En el año 2008 cambié la fría y alborotada Bogotá, por la cálida y tranquila Santa Marta.

Todo inició con la insinuación de mi entonces jefe, quien me propuso un ascenso en mi carrera como ingeniera y una oportunidad de estar cerca a mis padres. Tal y como lo decían en un programa de televisión: cogí mis tres chinos, tomé mi flota y arranqué para Santa Marta.

Dos años recorriendo las principales ciudades de la Costa Atlántica de Colombia me permitieron conocer personajes interesantísimos que tenían a su cargo la formación de los jóvenes en las diferentes universidades de la zona. Estos personajes fueron los que me inspiraron a presentarme a un concurso para formar parte del personal docente de la ciudad (tanteando el terreno). Nunca me imaginé que al ser aceptada y haber aprobado las diferentes etapas del proceso fuera a terminar firmando la resolución de nombramiento como docente de tecnología e informática de la I.E.D. Liceo Samario.

Muchas personas, después de 8 años recorriendo este trayecto de mi vida, aún me cuestionan: “¿pasar de ingeniero a docente?”. Pues sí, la mía fue afortunadamente una elección personal, buscando el bienestar de mi familia, pensando en disminuir mi ausentismo en mi hogar, un acercamiento a mis hijos y un trabajo menos estresante, la ingeniera decide convertirse en docente.

Inicialmente, como buena ingeniera “cuadriculada”, busqué la forma de cualificarme para poder transmitir asertivamente mi conocimiento a los estudiantes, técnicas de manejo de grupo, acercarme a las diferentes teorías pedagógicas y demás cursos que me permitieran potencializar mis competencias en el campo de la educación, este mundo me fue envolviendo hasta el punto que no llego a reconocer a la ingeniera de hace 8 años.

El primer acercamiento con los estudiantes fue un gran choque, precisamente aquel primer curso que me recibe es aquel grupo que representó un reto para mí en esos 5 meses del 2010, un curso numeroso (más de 40 estudiantes), poca cultura del cuidado de la sala, falta de atención y bastante indisciplina, una cultura totalmente distinta a la de mi ciudad natal, etc., lo paradójico es que fueron ellos mismos quienes me ayudaron a decidir permanecer como maestra.

Como ingeniera, tenía la posibilidad de tener un acercamiento al proceso educativo de los estudiantes en los laboratorios desde afuera y hacer del proceso de entrenamiento en ingenierías algo significativo, que propendiera por desarrollar competencias en un ramo específico, el estudiante ya estaba formado y tenía claro lo que iba a lograr, mi interacción era directamente con el docente y aunque todo proceso educativo involucra al estudiante mi papel terminaba al entregar el laboratorio y los equipos funcionando.

Como docente de secundaria, tengo la oportunidad de abordar su proceso en una etapa más temprana, estoy en permanente interacción con el estudiante, puedo ver su transformación y como va construyendo su proyecto de vida, ser partícipe de las experiencias que van a marcar dicho proyecto para siempre, es decir, una forma distinta de acercarme y participar de la educación del presente y futuro de país.

Soy una ingeniera docente, aquella carrera que escogí hace muchos años me ha permitido enriquecer mi práctica en el aula, acercar a mis estudiantes a distintas experiencias, mirándolas desde una perspectiva distinta a la escuela, también, incentivar a aquellos estudiantes que aún no han descubierto sus habilidades. Lidero dos proyectos el periódico escolar “El Lisamarista Digital” y el énfasis “Técnico en Sistemas” articulación con el SENA.

Lo más importante, no lo cambio por nada. 

 

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
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María del Pilar Hernández

Docente de tecnología e informática en la I.E.D. Liceo Samario de Santa Marta (Magdalena).

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