Nunca imaginé que presenciar un Premio Compartir llegara a ser una experiencia tan emotiva. 

El jueves 25 de mayo viví en el teatro Colsubsidio de Bogotá una de las ceremonias más emotivas a las que he asistido: la entrega oficial del Premio Compartir. La temática central del premio no me es ajena, ya que este es uno de los galardones para docentes y rectores más prestigiosos y reconocidos del país. Y, además, por haber estado vinculada a la Fundación Compartir, el año pasado tuve la oportunidad de leer en detalle muchas de las propuestas de los docentes y rectores finalistas.

Sin embargo, este año no tenía idea de las propuestas ni de los nominados, así que sabía que sería fácil dejarme sorprender por la ceremonia en sí y por lo que fuera a ocurrir. Lo que no me llegué a imaginar es que el ver a estos docentes y rectores empoderados, orgullosos, llenos de entusiasmo y con una inmensa sonrisa, sería algo que me llegaría a conmover.

La ceremonia fue amena y entretenida, además de contar con la innovadora propuesta de los docentes y rectores hablando de sus proyectos nominados en charlas con el formato tipo Ted Talk. Esto me pareció muy enriquecedor para todos los asistentes ya que, seguro, más de uno iba sin mayor información, como fue mi caso. Estuvo muy interesante conocer las propuestas de los nominados que abarcaban temáticas diversas como el aprendizaje de idiomas, educación sexual, biología, humanidades, música, literatura y muchas más. Todo un popurrí de experiencias exitosas que demuestra el ingenio y la creatividad de nuestros docentes a pesar de la adversidad.

Cuando los docentes y rectores nominados emergieron del escenario, literalmente, sentí la fuerza y la importancia de este Premio. No solamente por estos representantes de la educación colombiana que estaban ahí presentes, sino por todo lo que el Premio representa: el reconocer una labor esencial pero que a menudo pasa desapercibida por estar tan inmersa en nuestro día a día

Todos recordamos con gratitud a maestros que marcaron nuestra vida y que nos llevaron a creer más en nosotros mismos. También recordamos a aquellos que disfrutaban su labor, que su pasión invadía el aula y que transmitían su amor por el conocimiento a través de actividades divertidas, propuestas originales y métodos que enganchaban a todos los alumnos.

Por ello, aplaudo que estos reconocimientos se hagan y deseo de todo corazón que se sigan haciendo, no solo a través del Premio Compartir, sino también a través de muchos más incentivos para que nuestros profesores y rectores sigan construyendo al país que queremos desde las aulas.

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
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