les confieso que después de 22 años largos de recibir mi cartón de bachiller, para mí ha sido difícil desligarme de esa época, de las actividades extracurriculares, de ODA Lasallista, de los "curas De La Salle", de las convivencias, del concurso de oratoria que me gané en séptimo y sobre todo los aprendizajes significativos que me han servido para la vida y para el rumbo de mi vocación profesional.

Acepto que no fui el más brillante, ni me gané un botón de oro por rendimiento académico y que muy posiblemente mis profesores no esperaron que llegara a ser un científico riguroso y famoso; pero optaron por explorar, encontrar, canalizar y ayudarme a orientar un don social que me ha servido mucho en las aulas y en mi trabajo en el área de la responsabilidad social.

Buenos pero entonces ¿cómo sería el colegio ideal?, le lancé la pregunta a un grupo de estudiantes de una facultad de educación de diferentes semestres y estas fueron sus respuestas:

“Para mí una escuela ideal sería una en la que no dejaran tareas pero se realizarán muchísimas actividades extraescolares.”

“Un colegio donde desde la primera clase dividieran por áreas de interés, dependiendo lo que vas a estudiar, así desde el principio vas mejor preparado y más orientado para tu carrera profesional.” 

“Un colegio en el que los profesores escucharan más a sus estudiantes y los estudiantes respetaran más a sus profesores…”

“Donde los deportes y las artes también tuvieran un rol importante y no se valoraran como simple costura.”

“Pero lo más importante sería crear un colegio en el que Todos; padres, profesores y alumnos contribuyeran a que fuera un mejor lugar para la adquisición de la educación y la cultura.”

“Un colegio donde el aprendizaje no fuera un ejercicio más de poder, uno donde hubiera libertad de pensamiento y de expresión, donde no siempre se presentará todo del lado de los vencedores.”

“Un colegio donde motivarán y provocaran para aprender.

Por respuestas como estas es importante que en nuestro país se empiece a valorar y resignificar el sentido del colegio, dejando de lado las "escabrosas y gélidas" estructuras y modelos pedagógicos de papel y más bien, centrándose en la riqueza del colegio, sus espacios, sus dinámicas y las múltiples prácticas pedagógicas que pueden nacer dentro y fuera de las aulas.

Es por eso, que la actitud de escuela, se convierte en el motor fundamental para superar cualquiera de los retos y pruebas que se presentan a diario, es un instrumento de provocación y de “encarrete”,  donde la  estrategia se centra en la persona humana, ya que es única e irrepetible, pero también teniendo presente que desde la niñez se le permite constituirse en proyecto realizable en la historia con las diferentes dimensiones propios del ser humano.

Entonces, si queremos repensar y mejorar la calidad educativa, también es importante compartir el mundo con otros, escuchar, respetar, explorar y vivir la escuela, cumpliendo con aquello de un segundo hogar, porque más allá de los niveles académicos y el ranking de instituciones educativas, la escuela es una formadora de vida.

Cosas tan mínimas pero tan difíciles a la hora de convivir y que de una u otra forma, cimientan las bases de la calidad de vida; un rincón de herramientas para la vida en la cual cada una inciden en su desarrollo y potenciación para la formación de un ser integro en valores y saberes bases de su futuro y desarrollo en la sociedad.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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