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Rafael Orduz

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La Paz: reto cultural

Publicado: Jue, 28/07/2016 - 08:00

El logro de la paz en Colombia requiere de un cambio cultural y educativo. No basta la firma entre las partes, que será sólo el inicio de un largo y arduo camino.

El conflicto que Colombia busca cerrar lleva más de cinco décadas. El saldo no es otro que el del dolor para muchos colombianos: desplazamientos forzados de millones de personas, centenares de miles de muertos, incluyendo civiles, miembros de la fuerza pública y militantes de los grupos armados ilegales, de derecha o izquierda; sinnúmero de secuestrados y desaparecidos.

El contexto en el que se originó y desarrolló inicialmente el conflicto colombiano corresponde al período de la llamada Guerra Fría, vigente entre el final de la segunda guerra mundial y la caída del muro de Berlin. Entre los años cincuenta y los noventa del siglo pasado, América Latina vió nacer, crecer y desaparecer múltiples grupos armados que, en nombre de diversas utopías, tuvieron su auge en Venezuela, Chile, Argentina, Uruguay, Bolivia, El Salvador, Guatemala. Haciendo a un lado el movimiento sandinista nicaragüense que, en 1979, derriba la dinastía Somoza, ningún grupo armado consiguió el poder por la vía de las armas en el continente.

Veintisiete años después de caído el muro de Berlín, Colombia es el único país latinoamericano que lleva a cuestas un conflicto armado “de viejo cuño” y que en los próximos meses podría comenzar a desactivarse.

Tan largo tiempo de confrontación ha estado acompañado por otros tipos de violencia. Por un lado, la presencia del narcotráfico ha tenido alta participación en la tasa de homicidios en Colombia; por otro, hechos derivados de las dificultades de convivencia pacífica entre colombianos explican, también, parte de los asesinatos ocurridos en Colombia.

Es de esperar, en consecuencia, que el fin del conflicto armado contribuya a la reducción de los índices de violencia, aunque sólo de modo parcial.

La clave, hacia el futuro, más allá de los programas de inversión social que buequen mitigar la desigualdad en Colombia, radica en la generación de una cultura de convivencia pacífica. La forma en que nos relacionamos unos con otros en la cotidianidad es una de las llaves para que Colombia consiga vivir en paz.

El respeto por los demás, por la diversidad étnica y cultural, por las creencias religiosas y los credos políticos, por la orientación sexual, por los procesos democráticos en todo nivel, es la premisa para una Colombia en paz. Ciertamente, el proceso educativo formal tendrá incidencia en la construcción de una cultura de convivencia; sin embargo, se debe tratar, no de una cátedra específica que se imparta, sino de una actitud transversal que irrigue todos los procesos pedagógicos y las prácticas en el aula, el terreno crucial en la formación de los niños y niñas colombianos.

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