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Martha Nussbaum y la educación de las emociones para una ciudadanía democrática

Las emociones son factores decisivos en el ejercicio de la vida moral y política de una nación.

Abril 10, 2020

En los últimos años, una de las figuras intelectuales más destacadas del siglo XXI, la filósofa estadounidense Martha Nussbaum, nos ha lanzado una sugestiva invitación para pensar en una educación de las emociones para la auténtica ciudadanía democrática. Se trata de una importante reflexión sobre el papel que juegan las emociones en la vida moral y política de una nación.

Las emociones son fenómenos que configuran nuestra existencia cotidiana. Desde las primeras horas del día estamos experimentando emociones de diversa índole: alegría, tristeza, sorpresa, ira, entre otras. No obstante, este factor tan decisivo en nuestro comportamiento no se ha relacionado suficientemente con la deliberación pública de los ciudadanos. Es precisamente en el contexto de la vida pública donde las ideas de Nussbaum cobran especial relevancia para orientar ciertas nociones de educación ciudadana que vale la pena explorar. A continuación, esbozaremos algunos ejes de reflexión que nos plantea la filósofa.

En contraposición a la vieja idea de las emociones como reacciones ciegas, o impulsos descontrolados y automáticos que no podemos dominar, Nussbaum asume una visión cognitivo-evaluativa de las emociones, esto es, las emociones son juicios o creencias que tenemos frente a determinados eventos, personas o situaciones. En otras palabras, las emociones están ligadas a ciertas interpretaciones o evaluaciones que hacemos de la realidad, y basados en esos contenidos mentales que tenemos frente a los acontecimientos, experimentamos ira, tristeza, alegría y demás estados emocionales.

Un ejemplo de cómo operan estos juicios lo podemos ver en la cotidianidad: un individuo cruza todos los días por la misma calle, un poco oscura, pero siempre camina con tranquilidad, hasta el día en que alguien le anuncia que en esa calle suelen haber asaltantes, delincuentes peligrosos, o algo similar. Desde entonces su evaluación de la calle es diferente, cualquier sombra, cualquier movimiento en la penumbra, cualquier persona que camina por el sector, o cualquier ruido, será suficiente para desencadenar el miedo, porque hay un juicio de fondo que dice que hay un peligro inminente. Antes el individuo no experimentaba ninguna emoción particular, pero ahora su interpretación de la realidad ha cambiado, y sus estados emocionales también.

Los antiguos filósofos estoicos fueron los precursores de esta idea cognitiva de las emociones, pero autores como Nussbaum han retomado estas teorías para vincularlas a la vida pública y a los comportamientos ciudadanos. Siendo esto así, la filósofa defiende la existencia de ciertas emociones que ha denominado como “políticas”, en el sentido que afectan nuestro comportamiento en la vida pública de cada día, y que deberían ser cultivadas porque ayudan a sustentar diversos ideales de justicia, igualdad, dignidad y solidaridad. Para Nussbaum las principales emociones políticas son la compasión, el amor y el patriotismo, aunque su teoría deja espacio para considerar otros sentimientos morales.

Por compasión se entiende una emoción dolorosa orientada hacia el sufrimiento grave de otras personas. Supone una sensibilidad hacia los otros seres humanos que padecen un dolor inmerecido y que requieren de otra persona para su alivio o salida. Detrás de esta emoción se encuentra la idea de vulnerabilidad como elemento constitutivo de la naturaleza humana. Somos seres frágiles, expuestos a la enfermedad, el sufrimiento y la muerte. Pero también somos frágiles frente a la posibilidad de ser víctimas del mal ocasionado por otros individuos, de ser sometidos a tratos inhumanos, humillantes, violentos y degradantes: tenemos una misma vulnerabilidad y mortalidad, este es el primer factor que nos hace iguales como humanos.

Por eso la compasión es una emoción que debe ser cultivada a nivel individual y público. Requiere de sujetos aptos para empatizar con los demás seres humanos comprendiendo que ese otro puedo ser yo mismo en una situación parecida, real o hipotética: teniendo capacidad para imaginar la situación del otro y desplazar nuestra mirada hacia la condición humana degradada o en sufrimiento.

