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Primero locos y después maestros
Julio 23, 2018

Primero locos y después maestros

Muchos artistas creen que, al pertenecer al mundo del arte, les tiene que resultar muy fácil dedicarse a esa actividad llamada diseño, ya que la consideran como un arte menor. Pero no. 

Cuando el artista opera en su mundo de arte puro, no se preocupa del público que después observará su obra. Metido de lleno en su fuerza creadora, con la que intenta no perder nada de la idea pura que le ha empujado a operar, no puede preocuparse del hecho de ser o no comprendido por el público; su única preocupación es dar forma (pictórica o escultórica) a su idea de artística. El público ya comprenderá más tarde, cuando haya abandonado sus prejuicios académicos.

Los ejemplos de artistas comprendidos y puestos en los museos tras su muerte y que han sido despreciados en vida e incluso considerados locos, son muy numerosos. Y ¡qué casualidad!, entre ellos encontramos a todos los que han creado escuela, a todos aquellos que después han sido considerados maestros.

El diseñador, en cambio, se tiene que preocupar de que el público le comprenda enseguida; su mensaje visual tiene que ser recibido y comprendido sin posibilidad siquiera de falsas interpretaciones. La ciencia de las comunicaciones visuales le ayuda a elegir aquellas formas, aquellos colores y aquellos movimientos, que llevan en si determinados mensajes y no otros.

También en esto son distintas las formas de operar del artista y del diseñador, y si un artista, supongamos, quisiera diseñar, no debería hacerlo de forma artística sino que tendría que ponerse humildemente en la condición que le permitiera ser comprendido con el público.

Muchos artistas creen que, al pertenecer al mundo del arte, les tiene que resultar muy fácil dedicarse a esa actividad llamada diseño, ya que la consideran como un arte menor. Pero mientras que el artista en el terreno del arte puro puede hacer lo que quiere sin preocuparse del público, el diseñador tiene unas reglas concretas que observar sin las cuales su trabajo resulta falso o embarullado.

Además, el artista se ve obligado en cierto sentido a despreciar a ese público que no le entiende, mientras que el diseñador se ve obligado a respetar el público e intentándolo ayudarle a comprender.

Por otro lado, el artista, si es un auténtico y no un repetidor de viejas formas de expresión, si es un descubridor de nuevos enfoques y un investigador de los medios más adecuados, para expresarse, según su época, siempre estará fuera de la mentalidad común y no será comprendido inmediatamente, ya que la malformación académica habrá creado en el público esas cristalizaciones de fórmulas artísticas que hacen que no reconozca como arte la obra de un artista innovador y que le considere loco. De ahí viene el desprecio reciproco.

En cambio cuando el diseñador proyecta un objeto de función estética, lo hace de forma que el principio formador sea claro para el espectador y que éste pueda descubrir a través de él toda una serie de situaciones estéticas que enriquezcan sus posibilidades de conocimiento de fenómenos.

No cabe duda de que si la educación académica enseñara cómo una cosa se transforma en otra, como cambian los estilos a través de las épocas, como los mayores artistas han operado en función del mensaje, de los medios y de las técnicas de su época, de que si la instrucción fuese dinámica ( y no estática y basada en fenómenos artificialmente detenidos en el tiempo, el público estaría en mejores condiciones de comprender todas las transformaciones, todas las nuevas experiencias artísticas y formas de arte. Se evitaría así el desprecio recíproco existente entre el artista y el público y se llegaría a una mayor comprensión con evidente satisfacción por ambas partes.

Fragmento del artículo Artista Designer de Bruno Munari publicado en el libro Arte ¿? Diseño compilado por Anna Calvera para la editorial Gustavo Gili

 

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Libreta de Bocetos, blog de maestros de arte
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