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Encuentro con artista: maestro Vladimir Rodríguez

Publicado: Jue, 24/11/2016 - 12:00

Intuiciones infantiles, imitar para descubrir, ¿el colegio un espacio de exploración y descubrimiento?

Este mes invitamos a los docentes de artes a revitalizar y ampliar el panorama de su práctica pedagógica descubriendo el cuerpo y una de sus infinitas posibilidades a través de la danza dentro y fuera del espacio escolar.

El 29 de Abril de 2008, en el estudio del artista, sostuvimos una charla con él alrededor de su proceso creador, desde las intuiciones infantiles remotas; del contexto en el que fue identificando su vocación de bailarín y de coreógrafo; de la proyección educativa y cultural que a su modo de ver tienen la danza. Editamos aquí esta maravillosa conversación que da valiosas herramientas formativas y pedagógicas a los maestros de danza.

"Era muy difícil saber lo que yo quería hacer"

Hice de todo un poco. Fui un futbolista dedicado y en el deporte me empecé a dar cuenta  que había cosas que me gustaban más que otras; me gustaba ser arquero, quería tapar, porque tenía destrezas muy específicas: podías volar por los aires y alargar el cuerpo. Ya en la adolescencia cuando jugaba voleibol, me gustaba saltar y toda la sensación de suspensión. Los compañeros me decían “usted se ve muy bien cuando juega esto. ¡Lástima que sea tan malo!”… pero en la imagen yo tenía mucho estilo.Cuando niño no tenía ningún fermento evidente relacionado con lo que terminé haciendo, es decir, nunca fui un niño bailarín ni nada de eso, pero sí tenía mucha disposición a moverme, era muy inquieto. Me gustaba trepar cosas, saltar, correr. Tenía cierta necesidad de detonar energía, y esa podía ser una característica que ahora puedo detectar al verme en retrospectiva. Originalmente mi mamá, que es docente, me decía que era muy difícil deducir lo que yo quería hacer.

Dibujé cantidades… La corporeidad tenía resonancia para mí

Cuando salí de la escuela, estudié en el Instituto Técnico Francisco José de Caldas. Salí con el título de dibujante técnico y quise seguir estudiando diseño gráfico. Además me gustaba trabajar la mano de obra dura, que también forma al técnico: fundición, mecánica, carpintería. Fui un cultor de todo tipo de lenguajes del comic, de la manga…. De pequeño dibujé cantidades, especialmente cuerpos, y trataba de hacerlos en movimiento, que no es fácil. Era aficionado a Mazinger Z, como todo el mundo. Aprendí muchísimo de ese dibujo, procuraba imitarlo en el papel con gran imaginario mío, siempre con cuerpos en movimiento... Eran batallas, saltos….  en esos dibujos la corporeidad tenía resonancia para mí…

Me sorprendo… las primeras coreografías

Me presenté entonces a Diseño Gráfico de la Universidad Nacional y no pasé. Mientras me volvía a presentar entré a Educación Física a la Universidad Pedagógica. Entré por el voleibol, toda la vida no me iba a quedar de jugador de voleibol, pero nunca me presioné a ir a donde no quería. Allá recibí una sorpresa: Efectivamente yo tenía una sensibilización hacia la corporeidad muy fuerte; lograba trabajos inductivos supremamente elaborados. En el área de cinestesia, estudio del movimiento, descubrí que tenía mucha perceptividad para ese tipo de trabajo. Entendí rápidamente discursos más de talla reflexiva e investigativa que deportiva. En el Área de Danza empecé a proponer los primeros ejercicios creativos. Hice mis primeras coreografías a los 17 años.

Soy un imitador dedicado, admirador de Michael Jackson, de James Brown, del hip hop. La imitación es una de las primeras etapas de un bailarín. A los niños en la escuela les dicen que no imiten, pero a mí me parece que está bien que imiten. Me vestía como Michael Jackson y me deslizaba, me fascinaba, no sin darme cuenta que en este tipo de danza hay un factor de consumo, de comercialización. Me di cuenta que tengo ciertas habilidades; que desarrollo este tipo de cosas a cierta velocidad.

En filosofía

En la Pedagógica estuve tres semestres y volví a presentarme a la Nacional donde me aceptaron en Filosofía, que fue mi segunda opción. Empecé a recibir otro tipo de formación que me instaló en el campo de lo racional, que de alguna manera mermó un montón de curiosidad corporal que tenía. Con Nietzsche vi la relación entre la filosofía y el cuerpo, fue un discurso filosófico que me hizo validar mis otros discursos y me enseñó que el camino de la danza era válido… Estando en esta carrera, me fui al grupo de danzas folclóricas de la universidad y con este tuve un primer contacto directo con la danza.

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La Fundación Compartir y la Asociación de maestros de artes ‘Entre las Artes’ establecieron una alianza para promover una mayor comprensión de la educación artística como práctica que enaltece al ser ético, estético y creativo, y da sentido de vida en comunidad, siendo estas necesidades prioritarias en la educación de la infancia y la juventud colombianas.

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