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Noviembre 1, 2018

Desafíos de la educación rural

Solo quien ama el campo con intensidad puede desentrañar su belleza y descubrir la pasión por lo verde, por lo mágico y por la vida. 

Colombia atraviesa por un momento crucial de su historia, en la medida en que necesita consolidar un proceso de paz que supere el terrible atraso al que ha sido sumida por un conflicto interno de más de cincuenta años; esto implica ocuparse de manera inmediata y decidida al desafío de superar profundas brechas sociales y educativas en sus territorios rurales.

Conforme al Censo Nacional Agropecuario (2015) Colombia presenta altas tasas de analfabetismo en la zona rural para mayores de 15 años (12,5 %), casi cuatro veces más que los datos nacionales para las zonas urbanas (3,3 %), en asocio con la falta de competitividad, trabajo informal y carencia de bienes públicos para la población rural.

Las brechas sociales y educativas están expresadas en los diversos diagnósticos que arroja el DANE (2016) sobre pobreza multidimensional en la zona rural de 40,3%. Así, la cobertura neta de educación media es de 27.3 en las zonas rurales y 47.8 en las urbanas. Mientras que la tasa de permanencia en el sistema educativo es del 82 % en las zonas urbanas, en las rurales es del 48 % con un muy bajo logro educativo. De acuerdo a Delgado (2014) los resultados de las Pruebas Saber 5º, 9º y 11º en las zonas urbanas son sistemáticamente superiores a los de las zonas rurales. Sin embargo, reconoce cierto mejoramiento gracias a los esfuerzos del gobierno central y del programa Familias en Acción.

Las anteriores estadísticas evidencian no solo la brecha entre ambas zonas, demuestran también el desafío de la situación educativa de todo el país. Una de las consecuencias de la precariedad que se vive en el campo se evidencia en ejemplos como este: cuando una adolescente logra alcanzar el nivel de educación media tiene mayores opciones de tener los hijos que quiere y puede sostener, contrario sensu, cuando solo alcanza hasta noveno o menos grado, tiene por lo general, de tres a cuatro hijos, muchos no deseados, mal nutridos que reproducen y ahondan la pobreza.

Siendo así, la educación para la ruralidad debe permitir generar suficientes competencias en los estudiantes para que bien puedan transformar su entorno inmediato o que éstas les permitan acceder a mejores condiciones de empleo en cualquier escenario. El anterior panorama nos convoca a impactar la calidad educativa interviniendo los Planes de Mejoramiento Institucional (PMI) que se traduzcan en mejores resultados en el índice sintético de la calidad educativa. Atemperar los PEI con los lineamientos curriculares, los estándares básicos de competencias, los DBA y las mallas de aprendizaje, haciendo un seguimiento permanente a los procesos de evaluación.

Según el Censo nacional agropecuario (2015) en el contexto de construcción de paz hay que cerrar la brecha educativa de las zonas rurales y de manera especial en las zonas rurales dispersas, mediante:

  • El mejoramiento no sólo de la cobertura e infraestructura, sino también, de la calidad, la dotación, conectividad y el uso eficiente de las TICS.
  • Pertinencia educativa, esto es, educación ajustada al contexto y al desarrollo rural.
  • Fortalecer los programas institucionales evitando el tardío nombramiento, el ausentismo de los docentes, la falta de alimentos, el trabajo infantil, minimizando así sus efectos: la inasistencia, el ausentismo y la deserción escolar.

A partir del análisis de este panorama, propongo que para alcanzar una paz estable y duradera podríamos comenzar con fortalecer la única capacidad instalada en los territorios rurales, esto es, las instituciones educativas, a través de las siguientes acciones:

Primero, construir una política pública para la educación rural que se ocupe de aspectos como:

