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Roberto Balaguer Prestes

Miembro del Comité Académico del 3º Congreso Internacional sobre Violencia en las Escuelas.

Hiperconectados y móviles

Publicado: Mar, 14/11/2017 - 17:00

Hemos buscado que los adultos comprendan las lógicas de la red que instan a determinados comportamientos y debilitan otros. Internet tiene sus códigos que hay que desentrañar

Las redes forman parte de la vida social de los niños y adolescentes, son constitutivas de la vida actual de los jóvenes. Forman parte del aire que circula en torno a lo social. La idea central de nuestro trabajo ha sido colaborar para que los adultos (profesionales y padres) exploren el mundo de las redes sociales e Internet en general. Hemos buscado que los adultos comprendan las lógicas de la red que instan a determinados comportamientos y debilitan otros. Internet tiene sus códigos que hay que desentrañar.

El contexto tecnocultural pauta las nuevas formas de estar en el mundo, moldea el tiempo, el espacio, los vínculos en formas particulares que se hace necesario comprender para poder actuar en consecuencia. Es necesario problematizar todo eso que los adultos hoy se enteran que aconteció en las redes sociales. Es fundamental reintegrar esa información a la mal llamada “vida real”, hacerla tema. La comunicación sigue siendo una herramienta fundamental, también en la era digital.

Paradojalmente, en Internet y en las redes sociales muchas cuestiones juveniles han ganado visibilidad. Son los nuevos graffittis –ahora en los muros de Facebook- que permiten acceder al pensamiento juvenil sin censuras. Al volverse públicas, esas cuestiones han dejado de suceder en la trastienda de las relaciones, lo cual ayuda enormemente a la identificación de los protagonistas intervinientes (sobre todo en los fenómenos de acoso o cyberbullying) y por tanto, a problematizar estas prácticas y poder abordarlas institucionalmente. Justamente eso pone sobre el tapete otro concepto fundamental en el mundo digital que es el de identidad digital.

Identidad digital

Cada paso que damos en el mundo pixelado de Internet deja sus huellas, su registro. Debemos educar en ciudadanía digital de forma tal de ayudar a los jóvenes a que hagan jugar la identidad digital a su favor. En Internet no existe un documento de identidad que muestre quién somos, pero sí sitios de redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram, Ask.fm) que brindan una imagen clara de cómo somos, a veces más allá de cómo queramos mostrarnos.

Definimos el concepto de identidad digital como la suma de todos los rastros digitales que dejamos en la web y a Facebook como una plataforma virtual que integra buena parte de esa identidad digital. Todo el material digital publicado acompañará a estas nuevas generaciones casi de por vida, al tiempo de ser fácilmente accesible para prácticamente todo el mundo.

Los jóvenes por lo general intentan minimizar el hecho de que su accionar en la red deja rastros digitales. Quieren creer que Facebook funciona en una suerte de universo paralelo, que no es parte de la “vida real”. Negar los peligros o peligros es propio de esa etapa de la vida signada por el riesgo. Las cosas “les pasan a los otros”. Los chicos admiten que suelen tomar recaudos y protegerse en relación con los demás pero no siempre con ellos mismos. Nuestros hijos piensan que nadie presta demasiada atención a su presencia y a sus dichos (“todo es broma”) y que su accionar queda restringido a su grupo de amigos. Amparados en esa fantasía, pueden actuar de formas de las cuales luego podrán arrepentirse.

Cada cosa que se publica en Internet puede fácilmente dejar de ser privada y pasar a convertirse en parte de un espacio público. Una vez que se aprieta la tecla de “Enter” es muy difícil desandar el camino. Lo que está escrito permanece y puede tener consecuencias imprevisibles. Las palabras o las imágenes subidas lastiman tanto o a veces más (por el estado público que toman cuando se viralizan) que aquello dicho en la vida material. Manejarse con ética en los contextos virtuales puede ser un gran aporte a su identidad digital.

Vida móvil y en conexión

Hace unas décadas atrás, el teléfono fijo era el único modo que tenían los jóvenes de estar en continuidad con sus pares. Hoy, a través de los celulares el estado normal de la juventud es la conexión. Los jóvenes de estas generaciones están en una situación cualitativamente distinta a la nuestra. Se encuentran en conexión por defecto, muchas veces inclusive: hiperconectados con sus smartphones. Estos teléfonos son elementos siempre presentes en la ecología juvenil.

A través de esos pequeños dispositivos juegan, socializan, aprenden, se pelean, divierten y aburren. La cultura actual está fuertemente atravesada por lo tecnológico y en el último tiempo por lo móvil. Las tecnologías digitales actuales son objetos culturales al servicio de la comunicación, la expresión, la exploración y la coexistencia en mundos, por momentos, paralelos. Son tecnologías de comunicación e interactividad que permiten ampliar en forma considerable las capacidades humanas de procesamiento del flujo actual de la información. Los niños comienzan a navegar por Internet cada vez desde edades más tempranas y a crear su identidad digital precozmente. Con las PCs las tablets o los celulares buscan juegos, canciones, videos en forma intuitiva. Los celulares conectados a las redes sociales hacen que los espacios se unifiquen y que se cree una gran malla de conexión que derriba muros de casas y escuelas. Esa es la ecología en la que crecen nuestros jóvenes que luego asisten a la escuela y la secundaria y se encuentran con una realidad diferente. Comprender los efectos de esta nueva ecología tecnificada, en conexión y móvil es clave si queremos entender la niñez y adolescencia actuales.

Autor: Roberto Balaguer Prestes. Psicólogo. Miembro del Comité Académico del 3º Congreso Internacional sobre Violencia en las Escuelas.

Contenido original de Editorial Magisterio

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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