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Junio 7, 2016

¿En verdad formamos para tener profesionales disruptivos?

Los sistemas educativos que hoy disponen buena parte de los países en América Latina no están centrados en dotar a sus alumnos de los suficientes recursos cognitivos.

Cuando hablamos de avances tecnológicos, damos por hecho que nuestras instituciones de educación, directivos y docentes, sea el nivel que fuese, tienen claro la importancia que adquiere dotar a nuestros estudiantes de competencias suficientes para el empleo técnico y cognitivo de los diferentes recursos dispuestos en la actualidad, para el desarrollo de sus diferentes habilidades personales y profesionales.

Las empresas que hoy lideran el escenario internacional exigen profesionales que posean un carácter innato por la innovación disruptiva, es decir, capaces de asumir procesos que ayuden a transformar los diferentes sectores donde estos se integren.

Si tenemos en cuenta los datos de un estudio recientemente elaborado por el MIT sobre las empresas más disruptivas en la actualidad, vemos cómo las 10 que lideran este ranking son: Tesla Mototors, Xiaomi, Illumina, Alibaba, AirBnB, Counsyl, Tencent, Juno Therapeutics, SolarCity y Uber. Todas, tienen dos puntos en común: 1) el hecho de no tener más de 20 años de haberse creado estas, y 2) el empleo innovador de la tecnología, al momento de generar valor agregado alternativo, claramente diferenciado con las empresas tradicionales.

Las empresas que hoy lideran el escenario internacional exigen profesionales que posean un carácter innato por la innovación disruptiva, es decir, capaces de asumir procesos que ayuden a transformar los diferentes sectores donde estos se integren. Bajo esta óptica, ¿los sistemas educativos que tenemos a la fecha contribuyen a la generación de este tipo de profesionales? Desde mi punto de vista, con más de 10 años dentro del sector educativo, la respuesta quizás suene muy taxativa: no.

Los sistemas educativos que hoy disponen buena parte de los países en América Latina no están centrados en dotar a los alumnos que hay en ellos de los suficientes recursos corgnitivos para impulsar en ellos los diferentes rasgos disruptivos que hoy marcan las sociedades contemporáneas y el sector productivo internacional. Ello en vista que, suelen penalizar el pensamiento diferenciado y sobre todo, moverse bajo un modelo pedagógico orientado a homogeneizar el pensamiento de los estudiantes, más allá de la necesaria labor de dotar a los estudiantes de elementos conceptuales comunes que puedan ser empleados de forma diferenciada para dar respuesta a los diversos problemas sociales y económicos que muchos de estos deben afrontar diariamente.

No digo que el sistema educativo debe generar Steve Jobs de cada uno de sus estudiantes, pero lamentablemente los hábitos tradicionales de enseñanza que aún siguen estando muy presentes, no suelen brindar muchas oportunidades para garantizar que los futuros profesionales cuenten con las habilidades y competencias suficientes para asumir, efectivamente, los cambios que hoy vemos en los modelos sociales y de negocio que hoy irrumpen como líderes en la actualidad.

Para formar profesionales disruptivos, capaces de aprovechar su condición de Millenians, nuestros sistemas educativos y actores vinculados en ellos, deben transformarse totalmente. Para tal fin, se requiere flexibilizar los planes formativos, pero sobre todo la promoción de una nueva generación de docentes, investigadores y directivos que trasciendan el plano discursivo hacia la tecnología, para adentrarse en la exploración de nuevos procesos de formación, investigación y estructura educativa, que sean capaces de promover la capacidad de trascender las áreas disciplinares que hoy se imparten en universidades y centros de formación.  

Lo aquí expuesto ayudaría a generar los diferentes puentes de diálogo que exigen los tiempos contemporáneos, en torno a las diferentes áreas de conocimiento que a la fecha siguen estando marcadamente diferenciadas (Ciencia Naturales, ingeniería, Ciencias Sociales y Humanidades).

Algo que se lograría con la promoción de un conocimiento que vaya más allá de los elementos técnico alrededor de las tecnologías, donde el futuro profesional disruptivo cuente con las competencias de colaboración e interdisciplinariedad, entre otras, que les permita no quedarse en medio de tendencias actuales dentro del sector productivo donde se encuentren, sino que vean más allá y cuenten con una mayor oportunidad de generar una transformación de nuestras sociedades. 

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
Escrito por
Profesor titular de la Facultad de Educación de la UNIR (España).
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