  • Definir una capacidad presupuestal para que la educación no tenga que seguir soportando la precariedad financiera asumida de acuerdo a lo establecido por las relaciones técnicas actuales.
  • Orientar un currículo que defina un modelo pedagógico para la ruralidad. Es necesario que los maestros que intervengan en este contexto estén debidamente capacitados y formados para ello desde la universidad. El maestro no solo debe aportar a la formación de destrezas y habilidades en los estudiantes, debe también leer los entornos, interpretarlos y coadyuvar junto a las comunidades al objetivo esencial de la educación que es la transformación social y cultural.
  • La punta de lanza del desarrollo rural integral es la escuela. Esta debe transformar su lugar, su visión del conocimiento y de la realidad. El mundo de la escuela es un mundo representado, las áreas del conocimiento expresan una realidad atemporal, fragmentada y descontextualizada. Por el contrario, se hace necesario que la escuela le dé cabida al mundo actual, a las historias, a las biografías, a las problemáticas de sus estudiantes y de las comunidades que la habitan. Ha de ser jalonadora de emprendimientos, del desarrollo comunitario, la soberanía alimentaria, la generación de valor agregado a productos dentro de una visión del campo como espacio multifuncional de servicios esenciales para la sobrevivencia de la ciudad.
    La única forma de dignificar la vida de los rurales es haciéndolos productivos, bien sea a través de la producción de bienes o de prestación de servicios. El asistencialismo lo único que ha hecho es reforzar el conformismo y el subdesarrollo.
  • Recomponer los postulados de la ley 21 para que se pueda construir o acondicionar espacios y construcciones físicas más amables en armonía con los entornos rurales.

La segunda propuesta consiste en dotar de capacidades financieras y logísticas a las instituciones educativas para que asuman el reto de liderar y autogestionar sus propios desarrollos acordes al contexto. Esto quiere decir, ir prescindiendo de tantos operadores como de intermediarios para que sean las propias instituciones educativas quienes operen servicios tales como el Programa de Alimentación Escolar (PAE), transporte, autocapacitación a través de las Comunidades de Aprendizaje (CDA) y formación entre pares.

Para garantizar el uso adecuado de los recursos podemos apelar a las Asofamilias, a los personeros y consejos estudiantiles, interventorías de universidades o de las junta de acción comunal (JAC).

La tercera propuesta, apunta a la educación como transformadora de la cultura, que entraña desafíos y apuestas.

Entre los desafíos a los que nos convoca la educación rural tenemos:

  • Restaurar o afianzar el tejido social.
  • Promover el liderazgo incluyente.
  • Fortalecer las comunidades de aprendizaje
  • Redimensionar el papel de la educación como promotora de transformación cultural.
  • Enaltecer el rol de los docentes y de los directivos.
  • Recuperar principios, valores y saberes que anidan en el acervo de una comunidad.
  • Empoderar a las comunidades en su posibilidad de gestión en el escenario de las políticas públicas.
  • Incentivar las bondades del trabajo en equipo y el trabajo colaborativo.
  • Valorar las propias culturas y saberes en su propio territorio
  • Alcanzar la soberanía alimentaria.

Es interesante sistematizar y aprender de proyectos exitosos como el de la IE María Auxiliadora en el municipio de La Cumbre, Valle del Cauca, cuyo proyecto educativo institucional “La escuela, un proyecto de transformación cultural”, define cinco apuestas:

  • FAMILIA Y COMUNIDAD. Tiene como base la familia, embrión básico que cohesiona y recupera el sentido de lo colectivo.
  • AGUAS Y BOSQUES. Se constituye en premisa fundamental para la salud de la humanidad. La dignificación de la sociedad y la adaptación al cambio climático hacen imperativo la intervención de la escuela para así contribuir a la existencia de la especie y de todas las formas de vida en nuestro planeta.
  • PLANTAS Y ANIMALES. Pretende recuperar las plantas nativas y animales domésticos para alcanzar la seguridad y autonomía alimentaria, intercambiando semillas, saberes y sabores. En consecuencia, los proyectos pedagógicos productivos son una estrategia para percibir e interpretar el entorno, comprenderlo, cuidarlo, amarlo y transformarlo.
  • TRANSFORMACIÓN Y COMERZALIZACIÓN. Dar valor agregado a la producción agropecuaria, abrir mercado, posicionar calidad y precios en la región, son dinámicas claves que deben liderarse desde la escuela.
  • CULTURAL Y DEPORTIVA. Propende por un estilo de vida saludable para la comunidad educativa; promueve el uso de la bicicleta no solo de manera recreativa sino también como medio de transporte escolar. Desarrolla actividades diversas como el teatro, cuentería, poesía, canto y danzas.
Escrito por
Gran Rector Premio Compartir 2016
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