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Enero 1, 2019

Calidad: el sello de la educación de Bogotá en 2018

El gobierno de la capital colombiana logró este año una disminución histórica de la deserción y del analfabetismo, y triplicó la cobertura de estudiantes en jornada única.

Con la inversión más grande de la historia, que asciende a los 15 billones de pesos, el gobierno de Enrique Peñalosa tiene en marcha una apuesta integral por la calidad educativa que se materializa con resultados.

Hoy, la capital es líder en la implementación de la ley de atención integral a la primera infancia; se sitúa entre las mejores en los resultados de pruebas Saber y el Índice Sintético de Calidad Educativa y es la que más aporta a la meta nacional de niñas y niños en jornada única.

Además, con un proceso de búsqueda casa a casa que ha permitido el retorno de 9 mil personas a las aulas y que 16 mil no dejaran sus estudios, Bogotá alcanzó una reducción histórica de la deserción escolar, pasando de 3,6 % en 2008 al 1,6 % en 2017, y de la tasa de analfabetismo, la cual está en 1.2 % según la última encuesta multipropósito para la ciudad.

El reto es transformar a Bogotá para siempre. Convertirla en una ciudad educadora: una que potencia los talentos, capacidades e intereses en todas las dimensiones (intelectual, corporal, afectiva, personal-social, creativa, entre otros) de las personas y que contribuye a alcanzar la felicidad de todos en su condición de individuos, miembros de familia y de la sociedad.

 

La diversidad se potencia y comparte

En los 385 colegios del Distrito, pero también en cárceles, hospitales, casas refugio para víctimas de diferentes violencias y hasta en los campamentos de migrantes: en 2018, el gobierno de Enrique Peñalosa garantizó educación de calidad a más de 780 mil personas de todas las edades y condiciones.

Entre ellas, 120 mil con necesidades educativas especiales o población vulnerable (estudiantes con discapacidad, víctimas de violencias y del conflicto, con talentos excepcionales, en aulas hospitalarias, adultos y población venezolana entre otros), a quienes el Distrito atiende integralmente con modelos flexibles y/o enfoque diferencial. 

Astrid Tunubalá tiene 8 años, está en 3º y pertenece a la comunidad indígena misak o guambiana. Está vestida con su ruana violeta y su falda y sombreros negros, el traje típico de su comunidad que utiliza en ocasiones especiales como la de hoy, donde compartirá con sus compañeros un poema en su lengua nativa. 

A su lado está Héctor, un pequeño venezolano que espera con emoción el momento de salir a mostrar el baile que ha preparado con su profesora Ivonne Medina. Su autismo no es limitante para compartir con sus compañeros su pasión por la danza que, desde que llegó al colegio Antonio Van Uden de Fontibón, ha podido explorar y mejorar día tras día.

Todo esto ocurre gracias a ‘Aprendiendo juntos’, el proyecto que 12 maestras de este colegio crearon para generar un ambiente pedagógico en el que prime la interculturalidad y el reconocimiento positivo de la diversidad étnica y de las habilidades cognitivas y motoras de sus estudiantes.

“Si desde pequeños entendiéramos que una persona no vale menos, no es inferior ni debe caerme mal por el hecho de que piense diferente o tenga otras creencias, tradiciones o color de piel, sería más sencillo comprender en nuestra vida de adultos que, en un mundo tan diverso como el nuestro, son mucho más las cosas que nos unen, que las que nos separan”, asegura la profesora Luz Elena Cáceres.

“Hace poco más de dos años empezamos a recibir muchos niños con discapacidad, de pueblos indígenas y de otros países como Venezuela – explica la docente Luz Elena -. Entonces, surgió el debate de cómo lograr una inclusión real y efectiva en el aula. Queríamos que los niños no solo se sintieran integrados, sino también queríamos que sus otros compañeros aprendieran a valorar las diferencias”.

‘Aprendiendo juntos’ evidencia los avances de la política de educación inclusiva en Bogotá, que tiene como principio fundamental que la diversidad es una condición inherente al ser humano.

Según datos de la Secretaría de Educación del Distrito, 18.246 niñas, niños, jóvenes y personas adultas con discapacidad cognitiva, física, múltiple, auditiva, visual, sordoceguera, psicosocial o sistémica, entre otras, son atendidas en los colegios públicos de Bogotá. Esto representa un aumento del 33 % con respecto al 2015, cuando se atendían 13.618 estudiantes.

Asimismo, atiende de manera integral y con enfoque diferencial a más de 66 mil víctimas del conflicto, 6.432 miembros de grupos étnicos, 1.088 con capacidades excepcionales y 14.408 estudiantes de zonas rurales, 3.808 niños, niñas y adolescentes migrantes de Venezuela y4.157 pacientes estudiantes en contextos hospitalarios.

Esta diversidad que se respira en las aulas de la capital debe estar acompañada del fortalecimiento de capacidades humanas y saberes esenciales para la vida como comunicar, investigar, crear, vivir juntos, aprender y cuidarse, con experiencias de aprendizaje en áreas como danza, arte, ciencia, matemáticas, lectoescritura, recreación, cultura y deporte.

Una tarea que Bogotá desarrolla a través de la jornada única, la cual se ha ampliado durante el gobierno Peñalosa del 4 al 14 % de la matrícula oficial, convirtiéndose en el ente territorial que más aporta en el país en la implementación de esta estrategia por la calidad.

 

Una educación de calidad desde la primera infancia

Cero muertes por desnutrición en los últimos dos años, educación inicial con altos estándares de calidad, más experiencias artísticas, mayor promoción de la lactancia materna y más niñas y niños con su esquema de vacunación completo: estos son solo algunos de los logros que confirman que la niñez es la máxima prioridad para el gobierno Peñalosa.

Por esto, destinó 3,5 billones de pesos para garantizar su derecho al desarrollo integral bajo un esquema de trabajo intersectorial entre las secretarías Social, de Educación, Salud y Cultura Recreación y Deporte y sus entidades adscritas, en articulación con el Gobierno Nacional a través del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar –ICBF.

Se trata de la Ruta Integral de Atenciones (RIA), que beneficia en la actualidad a más de 182 mil niñas y niños en el Distrito. Su ejecución contempla la articulación efectiva de los diferentes sectores, la cualificación de los servicios para alcanzar altos estándares de calidad y herramientas de planeación y seguimiento para su materialización. Entre ellas, los sistemas de Seguimiento Niño a Niño (propio y universal), el de Monitoreo a las Condiciones de Calidad de la Educación Inicial y el de Valoración del Desarrollo Infantil. 

Como lo explica el alcalde, se trata de una iniciativa que cambia vidas con hechos concretos. “El DANE proyectó una población de 728.316 niños y niñas de 0 a 5 años para 2017 en Bogotá. Actualmente, atendemos integralmente a más de 182 mil y nuestra meta es llegar a 232.687 niñas y niños al finalizar el gobierno, con lo cual no solo cubriremos la totalidad de la población vulnerable, sino que aumentaremos en un 18,6 % la atención alcanzada hasta 2015”, enfatiza el mandatario capitalino.

Con esta política de atención integral desde la preconcepción y hasta los 5 años y 11 meses, Bogotá ciudad pionera en el país en acoger plenamente las disposiciones de la Ley 1804 ‘De Cero a Siempre’ y la única que ofrece 28 atenciones priorizadas a la primera infancia en alimentación y nutrición, salud, educación, cultura y acompañamiento a familias y cuidadores, entre otras.

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