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Diciembre 28, 2018

Educación sentimental y otras transformaciones requeridas para nuestros escenarios educativos

El talento es la gran riqueza de las naciones, nuestro mejor recurso, por eso es necesario promover el talento individual y social, y aprender a gestionarlo adecuadamente.

Son múltiples los propósitos pedagógicos de esta carta, la escribo como una persona compleja, vulnerable, plena de amor y de esperanza. Se trata en ella inicialmente de mostrar la complejidad de algunos elementos de la reflexión pedagógica considerados por mis compañeros en cartas anteriores (particularmente en la titulada “Conflicto, violencia y posconflicto: una mirada desde el maestro, la maestra y la escuela” de Ehiduara Castaño Marín y en la titulada "El amor puede ser una respuesta" de Gisela Giraldo Vélez y Gustavo Adolfo Soto Zapata), también se trata de un cuestionamiento filosófico a nuestro sistema educativo pero más esencialmente se trata de una corta guía que presenta algunos elementos para la construcción de una metodología que considera la diversidad y multiplicidad de nuestros conocimientos y valores culturales como fundamentales para la construcción de una educación política comunitaria o de una introducción a una pragmática sentimental y democrática en materia de educación.

Me gustaría, en primer lugar, que todos ustedes percibieran estas páginas como un proyecto abierto, en el que pueden colaborar añadiendo, criticando, completando. Sería fantástico que la autoría de un sistema pedagógico se fuera diluyendo, como sucede en la ciencia. Como cuando estudiamos un texto de física los autores de esos conocimientos quedan en un segundo plano, porque lo importante es que sus creaciones se han incorporado al saber universal.

 

La experiencia pedagógica como el espejo de una política educativa en tiempos postmodernos

"El carácter es nuestro estilo de sentir. La personalidad nuestro estilo de obrar." Marina José Antonio (1996) 

El ser humano interpreta la realidad sentimentalmente. Dicen que los tres sentidos que psicológicamente determinan nuestra existencia, (las creencias, el pensamiento y la conducta) son: el placer, el dolor y el temor. Estos al mismo tiempo son los inspiradores de tres elementos que activan nuestra relación con el mundo, el conocimiento, el sentimiento y el pensamiento que son las mayores manifestaciones de la cultura, entendida esta como aquello que el ser humano añade a la naturaleza y que completa nuestra herencia biológica. Siguiendo este horizonte diremos que los seres humanos somos sentimentales por naturaleza y que el saber que los maestros y la educación imprimen en los estudiantes, tiene que ver con la interpretación que estos hacen sentimentalmente de la realidad, lo cual, a su vez y en última instancia, es el significado y propósito de nuestras vidas porque detrás de las palabras subyace la psicología de la vida: en este caso, de la vida afectiva. En definitiva, lo que queda es la vida. Y el saber es el mejor instrumento para expresarla. 

“Desde los griegos hemos identificado a la inteligencia con la razón, que es solo una especialización suya, excluyendo de ella la afectividad. Los sentimientos han sido considerados como una zona oscura, misteriosa, irracional de la que había que desconfiar, y que era imposible educar. Fíjense ustedes que la palabra que en griego significa sentimiento-phatos-ha dado origen en español a la palabra patología, que significa ciencia de las enfermedades.” Marina José Antonio (1997) 