Siendo esto así, las emociones políticas no solo deben ser cultivadas a nivel individual, sino que el Estado también puede favorecer ceremonias, eventos artísticos, culturales y demás actividades que generen vínculos de amor cívico y preocupación por la suerte del otro.

El Estado en una sociedad democrática que aspira a la justicia tendría, entonces, la tarea fundamental de promover y alentar los derechos fundamentales y los ideales constitucionales que permitan la coexistencia de concepciones diversas del sentido y propósito de la vida en un espacio político compartido mediante el fomento de una cultura política crítica, abanderada de la defensa de la libre expresión, la libre asociación, la igual dignidad para todos y un conjunto de emociones que favorezcan estos principios.

.Junto a la compasión, como ya se ha mencionado, conviene fomentar también el patriotismo. Pero no la idea de patriotismo negativa y excluyente que invita a definir la nación en contraposición a sus posibles rivales o enemigos exteriores, lo cual solo agita sentimientos bélicos frente a los demás países. No se trata de un nacionalismo, hablamos del patriotismo que puede servir de puntal necesario para proyectos valiosos que impliquen un sacrificio por los otros.

Es un sentimiento que puede ayudar a crear una sociedad decente, en la que la libertad y la justicia estén verdaderamente al alcance de todos. El patriotismo habla de un “nosotros y de lo nuestro”, lo cual indica la necesidad de una simpatía extendida. Desde el amor a la nación, las personas pueden adherirse a unos principios políticos generales, pero de una forma que sea además eficaz desde el punto de vista motivacional.

Según Nussbaum  el amor público que necesitamos incluye ese amor por la nación. Es un amor que concibe dicha nación no solo como un conjunto de principios abstractos, sino como una entidad particular, con una historia específica, unos rasgos físicos concretos, rostros de mujeres y hombres verdaderos, y unas aspiraciones de justicia social que inspiran devoción.

Con la emotividad patriótica se buscan vínculos sociales y una lealtad al prójimo mediante un relato colorido del pasado de la nación que, normalmente, apunta hacia un futuro que está aún por construirse. Pero ese futuro, según los ideales políticos democráticos, implica el reconocimiento de la pluralidad y el respeto por la dignidad humana de todos; dignidad e interés amoroso por los demás seres humanos que vale la pena sostener y que invita a mantenernos unidos frente a las fuerzas poderosas que siempre tratan de resquebrajar este tipo de ideales.

Si el patriotismo y la compasión unen en un tipo de amor por los demás, el asco divide y genera repulsión frente a lo diferente. El asco es la emoción opuesta que hace peligrar los proyectos nacionales que implican algún tipo de sacrificio altruista por el bien común, ya que divide la nación en grupos ordenados jerárquicamente que no deben coincidir entre sí. 

Como bien lo analiza Nussbaum con mayor profundidad en el Ocultamiento de lo humano, el asco surge de la creencia en la propiedad contaminante de los objetos que nos recuerdan nuestra naturaleza animal y nuestra mortalidad: fluidos, secreciones, desechos. No solo los objetos nos dan asco, cuya manifestación más visible es el vómito, sino también la “historia social de los objetos”, es decir, aquellas cosas con las cuales creemos que ese objeto estuvo en contacto.  Si entramos en contacto con ese objeto, y peor aún si lo ingerimos, su naturaleza degradada nos contaminará hasta lo más profundo, es decir, hasta nuestro yo o estructura mental.

Desde una perspectiva evolutiva el asco tiene una función positiva: nos alerta sobre alimentos y objetos peligrosos para nuestra salud y bienestar. Pero desde un punto de vista político y social se convierte en la fuente principal de humillación hacia otros. De esta forma surge lo que Nussbaum denomina la repugnancia extendida: extendemos hacia otros seres humanos la idea de que son elementos contaminantes que no deben estar cerca de nosotros.

