Testimonios de jóvenes acerca de la influencia que tuvo en sus vidas la experiencia de ser partícipes de un modelo de aprendizaje basado en las premisas de explorar, crear y colaborar.

Cada vez más se reafirma que el aprendizaje es ante todo un acto de gusto, de pasión, de conexión vital por un tema, de curiosidad y de sentido por aquello que se quiere aprender.

Hace más de 20 años, un grupo de investigadores y visionarios dieron inicio a un modelo de aprendizaje consecuente con lo anteriormente expuesto.  Un modelo por fuera de la escuela, sin profesores, sin un currículo definido, sin una clasificación homogénea de edades para aprender. Un modelo basado en:

  1. Promover el aprendizaje mediante actividades de diseño
  2. Permitir que los jóvenes sigan sus propios intereses en la creación de proyectos usando tecnología
  3. Facilitar la construcción de comunidad a partir de la colaboración permanente entre jóvenes y adultos (mentores).
  4. Fomentar un ambiente de aprendizaje basado en el respeto y la confianza.

El modelo, llamado Computer Clubhouse, ha sido replicado durante sus casi 22 años de existencia en más de 100 comunidades alrededor del mundo. En Bogotá, la Fundación Compartir a finales de los noventa y principios del Siglo XXI apoyo la apertura de 2 Clubhouses, uno ubicado en el Museo de los Niños y otro en el barrio Compartir Suba.

Tuve la experiencia de ser partícipe del modelo como coordinador del programa en la comunidad de Suba Compartir desde el inicio en el año 2001 hasta el año 2006. Ahora, después de 9 años de mi retiro del programa, de nuevo desde la Fundación, se ha propuesto generar un espacio de diálogo con un grupo de jóvenes adultos que años atrás, como niños y adolescentes fueron miembros del Clubhouse de Suba, con el fin de conocer la manera en que este modelo de aprendizaje había influido en sus vidas. 

En el primer encuentro realizado hace un par de semanas, fue general la manifestación hecha por nuestros invitados sobre la influencia positiva del Clubhouse en el empoderamiento para asumir sus vidas como adultos a partir de lo que realmente querían ser y hacer y que la forma en que aprendieron les daba la seguridad para tomar decisiones y asumir retos.  También otro de los elementos emergentes  en la conversación, fue el lugar dado a la importancia  de compartir el conocimiento. “Alguien me enseñó, ahora yo te enseño, para que luego le enseñes a otro”. En una interpretación propia, al escuchar esta expresión me imaginaba una “cadena de favores” alrededor del conocimiento.

No logro en este espacio poner cada una de las ideas, testimonios y emociones de las casi dos horas de conversa y compartir profundo. Pero no quisiera terminar sin destacar que lo más impactante de sus testimonios alrededor de lo que hacen hoy en día, es la felicidad que expresan por como asumen sus vidas y la esperanza y confianza que tienen de ser co-creadores no solo de su futuro sino también del de otros. 

Para cerrar, en este momento, deseo expresar mi gratitud con el universo de haberme permitido ser co-participe de un ambiente de aprendizaje que aportó en el descubrir personal de cada uno de estos jóvenes a quienes les profeso mi admiración y a quienes les comparto que sus vidas llenan de sentido la mía propia. 

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
Imagen de Oswaldo Ospina Mejía

Oswaldo Ospina Mejía

Asesor Fundación Compartir

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