Pero hoy sabemos que esto no debe ser siempre así porque el conocimiento (pedagógico) su razón, su verdad, su ser, no se explican por si solos sino como frutos de la experiencia de una educación humana completa de la que también hacen parte el querer y el sentir. Es por esto, que para abordar el conocimiento (pedagógico) en nuestro tiempo requerimos de variados planos, vértices y vecindades, velocidades y energías. Ahora bien, si la educación es ante todo una práctica social, que responde a, o lleva implícita, una determinada visión del hombre (de lo que se puede llamar su crecer) entonces, lo más obvio y claro de todo hecho educativo, es que se nos  presente siempre y constitutivamente en conexión con otros hechos de la experiencia, del querer y del sentir. Porque si yo creo algo, lo creo porque pienso tal otra cosa. Si yo quiero algo es por tal motivo y para tal fin. En suma, lo más esencial del hecho educativo, es que se da en complexo, conexión, interdependencia y contexto con otros hechos educativos. Esta es una red en la que todo anda trabado. Es un error pues suponer que los hechos educativos son impermeables a la experiencia volitiva y sentimental, de suerte que está no intervenga constitutivamente en aquellos.  La realidad educativa es estrictamente lo contrario: el conocimiento (pedagógico) depende de la experiencia y el  sentimiento, como estos de aquél. Las ideas o convicciones  elementales no tienen su motivo, “finalidad” o fundamento en otras porque lo tienen en las experiencias y sentimientos. En otros términos: el conocimiento (pedagógico) no se explica por sí solo, sino como miembro de la experiencia de la educación humana completa.

De esta manera, los principios del conocimiento (pedagógico), que parecían constituir un borde intransitable y sin fundamento o sentido en ninguna otra cosa, quedan derivados de otras partes  de la experiencia de la educación humana, radicados en ellas y como, a su vez, esas partes de la experiencia -querer  y sentir- se fundan en nuestros conocimientos y convicciones, descubrimos en el conocimiento (pedagógico) un sistema circular, donde todo encuentra su explicación, su sentido. Pero aquí se inicia precisamente un acontecimiento de ruptura cuando aceptamos  pensar que el centro es más una función, una suerte de no lugar en que se juegan las experiencias, los sentimientos y sus signos. Es la afirmación gozosa y nietzscheana, del juego del mundo y de la inocencia del devenir, la afirmación de un mundo de signos sin falta, sin verdad, sin origen, que se ofrece a la interpretación. Es una traza sin origen absoluto de sentidos ni saberes o presencias sucesivos. Es el origen no entendido como retorno a un origen. Es el rodeo a toda historia o comienzo desde el momento en que nos encontramos ligados a un mundo de comunicaciones instantáneas y de integración global, pero sometidos a problemas que en ocasiones (en nuestro caso), datan de épocas anteriores a la conquista.

 Sin embargo,

“Lo mismo para los pensadores antiguos que para los modernos, de Aristóteles y Cicerón a Locke y Montesquieu, sin olvidar al mismo Maquiavelo, la salud política de las sociedades dependía de la virtud de los ciudadanos. Se discutió siempre el sentido de esa palabra- la interpretación de Nietzsche es memorable-pero cualquiera que sea la acepción que se escoja, el vocablo denota siempre dominio sobre nosotros mismos. Cuando la virtud flaquea y nos dominan las pasiones-casi siempre las inferiores: la envidia, la vanidad, la avaricia, la lujuria, la pereza- las repúblicas perecen. Cuando ya no podemos dominar nuestros apetitos, estamos listos para ser dominados por el extraño” Octavio Paz (2001) 

En Colombia y en la mayor parte de Sur América en épocas de crisis social las redes de la moral se aflojan, y se apodera del ánimo de las gentes una sed trágica de placeres para olvidar que los asechan la desgracia y la muerte. Y mientras que la prosperidad económica, el nivel educativo y técnico -en los países desarrollados- van aumentando, crecen también ciertas disfunciones sociales y se extiende la insatisfacción y el sentimiento de fracaso.  ¿Qué significan estos fenómenos? Significan que tenemos grandes problemas que afectan seriamente a nuestra afectividad, a nuestra vida en convivencia, a nuestro bienestar personal, a las condiciones éticas de nuestra vida.  Por tanto, toda educación actual en nuestra ciudad y en nuestro país, debe plantearse la necesidad de repensar nuestra cultura afectiva e incluso, de educar los sentimientos y hacer evidente el para qué nos sirve la función de la afectividad; dada su enorme importancia como actitud y para la inserción en la sociedad. 

