Creado el: Mié, 10/01/2018 - 18:00 por Palabra Maestra

¿Tres días seguidos de matemáticas? ¡Quién lo creyera!

Dos docentes de matemáticas comparten con los lectores una experiencia pedagógica novedosa y creativa. 

Comienza un nuevo año, es enero de 2004 en la Institución Educativa Compartir Bochica. Como en tantos otros colegios, somos recibidos con una calurosa bienvenida y el desbordado entusiasmo de las directivas quienes nos exponen sus expectativas.

Un listado interminable de actividades nos apabulla, todo es para ya. También nosotros traemos un espíritu nuevo y vemos con preocupación que algunas de nuestras inquietudes no tienen cabida dentro de lo programado. ¿Será que los estudiantes experimentan lo mismo cuando les exponemos nuestros programas?

En particular, desearíamos contar con un espacio para reflexionar sobre las dificultades que tienen los estudiantes en el aprendizaje de las matemáticas y buscar alternativas. Su desmotivación por el área ha sido una constante y los resultados generales en las pruebas externas Saber, Icfes y Fénix no han sido los mejores.

En escenarios como los foros educativos distritales y los encuentros realizados por la Asociación Colombiana de Matemática Educativa se ha señalado la necesidad de hacer de las clases de matemáticas espacios más dinámicos que propendan por el desarrollo de competencias y que permitan al estudiante construir y descubrir la utilidad de esta disciplina. Pero, ¿cómo hacerlo? ¿A qué horas? ¿Cómo lograr en nuestros estudiantes la fascinación por vivir las matemáticas?

Así, casi sin darnos cuenta, empezó a gestarse nuestro sueño de construir un espacio en donde el estudiante no se sintiera saturado ni presionado, y más bien, disfrutara del acto de aprender. Un espacio en donde sus decisiones tuvieran cabida, una experiencia de aprendizaje construida conjuntamente, en donde se vivenciara una verdadera democracia.

Una utopía ¿verdad? Tendrían que transcurrir algunas semanas antes de que ese malestar y esa utopía fueran compartidas entre nosotros dos y nuestra compañera Marlén.

No obstante, algo muy importante nos faltaba. El trabajo que desarrollarían nuestros colegas era vital, así que nos reunimos con ellos, repasamos al detalle el sentido y la logística del evento y hablamos de su participación.

Precisamos que en esta oportunidad los profesores debíamos hacernos a un lado y permitir a los estudiantes ser los protagonistas. Nuestro papel sería el de brindar apoyo en caso de que se requiriera, llevar un registro de asistencia y diligenciar un formato de evaluación.

Ahora sí ya estábamos listos y muy nerviosos. ¡El anhelado día había llegado!

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