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Encuentro con artista maestro Rafael Palacios

Publicado: Lun, 14/11/2016 - 12:00

Vivir el entorno, un mundo en donde era mejor observar que jugar, desde niño descubrió la danza, para cambiar vidas.

Este mes invitamos a los docentes de artes a revitalizar y ampliar el panorama de su práctica pedagógica descubriendo el cuerpo y una de sus infinitas posibilidades a través de la danza dentro y fuera del espacio escolar.

De niño no jugaba mucho, me gustaba leer y escuchar música. Mis amigos eran niños mestizos de Antioquia.

Luego llegaban las vacaciones y viajaba a Quibdó para sorprenderme y disfrutar de esa cultura que me hacía sentir parte de ella: La gastronomía, la música, el clima, el río Atrato; la finca de mi abuelo en Munguidó, en plena selva, a cuatro horas de Quibdó, sin luz ni electricidad; las maravillosas fiestas de San Pacho que despertaban mi imaginación a los cinco años de edad y que seguramente lograron marcarme con sus escenografías, colores, y personajes como la vaca loca: Un hombre que corría por la calle, sobre sus hombros llevaba un palo con llamas en los extremos… Un mundo en donde era mejor observar que jugar.

Aparece la danza

Todavía recuerdo que a los cuatro o cinco años vi en la televisión en blanco y negro a un bailarín clásico y luego dije a mis padres que quería hacer lo mismo. Ellos no se burlaron ni se asustaron, tampoco me inscribieron en ninguna academia…

La inspiración para crear coreografías

Me interesa mucho seleccionar temas que rompan con los estereotipos sobre la gente negra, el exotismo, el erotismo. Igualmente me interesa resaltar temas como la falta de reconocimiento a la espiritualidad y el aporte de la diáspora africana a la construcción de la nación colombiana, son algunas razones que me inspiran a crear coreografías y seleccionar bailarines que deseen enfrentar este gran reto que concierne a mi responsabilidad y entrega profesional. Hay muchísimos temas que considero de gran importancia poner en el escenario. Cuando somos conscientes de la gran problemática que vive el pueblo afro-descendiente en Colombia, reescribir la historia es una necesidad inmediata, si queremos hacer parte de las soluciones. Los temas que escojo hacen que lo importante no sea la danza, sino la voz que deseamos sea escuchada a través de ella. Es así como no bailamos para ser vistos, lo hacemos para que escuchen nuestras preocupaciones.

Prepárese...

Fue entonces, en 1991, cuando viajé a Francia para estudiar danza afro-contemporánea, inicial mente en Toulouse y luego en París, con la maestra Irene Tassembedo. Más tarde me vinculé a la compañía de danza internacional Ebene e hice parte del espectáculo Wakatty, con el cual llevamos a cabo una gira por más de 15 países africanos y múltiples presentaciones en escenarios de París y la Ópera de L´ille. También en Paris, hice estudios de danza clásica, jazz y contemporáneo en la Academia Nacional de Danza. La preparación comenzó en mi cabeza cuando decidí que deseaba abordar la danza desde una mirada contemporánea, acorde a mis raíces africanas.

En Burkina Faso y Senegal, África, tomé talleres de danza tradicional africana para investigar y aprender de maestros y corógrafos africanos con el fin de regresar al país y ampliar el vocabulario dancístico construido en Colombia.

También, en un cierto momento, hice los diplomados en Gestión Cultural de la Universidad Pontificia Bolivariana y de Danza Contemporánea en la Escuela Popular de Artes de Medellín.

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La Fundación Compartir y la Asociación de maestros de artes ‘Entre las Artes’ establecieron una alianza para promover una mayor comprensión de la educación artística como práctica que enaltece al ser ético, estético y creativo, y da sentido de vida en comunidad, siendo estas necesidades prioritarias en la educación de la infancia y la juventud colombianas.

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