Y además porque aunque la ciencia y la tecnología pueden transformar y de suyo transforman nuestro medio, no podemos dejar de lado otras fuentes del saber y la cultura en las que se pueden reconocer los orígenes del propio conocimiento científico como las humanidades. Porque bajo los fenómenos más perceptibles de la existencia cultural e histórica están los problemas últimos de la realidad humano, del espíritu y de los valores, que no ceden a ningunos otros en gravedad y en enigma. Y pensar es la lección de las humanidades; la reflexión del para qué que solo puede aportárnosla una cultura humanística y sus diversas disciplinas que son el instrumento que permite abordar los diferentes retos culturales, sociales y educativos a los que hoy tenemos que dar respuesta.

“No somos simplemente fruto de la naturaleza, somos fruto de un orden cultural surgido del lenguaje, de la memoria y del mito. Es esto lo que modera nuestra agresividad o la estimula, lo que nos hace respetuosos de la naturaleza o depredadores, lo que nos hace inclinados a la guerra y a la destrucción o a la construcción y a la convivencia.” Ospina Willian (2002) 

Entendemos que somos híbridos de naturaleza y cultura, y que la filosofía intenta descifrar los mecanismos mediante los cuales la inteligencia crea cultura, y los caminos por los que la cultura diseña la inteligencia. Este bucle prodigioso nos lanza a una aventura en la que podemos acertar o fracasar, por lo que necesitamos unos criterios que nos permitan orientar nuestra acción.

Por lo tanto, en una sociedad que vive profundos procesos de transformación social y cultural que ponen en crisis todos los ámbitos de vida de los individuos, ¿qué puede y debe hacer la escuela de hoy? 

La educación y la escuela deben buscar el cultivo del espíritu y la esperanza en un mundo confuso y convulso por rivalidades políticas, económicas, sociales y de otro tipo, donde priman las relaciones abstractas y de competencia entre los individuos. Y las IE deben ser el espacio en que se reúna y sintetice el conocimiento que nos identifica que incluya todos aquellos estudios que, haciendo a un lado el estilo de los especialistas, den a conocer al público general la renovación experimentada en las múltiples disciplinas a través de foros continuos, seminarios y clases. 

Como instituciones al servicio de la ciencia, de los libros, la lectura y la difusión de la cultura, nuestras instituciones educativas no pueden menos que ser en sí mismas el modelo de vida reflexiva y de relaciones sociales civilizadas de la Colombia del siglo XXI, un espacio para el análisis y la discusión de los temas más importantes de la actualidad, unas instituciones que sean consideradas por todos los usuarios, tanto padres, como estudiantes; como el centro de la comunidad, como una alternativa poderosa a la rutinaria estolidez enajenante de los campeones del rating y del consumo. Una institución educativa así concebida sería quizá el mayor activo de una democracia fundada en la diseminación, apropiación, recreación y uso del conocimiento universal. Que llegue a ser el centro efectivo de la comunidad a las que pueden ingresar libremente personas de todas las edades sin temor o desconfianza. 

Se tratara de realizar un esfuerzo singular por integrar a través de la educación y sus instituciones un compendio de la creatividad y el pensamiento colombianos, que sirvan de instrumento para la formación de las actuales y nuevas generaciones. Y son las emociones las que pueden facilitar o entorpecer este proceso; razón y emoción van de la mano. Nuestros estados de ánimo son fundamentales a la hora de dirigir nuestro pensamiento y nuestra acción. Nos pueden paralizar o activar, ayudar a superarnos o facilitar que nos hundamos, especialmente si no somos capaces de gestionarlos de forma adecuada. Las emociones y nuestra capacidad de gestionarlas, es decir nuestra inteligencia emocional, nos ayudan, por ejemplo, a desbloquear las frustraciones y las dificultades que se presentan en el proceso creativo, a identificar problemas, a generar ideas, etc.

