Una educación en el campo con calidad debe apostarle a la construcción de puentes de conocimiento con las experiencias vivenciales de cada uno de los aprendices.

La verdadera innovación educativa reside en la forma en la que los estudiantes del campo se relacionan con el conocimiento en entornos educativos. No se innova solo construyendo modernas infraestructuras o impartiendo clases de historia con guerras ajenas al contexto. Una educación en el campo con calidad debe apostarle a la construcción de puentes de conocimiento con las experiencias vivenciales de cada uno de los aprendices.

Colombia es un país principalmente rural. Sin embargo, el campo ha sido uno de los sectores más afectados por la violencia y en consecuencia, el estatus de sus servicios relacionados con salud, trabajo y educación, por nombrar algunos, se han estacando, o peor aún, han disminuido su calidad.

Entonces la ciudad para muchos estudiantes del campo se convierte en casi la única opción que permite mejorar el nivel académico o laboral. En una búsqueda de industrialización desmesurada, se ha relegado el conocimiento básico de la tierra. En una carrera por perseguir un modelo occidental de acumular riqueza a cualquier costa, se ha resquebrajado y relegado el vital trabajo del campesino y por lo tanto su calidad educativa.

Reconectar a nuevas generaciones con el lenguaje bucólico es de suma importancia, proveer espacios educativos para que niños y jóvenes encuentren hilos que permitan en el corto mediano y largo plazo conectarse con lenguaje y productividad de la tierra es una tarea que debe asumir el gobierno. No con esto se debe caer en generalizaciones y decir que todos aquellos habitantes de zonas rurales deban estar destinados al trabajo agropecuario, pero si debe promoverse el trabajo y educación rural como un eje vital de transformación social: la herramienta que existe para difundir este concepto es nuevamente la educación.

Se debe apostar a nuevas estrategias educativas desde el campo y hacia el campo. Es un deber de todos aumentar el entendimiento de deberes y derechos sobre el medio ambiente, debido a que necesitamos una educación que enseñe a cuidar el plantea como algo natural de nuestra vida. El campo debe convertirse atractivo para los estudiantes y este debe convertirse en una plataforma de producción y experimentación para el bienestar general.

En una carrera por perseguir un modelo occidental de acumular riqueza a cualquier costa se ha resquebrajado y relegado el vital trabajo del campesino y por lo tanto su calidad educativa.

Transmitir conocimiento campesino de generaciones pasadas y contemporáneas de la mano de la ciencia sería un escenario que le apuesta a la igualdad social colombiana, generando de esta manera un país más compasivo y pacífico.

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
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Melissa Hernández

Coordinadora de incidencia Política de la Fundación Compartir

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