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Álvaro Rodríguez

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Es hora de la construcción de argumentos bien fundamentados

Publicado: Lun, 27/06/2016 - 12:00

La escuela necesita un tiempo y un espacio de reflexión, donde se enseñe por medio de ambientes amables que permitan la exploración auténtica de las problemáticas.

Todo es fiesta y jolgorio en nuestro país, producto de la firma del acuerdo final entre el Gobierno y el grupo armado Farc, lo que ha generado, como suele pasar en Colombia con estos temas, una división entre los que defienden la paz a cualquier precio y los que defienden la paz sin tanta gabela.  

El problema de estas divisiones es que demuestran la gran falencia que tiene nuestro sistema educativo a la hora de argumentar, pasa con los docentes para no dejarse evaluar, a los padres de familia para no aceptar sus errores y falta de compromiso, los estudiantes no “dan pie con bola” para resolver conflictos porque todo se resumen en respuestas simplonas y vacías, entre otras muchas cosas de la cotidianidad.

Evidentemente, las relaciones cotidianas no son fáciles y en todas las relaciones sociales se presentan conflictos por múltiples factores, se toman decisiones individuales y grupales, se discuten normas que buscan definir la relación entre las personas y las comunidades, que necesitan de ciertos niveles de argumentación que faciliten el proceso de construcción individual y colectiva, que cumplan con un mínimo período de revisión y discernimiento, de dialogo y de retroalimentación.

Lamentablemente, gran parte de nuestra sociedad aún no entiende el valor de la diferencia como herramienta de construcción y la interpretan más como desestabilizadora, como "algo opuesto a la norma" o la “supuesta verdad verdadera” que cada cual cree tener.

El enfrentamiento o el ostracismo que se suele hacer al pensamiento diferente ha sido un generador de violencia, se empeña en dividir y marcatizar al otro, promoviendo actitudes poco respetuosas, enfrentamiento con la realidad, inmadurez emocional, falta de conciencia y un conformismo velado que puede disfrazarse de aceptación.

Es por esto que la escuela necesita un tiempo y un espacio de reflexión, donde se enseñe por medio de ambientes amables, que permitan la exploración auténtica de las problemáticas que surgen a diario, que existan tiempos para poder pensar cómo se están resolviendo los problemas que afectan a todos, fomentando la posibilidad de la deliberación y el debate permanente en la escuela que de herramientas para vivir con los demás y, sobre todo, para motivando el actuar constructivamente en la sociedad.

Debemos buscar estrategias que fomenten ejercicios para pensar más por sí mismos, tomar decisiones discernidas y reflexionadas, faciliten la justa forma de solucionar diferencias y sobretodo que valoren el sentido de lo público, nuestros deberes, responsabilidades y la búsqueda del bien común.

Al final de cuentas, ser adulto y ciudadano implica construcción de propios argumentos bien fundamentados.

 

 

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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