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Abril 5, 2018

El juego tiene poder en el aula

En varias zonas del país el juego es un tema diario, ya que es considerado un derecho fundamental de la niñez. 

En 2001, el Congreso de la República sancionó la Ley 724 para sensibilizar a la familia, la sociedad y el Estado “sobre su obligación de asistir y proteger a los niños y las niñas para garantizarles su desarrollo armónico e integral”, en ese sentido estableció el Día Nacional de la Niñez y la Recreación, el cual debe celebrarse cada año el último sábado de abril.

En dicha fecha, es común que en parques, colegios, centros comerciales… el juego esté presenten. Sin embargo, en varias zonas del país el juego es un tema diario, ya que es considerado –como señala la constitución nacional y tratados internacionales suscritos por Colombia– un derecho fundamental de la niñez.

Así lo han entendido cientos de profesores que participan desde hace poco más de 18 años en los diferentes programas de Corporación Juego y Niñez, que propone el juego como clave central en el desarrollo humano.

La ‘profe’ Nelcy Cueto es una convencida de ello. Desde que el juego entró a su aula, hace ya dos años, sus estudiantes se entusiasman con las clases, tienen mejor disposición, participan y aprenden.

“Al comienzo de año dos de mis niños no querían ni moverse del pupitre, pero desde que empezamos a jugar están siempre pilosos. Si se les dice que rueden la silla para jugar, corren a hacerlo. Hoy son los primeros en muchos de los juegos que hacemos de preguntas, en todas la materias, se nota que entienden las clases”, dice la maestra, que desde hace 38 años enseña en diferentes grados de primaria, en Fonseca, La Guajira.

En la clase de la profesora Yaqueline Pinilla, en Chiquinquirá, pasa algo similar. Para ella el juego es una “herramienta pedagógica” de la cual se vale para que los niños aprendan matemáticas, lenguaje, sociales... con más diversión, de manera descomplicada y sin tanta tensión. “El juego mejora nuestra relación y nos permite conocer otras facetas de los estudiantes. Nosotros en el salón tenemos una cajita de herramientas llena de papelitos en los que los niños han escrito actividades para realizar en las clases”, asegura.

También en hábitos saludables

En la Institución Educativa de Bayunca, corregimiento a cuarenta minutos de Cartagena, donde hace un fuerte calor, los estudiantes no pierden un minuto para jugar. Lo hacen dentro y fuera del salón. Antes no era así, en la hora del descanso preferían sentarse debajo de los árboles para resguardarse de los fuertes rayos del sol, mientras consumían comida poco saludable. Ahora juegan fútbol, carreras, ponchados y otros juegos que han ideado y recuperado de la tradición popular; además comen frutas y están pendientes de su hidratación.

“El programa de Ludonutrición nos ha servido para que los chicos aprendan algunas pautas, tengan algunos conocimientos de la nutrición a través del juego.  Ellos han aprendido la importancia de tener una alimentación balanceada, cuáles deben ser los alimentos que deben ingerir y las cantidades. Hemos visto que antes los chicos botaban mucho las verduras en el restaurante escolar. A través del programa de Ludonutrición ya hay algunos que las están consumiendo y les dicen a los compañeritos la importancia de consumir el grupo de verduras”, asegura Mirta María Herrera Salgado, docente de apoyo pedagógico en esta institución.

La profesora se refiere al programa que por dos años realizaron la Fundación Femsa y la Corporación Juego y Niñez en 10 colegios de Cartagena, Tocancipá y Montería con el propósito de fomentar prácticas saludables en 4.005 escolares y sus familias.

“Es más difícil que los niños aprendan que deben alimentarse bien si uno está dando una charla rígida. Hemos notado que los estudiantes han cambiado el concepto que tienen de las verduras, de las frutas, porque lo aprendieron jugando”, cuenta Rachel Caravallo García, coordinadora de convivencia de la Institución Educativa El Salvador, en el barrio Nelson Mandela, en Cartagena.

