Creado el: Jue, 21/01/2016 - 14:00 por Palabra Maestra

Una charla con: Luz Elena Azcárate, secretaria de Educación en Cali

La nueva jefe de esta cartera, en la capital del Valle del Cauca, explicó las estrategias que implementará para lograr su objetivo: educación vital.
 

Desde que inició sus estudios en el colegio Liceo de Los Andes, en Buga, Valle del Cauca, Luz Elena Azcárate demostró su vocación de servicio y liderazgo, valores que afianzó cuando se graduó como abogada en la Universidad de San Buenaventura y corroboró con su especialización en Gerencia Social de la Universidad Javeriana.

Comenzó su carrera profesional como abogada de varias empresas e incluso trabajando en el área jurídica de varios bancos. Luego se adentró en el sector público como Gestora social y, posteriormente, como Secretaria de Desarrollo Social del Valle del Cauca.

Ahora, como nueva Secretaria de Educación Municipal de Santiago de Cali, Luz Elena Azcárate tiene una meta principal: lograr reubicar cerca de 30 mil niños cuyos colegios no cumplieron con el mínimo percentil de calidad, de un 20 % exigido por el Ministerio Nacional.

Compartir Palabra Maestra habló con ella para conocer cómo le gustaría que su gestión fuera recordada, cómo mejorar la calidad de educación y cómo vincular las Competencias del siglo XXI en la formación del país.
 

Palabra Maestra: ¿Cómo le gustaría que la sociedad recordara la gestión que inicia en la Secretaría de Educación de Cali?

Luz Elena Azcárate: Pensamos que Cali merece y requiere con urgencia una educación vital que entre otras cosas nos enseñe a respetar, valorar, celebrar la diversidad biológica, étnica, cultural y  sexual. Una educación que nos recuerde que la vida necesita de la diversidad para hacerse fuerte.

Una educación vital que nos permita apreciar los potenciales que habitan en cada ser, en cada situación, que nos permita reconocer que en el movimiento, en la expresión de sentimientos, en los múltiples lenguajes y estéticas forjamos nuevos sujetos individuales y colectivos capaces de liderar las transformaciones sociales y culturales que necesitamos para aumentar los niveles de felicidad. Una educación vital que se apoye en nuestro potencial para la alegría y la celebración y lo aproveche como estrategia para el aprendizaje.

PM: A partir de su experiencia, ¿cómo mejorar la calidad de la educación en Colombia?

LEA: La calidad de la educación tiene que ver con diferentes factores y no pasa solamente por el proceso de gestión de calidad que necesariamente realiza la Secretaría de Educación para el mejoramiento continuo de las Instituciones Educativas en los aspectos educativos y pedagógicos, o el cumplimiento de los estándares de competencias por parte de los estudiantes en relación con las pruebas de Estado, lo cual, por su importancia, ha de tener en cuenta también los procesos que los hacen viables y que van desde la infraestructura, el equipamiento, la alimentación, la apropiación de las TIC, la formación a docentes, los PEI,  hasta todos los procesos de gestión que inciden en la transformación de la cultura escolar, para garantizar el derecho a una educación de calidad no excluyente.

Nuestra apuesta, además de mejorar la calidad educativa, es facilitar la construcción de visiones compartidas del mundo y del futuro,  donde se permita el disenso y los caminos múltiples al conocimiento y a la felicidad,  donde enseñemos la democracia cotidiana que delibera e interactúa con el entorno social, político y económico y le apuesta a las transformaciones para fortalecer las ciudadanías activas y potentes.

PM: ¿Cuál considera que debe ser el aporte dado desde la educación para la paz?

LEA: La paz es un significante vacío si no pasa por una educación digna para el buen vivir. No hay ni habrá paz en Colombia si no se dignifica el ejercicio docente y no se trabaja en la construcción de un sistema educativo que garantice la justicia social. La educación debe aprender a buscar entre los saberes ancestrales y los nuevos saberes, inventando nuevas maneras de relacionarnos entre los seres humanos, que no pasen por las violencias, las desigualdades y las discriminaciones, sino que nos instale en la posibilidad del diálogo, el reconocimiento y la creatividad a la hora de tramitar nuestras diferencias y conflictos. Una educación que valide la empatía, el cuidado de la vida, que enseñe a nombrar el mundo también en femenino y en tonos menores, que desinstale la competencia, las manifestaciones de fuerza y el machismo como valores o indicadores para medir el éxito de individuos y procesos.

PM: ¿Cómo vincular desde su punto de vista, las Competencias del siglo XXI en la educación tradicional del país?

LEA: Indudablemente un modelo que nos permitiría abordar las competencias educativas que requiere el siglo XXI es el de las comunidades de aprendizaje, que ya hemos empezado a desarrollar y que empieza por facilitar el acceso a la educación a todas las personas en igualdad de condiciones, donde es el estudiante el centro de los objetivos del aprendizaje, entregándoles herramientas de trabajo en espacios modernos y flexibles,  donde se les faciliten las TIC y demás elementos que permita que quienes estudian sean aprendices activos, que desarrollen hipótesis propias sobre cómo funciona el mundo. Este modelo supone que docente y estudiante exploren y aprendan juntos para adquirir los conocimientos necesarios para resolver los problemas de la vida cotidiana.

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