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El juego dramático: una experiencia de mediación lectora para la primera infancia

A través de la dramatización y los juegos de roles, niños y niñas pueden aprender sobre literatura, potenciar su imaginación y mejorar sus comprension lectora.

Mayo 6, 2020

En la ya clásica novela de literatura infantil Momo (1973), escrita por el alemán Michael Ende, hay un bello pasaje donde los niños se reúnen para jugar en las ruinas del anfiteatro. Cuando Momo, la protagonista, entra en escena, la imaginación empieza a elucubrar un gran juego de roles y de transformación de escenarios: “podríamos jugar a que las ruinas son un gran barco, y navegamos por mares desconocidos y vivimos aventuras. Yo soy el capitán, tú eres el primer oficial, y tú eres un investigador, porque es un viaje de exploración, ¿sabéis? Y los demás sois marineros”. Lo que viene a continuación es un capítulo maravilloso, donde los personajes juegan en medio de la lluvia a ser una arriesgada tripulación de exploradores que desafía la tormenta, recorre extraños parajes y enfrenta monstruosas criaturas marinas en pro de una importante misión científica.

Esta escena de Momo, aparte de contener una gran riqueza literaria en términos narrativos e imaginativos, es la mejor muestra de cómo funciona el juego dramático en la vida de niños y niñas. Las docentes y teóricas del juego Patricia Sarlé, Inés Rodríguez Sáenz y Elvira Rodríguez definen el juego dramático como una actividad que aparece en la vida de los niños aproximadamente entre los 15 y 18 meses, la cual, se caracteriza por transformar una situación cotidiana en un evento extraordinario donde media la capacidad imaginativa y simbólica. Al respecto, las autoras mencionan que “todos los niños pueden jugar de este modo, asumiendo roles o papeles sociales y desarrollando escenas que responden al conocimiento o experiencia que tienen de ese rol o papel asumido”

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En el mismo documento, las autoras explican que el juego dramático se caracteriza porque los niños asumen un rol, realizan acciones acordes a su personaje y juegan conjuntamente. Pero ¿cómo un juego de estas características puede ser una experiencia significativa en la mediación lectora para niños y niñas en la primera infancia?, ¿cómo logra la lectura movilizar a los pequeños y las pequeñas a un juego colectivo cuando el principio de esta actividad es la calma y la escucha?

Si se atiende a que la lectura en la primera infancia tiene un carácter distinto a la actividad que realiza un lector que ya descifra el código lingüístico y lee por sí solo, se comprende que la lectura en estas edades es, en palabras de Teresa Durán, ante todo sentir, sentir los signos que comunican los gestos de los cuidadores, la voz amorosa de quien canta y lee y las ricas imágenes que son expuestas a los pequeños ojos.

Junto al sentir aparece, al poco tiempo, esa capacidad de representar que le permite a los niños y niñas reconocer y entender esos signos presentes en sus experiencias emotivas. En ese sentido, no se puede concebir una sola mediación calmada y atenta, sino diversas mediaciones ricas en movimiento, en apertura a las emociones y a la imaginación.

Por sí sola, la literaria ya es un juego imaginativo. Como bien lo expresa el pasaje de Momo citado al inicio de este artículo, es, como dice Graciela Montes, el cruce de una frontera a un mundo otro donde es posible ser alguien más y vivir un sinnúmero de aventuras a través del sistema de personajes, los ambientes y otras apuestas narrativas. Si se suma a este hecho, que la mediación lectora puede contener elementos extra-textuales, proyectados en el diseño de ambientes y experiencias en el que la lectura literaria se convierte en un escenario donde los niños se identifican con los personajes, asumen sus intereses y juegan a vivir un capítulo no compartido en la obra, seguro se puede hablar de una experiencia de lectura y de juego dramático.

Alma Carrasco afirma que el “intervenir con libros y lectura en la vida de los bebés parte de reconocer la importancia que para su desarrollo lingüístico, afectivo y cognitivo tiene la lectura”. Más adelante, la autora le suma el hecho de que las intervenciones o mediaciones lectoras enriquecen las interacciones. Si se hace una última adición a esta intervención, la del juego dramático, los niños y niñas alimentan su imaginación y potencian su creatividad, pues no solo recrean la historia, sino que, además, la amplían.

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Imagen LaterJay Photography from Pixabay

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Licenciada en Lengua Castellana de la Universidad del Tolima y docente universitaria de futuros educadores infantiles en la áreas de escritura, lectura y literatura infantil.
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Irma María Arévalo González
Gran Maestro Premio Compartir 2002
Ofrezco a cada uno de los alumnos un lápiz mágico y los invito a escribir su propia historia enmarcada en los cuentos y leyendas de su cultura indígena.