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Edwin Pineda

Ingeniero industrial de la Universidad del Magdalena. Especialista en Gerencia de la Calidad de la Universidad del Norte.

Mis estudiantes sí quieren las matemáticas

Publicado: Mar, 13/02/2018 - 17:00

Los centennials nos sorprenden por ser, además de matemáticos, bailarines de break dance, feministas, gammers y un sin número de talentos más. 

Erróneamente algunos creen que el hecho que a ellos no les gusten las matemáticas, en la mayoría de los casos por una mala enseñanza en la niñez y adolescencia, significa que a los niños y jóvenes no les llamen la atención, no los diviertan y, en algunos casos, no los apasione.

Hace un dos años inició en Santa Marta labores la Fundación Haiko, una iniciativa en la que profesionales de la matemáticas y científicos en general se decidieron a desmitificar la absurda teoría de las ciencias como algo ajeno e inalcanzable para los jóvenes y niños de escasos recursos, y apostaron por democratizar (como debe ser) la educación, pero no esa de tableros y tablas de multiplicar que se repiten hasta que quedan guardadas a las malas en alguna parte de nuestro cerebro, sino aquella en la que se incentiva la creatividad, se proponen soluciones a problemas de nuestro entorno y se intenta explicar el hasta ahora desconocido universo.

Así, en el segundo semestre de 2016, empezó este cuento cuando trabajamos sobre la teoría de grafos y su aplicación en las telecomunicaciones, en los vuelos aéreos, en la contaminación ambiental y hasta en los chismes de colegio.

En este espacio los estudiantes encontraron cómo relacionar lógicamente los acontecimientos, los ponderaron y vieron en problemas clásicos como el de los puentes de Königsberg, que existen problemas sin solución o, en otras palabras, que la solución de estos problemas es que no pueden solucionarse y que esta “solución” nos ayuda a entender propiedades de los grafos.

La idea de la teoría de grafos fue en su momento separar a los estudiantes de la aritmética y álgebra como lo único en matemáticas y acercarlos al razonamiento, el análisis y a entender este juego milenario como la herramienta más poderosa de la ciencia.

Pero ahí no termina todo: la ‘Clínica de las matemáticas’ va mucho más allá, pues intenta conectar los programas que tiene en todo el país, permitiendo que los estudiantes de otras regiones compartan sus nuevos conocimientos con semejantes. De esta forma nuestros niños samarios fueron a Barranquilla y a Bogotá para compartir con niños de todo el país y recibieron, en Santa Marta, a muchos más. De esta forma, los interesados en la ciencia encontraron a sus pares y con expertos se sintieron aceptados y no como los cerebritos tontos de la clase.

Esta reivindicación de los jóvenes talentosos en matemáticas va más allá, pues en 2017, en las aulas del Liceo Samario y la Normal María Auxiliadoras, instituciones aliadas de la fundación, se trabajó durante el primer semestre Topología, una de las ramas más nuevas de la matemática así como una muy abstracta, cargada de conceptos profundos sobre las propiedades de las figuras geométricas vistas como indeformables y atadas a razonamientos matemáticos sobre la naturaleza y el universo.

Algunos pensarán que nuestros estudiantes son todos muchachos de gafas que caminan jorobados y tienen dificultades para expresarse, pero no es así: los centennials nos sorprenden por ser, además de matemáticos, bailarines de break dance, feministas, gammers y un sin número de talentos que para el imaginario de nuestro país no son compatibles con matemáticos.

El estudio de la Topología nos llevó a conectar a los muchachos con el arte, pues la composición del conjunto Cantor, el de Mandelbrot y todos los otros fractales, son verdaderas obras de arte que no solo las simularon con sus manos en un papel y en el computador, sino que también las observaron en la naturaleza, la simple idea que un joven se asombre con la perfecta imperfección de la naturaleza y la explique de forma matemática es un gran aporte a su formación.

Las ‘Clínicas de las matemáticas’, lideradas por la Fundación Haiko, han venido a cambiar la perspectiva de la ciencia en nuestro cerrado sistema de educación que aún no entiende que los verdaderos agentes de cambio son los estudiantes y que ellos construyen cultura de aprendizaje en las instituciones, que no se trata de dinero, sino de ganas, pues al redor del país los voluntarios apostamos a un mejor país, en el cual se reconozca los verdaderos méritos de aquel que se esfuerza por su formación y no del que ocupa un cargo político por su apellido.

La ciencia está esperando por nuestros jóvenes y los docentes del país, más que la oportunidad, tenemos la obligación de propiciar espacios en los cuales se potencien los talentos, donde importen menos los uniformes y las tareas, donde la prioridad sea la creatividad, donde nos equivoquemos juntos pero encontremos juntos también las soluciones. Nuestros muchachos nos han sorprendido con velocidad y análisis, en ocasiones han subido el listón que proponemos y nos demuestran que los subestimamos a ellos y a nosotros mismos.

Se viene un nuevo semestre y la expectativa por enseñar más y mejor. Cada día nos preguntan cuándo empieza de nuevo, qué temas daremos, adónde los llevaremos… lo seguro de todo esto es que las experiencias que este año nos dejaron a todos alimentaron nuestra vida y generaron cambios positivos en nuestra sociedad.

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Edwin Pineda

Ingeniero industrial de la Universidad del Magdalena. Especialista en Gerencia de la Calidad de la Universidad del Norte.

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Docente de la Institución Educativa Distrital Liceo Samario y líder del Grupo CIT Lisama, grupo de investigación de Ciencia Innovación y Tecnología.

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