Son muchas las problemáticas a las que se enfrenta y debe solucionar  a diario un docente en su aula de clase.

Para dejar de idealizar la educación, es necesario conocer sus realidades. Realidades que son vistas desde diferentes puntos, que pueden variar de acuerdo a los contextos, las experiencias y la jerarquía en la que se encuentren inmersos cada uno de los actores de la educación.

Puedo hablar desde mis experiencias individuales y colectivas como docente de aula, desde mi experticia y como persona en permanente formación académica. Algunas de estas experiencias encontrarán eco en realidades vividas por otros, y otras develarán algunas realidades que deben ser conocidas del ámbito académico. Y quien mejor para hablar sobre educación que un maestro; no pretendo tener la verdad absoluta, pero insisto en que es la realidad que he experimentado y que me atrevo a compartir.

Las temáticas a tratar son amplias y conllevan al debate, pero el debate positivo y constructivista, el que nos permita proponer ideales medibles y alcanzables, que busquen una verdadera transformación social, con espacios democráticos y pertinentes de acuerdo a los argumentos a emplear. Temas como las necesidades educativas especiales, el papel del docente, los diferentes modelos pedagógicos, el papel del estudiante en una sociedad globalizada, las subculturas, los talentos presentes en la escuela, el sistema actual de evaluación y las políticas públicas sobre educación.

En el aula, a diario se evidencian experiencias de vida de estudiantes que llegan al colegio con sus miedos, expectativas, alegrías, valores, enseñanzas y estilos de vida. Esto es algo que debemos tener en cuenta para no olvidarnos que la educación debe ser humanizante y que se les deben orientar sus saberes teniendo en cuenta los preconceptos que traen a la escuela.

Al observar que un niño de grado segundo, no ingresa al salón cuando llega al colegio, y que prefiere estar en el patio o en otro lugar de la institución, ya sea jugando, haciendo peripecias o lanzando piedras, es un hecho preocupante. Pero lo es aún más, cuando algunos docentes y estudiantes son indiferentes a esta situación y continúan su camino.

La situación fue tan constante, que un estudiante de grado quinto me preguntaba, ¿Cuál era la situación del niño?, ¿Por qué no entraba al salón? y la pregunta más interesante, ¿Por qué no pasaba nada? De ahí empecé a interrogar a docentes y directivos, entre otros, sobre la situación del niño, y descubrí que el niño tenía inconvenientes de tipo psicológico y que tenía que tomar un medicamento que en muchas ocasiones no lo recibía, dependiendo de la disponibilidad del centro médico que lo atendía.

La preguntas que surgen, son las siguientes: ¿Qué hacer en este caso?, ¿Cómo actuar?, ¿De quién es la responsabilidad, de la directora de curso, de los administrativos, de los estudiantes, de los padres de familia o de la comunidad educativa en general?

Las necesidades educativas especiales son una problemática a abordar de forma inmediata, y a pesar de que existen políticas educativas a nivel nacional e internacional, como las creadas en la declaración de Salamanca en junio de 1994, sobre inclusión e integración, en la que se enfatizó en la integración de la población con algún tipo de discapacidad a las aulas regulares, en la búsqueda de instituciones inclusivas.

Es necesario replantear si un docente con una asignación de 40 estudiantes, promedio por curso, tiene dentro de su asignación 1, 2 o más estudiantes con NEE, y si a eso le sumamos que el docente dentro de su formación académica no adquirió las herramientas básicas para atender a esta población, por lo tanto otros interrogantes, son: ¿Tanto padres de familia como docentes estamos en la capacidad de identificar y tratar necesidades educativas especiales?, ¿Son más importantes las políticas de cobertura e inclusión, o la calidad de la educación que reciben los niños con NEE? y ¿Hasta dónde la inclusión no se convierte en exclusión, dentro de la misma aula de clase?.

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
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Diana Marcela Cortés Sánchez

Licenciada en Educación Básica con énfasis en Humanidades Lengua Castellana.

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