Padres y madres también juegan

Llegar a este punto les significó a los docentes de las diferentes instituciones educativas cambiar la forma en la que veían el juego, algo que también debieron hacer papás y mamás. “Antes hasta los padres de familia pensaban que el juego era una pérdida de tiempo, por suerte los estudios y las experiencias van mostrando que es una actividad interesante de enseñanza aprendizaje. Debemos enfrentarnos como maestros a este tema porque ayuda a desarrollar el trabajo de manera efectiva. Favorece el desarrollo del niño, de forma integral, armoniosa y placentera. Lo ayuda a crear, descubrir y divertirse”, asegura la maestra Nelcy.

Padres y madres hoy coinciden con ello. Como dice la profesora, gracias al juego ahora tienen otras maneras de relacionarse con sus hijos, e incluso, como es el caso de las instituciones vinculadas a Ludonutrición, ahora tienen otros conocimientos que ponen en práctica en el cuidado y la crianza. “Para nosotros ha sido importante porque con el juego los maestros nos han enseñado cómo alimentar a los niños. También nos han enseñado a compartir con ellos con el juego. Venimos desplazados por la violencia y la verdad es que los niños son muy tímidos, algunos son muy agresivos. Nosotros a veces no tenemos cómo controlarlos y qué más que nos brinden la información adecuada para saber cómo tratarlos y no maltratarlos”, dice Liliana Crespo, mamá de un estudiante de El Salvador, colegio cerca de Cartagena.

Los profesores también agradecen que los proyectos en los que está involucrado el juego les den ideas para hacer actividad física con los niños en los cambios de clase. En su concepto, el juego les ha abierto nuevas formas de hacer pedagogía.

Juego para todas las edades

“El juego es relevante para la primera infancia, como lo es para los años subsecuentes, por la posibilidad de expresión, socialización y aprendizajes diversos. Jóvenes y adultos también se benefician con el juego, desde que esté adaptado a cada edad y circunstancia. Tanto los estudios de varias áreas del conocimiento como las prácticas cotidianas y la ciencia demuestran esta relevancia en la vida de cualquier ser humano”, asegura la brasileña Adriana Friedmann, creadora y coordinadora de Nepsid (Centro de estudios e investigación en simbolismo, niñez y desarrollo, fundado en los años 90).

Junto con el belga Michel Van Langendonckt, vicepresidente de la Asociación Internacional de Ludotecas (ITLA, por sus siglas en inglés), Fiedmann estuvo en 2016 en el VI Encuentro Internacional de Juego, Educación y Ludotecas, organizado por la Corporación Juego y Niñez. En sus charlas ellos recomendaron la clasificación de juegos que hacen Denise Garon (2002) y Rolande Filion (2015) a partir de la teoría de Piaget del desarrollo del niño: el Sistema ESAR. E por juegos de ejercicio; S por juegos simbólicos; A por juegos de construcción o de armar y R por los juegos de reglas.

En ese sentido, Van Langendonckt señaló que hasta los 2 años los juegos de ejercicio son los reyes. De 3 a 6 años de edad, los niños pasan a los juegos simbólicos y algunos juegos de construcción. De 6 a 9 años aprenden a jugar con reglas, actividad que debe ser entrenada por los adultos.

Otro punto importante, señaló, es el desarrollo social: las actividades solitarias o individuales son lo primero, después los seres humanos tratamos de jugar en asociación con otros; más adelante viene el juego competitivo y, por último, el juego de cooperación (todos en el mismo equipo) que en su concepto es el que hoy debe primar.

“El juego competitivo es más presente (especialmente los duelos con eliminación) en nuestros países desarrollados, que los juegos de cooperación. ¡Eso nos dice mucho acerca de nuestra forma de relacionarnos y vivir la vida!”, aseguró.

Imagen: juegoyninez.org

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Entidad sin ánimo de lucro, establecida en 1999, ONG del sector educativo, que trabaja para lograr transformación social a través del juego.
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