Creado el: Jue, 20/05/2010 - 19:00 por Palabra Maestra

Más que una asignatura

El lenguaje es la herramienta por excelencia de la educación.

Todos los actos educativos: las exposiciones en clase, las conferencias, los diálogos, las lecturas, las evaluaciones, las interacciones maestro-alumnos y las de estos entre sí, en una palabra, todo el proceso de construcción de significados, que es la característica distintiva del aprendizaje humano, pasan por el lenguaje.

La educación es un proceso eminentemente social, que precisa del lenguaje como uno de sus instrumentos. Es a través de la palabra —hablada y escrita— como el maestro comunica y pone a sus alumnos en diálogo con el conocimiento, los guía en su proceso de aprendizaje, les ayuda a aclarar los conceptos que antes les resultaban difíciles, y verifica y confronta sus comprensiones. Esto es algo que ocurre en todas las asignaturas, no solamente en español, por eso no es exagerado decir que en la escuela todas las clases son clases de lenguaje.

El lenguaje no es una asignatura más entre las que componen el currículo, sino la condición y el fundamento de todas; es la clave que les permite a los estudiantes apropiarse del capital cultural mientras dure su permanencia en la escuela y luego aprender de manera independiente, una vez hayan concluido sus estudios.

Pero, además de servir como medio de comunicación, el lenguaje es un mediador del desarrollo intelectual de los alumnos y una herramienta de pensamiento. Vygotsky lo expresó concisamente en una frase: “El pensamiento no se expresa simplemente con palabras, sino que llega a la existencia a través de ellas”. Porque ¿qué es el pensamiento sino una forma de lenguaje interno, que no está dirigido a los demás sino a nosotros mismos? Mientras trabajaba en reformar y perfeccionar la nomenclatura de la química, Lavoisier comprendió esta función que tiene el lenguaje como método de pensamiento:

Al ocuparme de este trabajo, comprendí mejor que no pensamos más que con el auxilio de las palabras; que las lenguas son verdaderos métodos analíticos; que el álgebra más sencilla, más exacta y más adecuada en la forma de expresar su objeto, es a la vez una lengua y un método analítico; en fin, que el arte de razonar no es más que una lengua bien hecha.

Además de servir como herramienta del desarrollo intelectual individual, el lenguaje cumple una importante función social como mediador de las interacciones entre los estudiantes. Así lo confirman las investigaciones recientes sobre el aprendizaje cooperativo, que han demostrado el papel que tiene la interacción entre iguales en la construcción de los conceptos y en la formación de valores.

La lectura y la escritura no son únicamente herramientas pedagógicas para enseñar y aprender, sino formas como los estudiantes se apropian del conocimiento y son capaces de expresar su posición frente lo que les enseñamos. Más que aprender a utilizar las palabras para reproducir y repetir el conocimiento, la formación en las artes del lenguaje, como en las demás disciplinas, debe tener como finalidad darles la palabra a los estudiantes, empoderarlos para que desarrollen un pensamiento propio, libre de dogmatismos e imposturas intelectuales, y para que sepan expresarlo libremente, de modo que otros no terminen pensando por él.

En síntesis, el lenguaje es el fundamento para el aprendizaje de todas las disciplinas; en todas está presente, pero como competencia transversal a todas las trasciende. El lenguaje es un instrumento indispensable para el desarrollo intelectual, la construcción de conocimiento, la formación de los valores y la libre expresión de las ideas y las emociones. Pero, más importante que todo esto, es que sin lenguaje tampoco podríamos constituirnos como sujetos. Por lo tanto, su desarrollo es un propósito educativo demasiado importante como para reducirlo a una asignatura.

 

Luis Bernardo Peña Borrero.
Mayo 2010

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