Lo primero que hace el asco es generar una exacerbación de ideas equivocadas. Por ejemplo, frente al patriotismo, genera lo contrario que es la aversión y la división de clases, grupos y etnias. El asco genera creencias que ciertas personas o grupos: homosexuales, afrodescendientes, pobres, discapacitados, indigentes, entre otros, traen consigo la contaminación para nuestra “alma limpia” y, por tanto, la solución es la marginación de esos grupos. El asco, en perspectiva de Nussbaum es anti liberal, anti democrático y anti pluralista. Es la emoción que antecede al odio y la humillación que ha sido causa de grandes males en la humanidad.

La costumbre de los intocables que fue dominante en el sistema de castas de la India es un claro ejemplo de esta situación. Fundamentados en la tradición religiosa que separa desde el origen a unos seres humanos de otros, los miembros de esta nación marcaron su existencia siguiendo una división jerárquica inamovible. Tocar a un intocable o a sus objetos era signo de contaminación, es decir, algo de ese individuo se ha mezclado en nuestro ser y es necesario una serie de rituales de purificación para volver a un estado “normal”.

Gandhi desde muy temprano captó este mundo de asco y segregación propia de la India, por eso siempre se cuidó de hacer gestos emocionales de inclusión, amor y generosidad hacia todos.

El cuerpo mismo de Gandhi era una imagen de la justicia que se debía implantar en un mundo marcado por la segregación y la pobreza: su cuerpo fue protagonista de ingeniosas representaciones dramáticas de una construcción nacional jamás puesta en escena.  De hecho, una de las victorias de esta nueva manera de pensar fue la prohibición, a nivel constitucional, de la ley de intocabilidad propia del hinduismo. Naturalmente hay conservadores que se resisten a esta novedad, pero la India que surgió del pensamiento de Tagore, Gandhi y Jawaharlal Nehru es signo de una nueva humanidad que se está construyendo.

Conclusiones

Como consecuencia de su teoría de las emociones políticas, Nussbaum nos remite a la noción de “ciudadanía compasiva” para construir sociedades democráticas. Se trata de una actitud de vida proactiva que busca mejorar las condiciones de existencia propias y de la colectividad con el respaldo de nuestro repertorio emocional que nos sensibiliza para reconocer aquellas situaciones relevantes de sufrimiento y daño que afectan a otros seres humanos; también es una motivación para exigir en el espacio público condiciones de igualdad y respeto de libertades y derechos que faciliten afrontar de una mejor manera los desafíos de esta vida. Por esta razón la filósofa afirma que las naciones cimentadas en la democracia están comprometidas con el desarrollo de unas emociones políticas que deben sostener sus más preciados objetivos.

Pero estas emociones políticas no surgen siempre espontáneamente, en muchas ocasiones son producto de un proceso educativo que debe empezar desde la infancia. Si las emociones están sustentadas en creencias, entonces es posible educar en los juicios y evaluaciones de la realidad para tener reacciones emocionales que impulsen a comportamientos altruistas, solidarios y compasivos.

Diversos programas educativos a nivel mundial, tanto a nivel de primaria, como de secundaria y universidad, ya están poniendo en marcha estos modelos de ciudadanía compasiva. Colombia todavía dista mucho de incorporar estas reflexiones dentro de sus lineamientos educativos, pero definitivamente estas ideas poco a poco terminarán permeando nuestras comprensiones y prácticas de ciudadanía.

Sea esta, pues, la oportunidad para dejar a los lectores una inquietud por seguir profundizando en estas ideas de Martha Nussbaum, y seguir explorando alternativas para entender cómo es posible vincular la educación de las emociones con la transformación de nuestras relaciones sociales en el ámbito público.

 


Imagen  Sharon McCutcheon on Unsplash

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Escrito por
(Ph.D.) Docente de la Universidad La Gran Colombia, Licenciatura en Filosofía.
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Jesús Samuel Orozco Tróchez
Gran Maestro Premio Compartir 2005
Senté las bases firmes para construir una nueva escuela rural donde antes solo había tierra árida y conocimientos perdidos.