Y si una nación no es solamente un territorio físico poblado de personas, ni una entelequia mitológica, mucho menos una estadística demográfica o económica, tampoco es tan sólo un matrimonio, bien o mal avenido, entre una población y un cuerpo legal y político. Me parece que una nación es, por encima de todas sus demás características y facetas, eso que nombro Alfonso Reyes: “una comunidad de esfuerzo y una obra de acción común.” Reyes Alfonso (1995).

Por lo dicho todos los maestros debemos sentirnos la conciencia educativa de la sociedad porque durante siglos hemos elaborado una pedagogía individual, centrada en el desarrollo del individuo. Esa pedagogía era necesaria, pero hoy es insuficiente. Es preciso elaborar una pedagogía de los grupos, de las colectividades, porque el individuo nunca vive aislado, está dentro de una tupida red de la que recibe influencias y en la que influye. Y esa inevitable pertenencia nos marca una clara línea de investigación y acción educativa. Es preciso por tanto, reorganizar la comunidad educativa colombiana. Para que maestros y directivos den su justa dirección a los padres, a los niños y a los jóvenes y estos, señalen remedios a la política y orientaciones a la ciencia y al arte; inquietando con sus almas nuevas y como inquietadores alcancen la gran renovación de la sensibilidad colombiana desatando obras y palabras mágicas en que todos hemos de reconocernos como herederos de igual dolor y hacedores de la misma promesa. 

No debemos olvidar que la pregunta más importante ante la situación educativa es: ¿y yo qué puedo hacer? El movimiento de la renovación de la comunidad Educativa que aquí he propuesto trata de ayudarnos a hacerlo, buscando para ello la colaboración activa y coordinada de un amplio abanico de actores educativos y sociales. Y nos recuerda la importancia de que nos desarrollemos en entornos inteligentes, entornos que se organizan en círculos concéntricos: familias inteligentes, escuelas inteligentes, sociedades inteligentes. Desarrollar al máximo nuestra capacidad creativa es un reto esencial puesto que nos va a permitir mirar las cosas de un modo diferente, imaginar nuevas posibilidades, idear soluciones para nuestros problemas, crear en definitiva nuevas formas de hacer las cosas para evolucionar y progresar. 

El talento es la gran riqueza de las naciones, nuestro mejor recurso, por eso es necesario promover el talento individual y social, y aprender a gestionarlo adecuadamente. El talento es la inteligencia triunfante, capaz de elegir metas valiosas, aprovechar los conocimientos adecuados, movilizar las emociones creadoras, y utilizar los recursos sociales de manera eficaz para alcanzarlas. Y se encuentra al final de la educación, no al principio: es fruto del aprendizaje. 

El concepto de educación ya no se restringe entonces, por un lado, a transmitir la información y desarrollar las destrezas necesarias para acoplarse al sistema de producción y, por el otro, tampoco se limita a una edad humana determinada: porque no hay una época para educarse y otra diferente para producir. Contra estas restricciones se enfrentan hoy conceptos más contemporáneos tales como el de educación liberadora y educación para la autodeterminación (que superan el estrecho marco de la educación-transmisión) y el de educación permanente (para un crecimiento en sentido amplio, que dura toda la vida).

 

 


Referencias
Marina José Antonio. ¿Qué son y qué se sabe de los sentimientos? En: Saber, Sentir, Pensar. Fundación Marcelino Botín. Madrid 1997 
Marina José Antonio. El Laberinto Sentimental. Anagrama, Barcelona 1996 
Marina José Antonio. Diccionario de los sentimientos (con Marisa López Penas), Anagrama, Barcelona 2006 
Ospina William. Un paladín de occidente. El malpensanteN°37 Abril 30 de 2002 pág. 45 
Paz Octavio. Sueño en Libertad. Escritos políticos. Seix Barral. España.2001, pág. 57 
Reyes Alfonso. Obras-Completas-IV. Fondo de Cultura Econômica. México 1995
Medellín febrero 15,  2017

 

Lea el contenido original en la página web de la Editorial Magisterio.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Maestro en la I.E. Alfonso López Pumarejo, Medellín, Colombia.
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