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Marzo 27, 2017

La Ética ¿Performada?

Proyecto que busca motivar en los estudiantes del ciclo V la intervención artística, especialmente en el teatro, mediante fenómenos éticos y políticos. 

La Ética Performada surge como una propuesta metodológica basada en la Pedagogía del Oprimido (Freire) y el Teatro del Oprimido (Boal). Los ingredientes esenciales de la metodología atraviesan fronteras de lo íntimo, al estar ligados a la expresión artística, para proyectarse e intervenir finalmente en el ámbito comunitario que rodea al estudiante.

En el presente se ha fortalecido gracias a la implementación de los grupos vocacionales en el área artística y pretende atravesar las fronteras curriculares de las áreas de ética, filosofía y artes.

La necesidad de una Ética Performada surge como una propuesta que buscaba, al interior de los límites de las políticas públicas, motivar a los estudiantes de la clase de ética, con quienes al principio no tuve empatía del modo que había idealizado.

Al ingresar a la institución me vi sólo en un ámbito hostil, a la deriva dentro de una maquinaria que, parecía, me iba a tragar vivo. Venía cargado de prejuicios en torno a la educación pública, tales como su baja calidad, la baja motivación docente, la mediocridad y su vulnerabilidad a los cambios políticos. Si bien muchos de esos prejuicios han cambiado, lo han hecho en virtud de mis motivaciones personales y profesionales para evitar que estos defectos invadieran mi quehacer.

La arteria principal, por medio de la cual fluía esta motivación, se fue encaminando en mi proyecto de aula que da cuenta de mi historia personal en torno a la educación: el reto fue y será mantener mi identidad y proyección personal y profesional en medio del ‘monstruoso’ sistema de la educación pública.

El principal reto del proyecto fue la puesta en práctica de mis aprendizajes como investigador de la educación y como persona. Nunca en mi actividad docente he podido separar estos dos ámbitos, mi historia personal y mi actividad profesional. Al elegir esta carrera, elegí también una forma de vida, una historia, y no comprometerlas a ambas significaría una división en mi vida que solo podría desembocar en la locura o la infelicidad. Por suerte, prefiero que me llamen loco pero jamás infeliz.

Al entrar chocando desde la primera clase con un grupo de estudiantes sentí que ése, quizás, no era mi lugar. Sin embargo, había decidido ser yo mismo sin pretender ser alguien más, o lo que es lo mismo, no podía pretender ganarme a los estudiantes siendo el profesor, autoritario y vertical, que tanto rechacé. Empecé a negociar con ellos desde una posición horizontal, basándome en la empatía, que solo es posible ganarse con la honestidad, y proponiéndoles hacer de mis horas de clase un lugar de distensión y regocijo, a comparación de lo que ellos creían tenían que enfrentar conmigo. Me propuse ser el maestro que siempre quise ser, siguiendo el ejemplo de cada uno de los que me enseñaron a ser persona por encima de profesor.

Desde entonces, he mantenido una actitud de juego frente a mi quehacer, que siempre ha permitido sonreírle a la vida, a los demás, reírse de uno mismo y entender las dinámicas de la vida como un juego más. El juego nos abre la mente a otras posibilidades, nos pone a prueba con el aquí y el ahora, exige el desarrollo de la improvisación en la resolución de problemas, pone a flor de piel la sensibilidad y la empatía; en suma, nos descubre como sujetos al desnudarnos como niños frente al par; todos estamos en un juego y en cada juego hay reglas claras, por supuesto, pero siempre podemos cambiar de juego y no tomarlos demasiado en serio.

Por otra parte, como filósofo, he mantenido una actitud crítica, escéptica, indagadora e investigadora frente a mi quehacer y a mis propias enseñanzas, he intentado transmitir a mis estudiantes esa faceta de mi ser para que lo apliquen a sus vidas, así como la he aplicado en cada una de mis reflexiones en torno a mi vida y mi profesión, soy un filósofo de mi vida, de mi expresión artística, de mi quehacer educativo: soy un soñador, un educador y un filósofo, y por ello nunca estará acabado un escrito como el presente, siempre será un texto abierto y lleno de preguntas.

A modo de conclusión, quisiera retomar una metáfora que aprendí sobre la filosofía, la cual se asemeja con el tejido de Penélope, quien a la espera del regreso de su verdadero amor teje en el día, pero ante la presión social promete casarse apenas termine el tejido, sin embargo, por las noches lo desteje manteniendo la esperanza por el regreso de Ulises. La filosofía, la educación, el arte, el quehacer diario, la vida misma, es este tejido que se teje en el día y se desteje en la noche, para volverlo a tejer desde el principio al día siguiente, manteniendo la esperanza constante de que el motivo inicial de ese tejido nunca se perderá. 

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Alianza Idep - Compartir
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