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Abril 11, 2018

Almas que escriben memorias y esperanza

Autor: Varios autores
Fecha de publicación: 2018

 

Descripción:

El libro que usted tiene en sus manos fue escrito con el alma desgarrada de hombres y mujeres que hemos vivido en este país los embates de la guerra desde orillas diferentes. Durante cinco meses nos encontramos periódicamente para compartir nuestras vivencias, contrastar perspectivas, repasar nuestros dolores y usar la palabra escrita como medio para plasmar lo vivido y compartirlo con la ciudadanía.

Desde el inicio, julio 28 de 2017, cuando soñamos este libro, pensamos qué queríamos decir en él y con qué propósito. En ese momento parecía ser cierta la reconciliación, creíamos que como país estábamos caminando hacia ello, y de esa manera confiábamos en que nuestras vivencias ayudarían a quienes no vivieron en carne propia el conflicto armado, a sensibilizarse con el dolor experimentado en el país por una quinta parte de quienes habitamos el territorio colombiano, y así aportar al encuentro entre todos.

Pero hoy, para nosotros, el panorama es otro. Con la votación que eliminó las curules ofrecidas a las víctimas a través de las 16 circunscripciones especiales de paz, han pretendido negar nuestra existencia, pero no es así, existimos. El contexto es verdaderamente desesperanzador, si a lo dicho le añadimos el lento cumplimiento por parte del Estado al Acuerdo de Paz firmado el 24 de noviembre de 2016 en el Teatro Colón y a las modificaciones hechas por el Congreso.

Así entonces, antes de sacar a la luz este libro, nos preguntamos si lo que habíamos escrito seguía vigente y nuestra respuesta fue que sí, pero ya no como un libro que pretendía abrir el diálogo, sino como un libro que grita muy duro, existimos, somos reales, estos son nuestros dolores, no nos resignamos a que nos nieguen y con ello, nuestro dolor y el de tantos otros.

Este libro, le abre a los lectores los corazones de un grupo de personas heridas por el conflicto armado en nuestro país, algunos por efecto de las fuerzas del Estado, como es el caso de familiares de detenidos-desparecidos y de una persona que vivió por muchos años exiliada; otros por cuenta de grupos armados irregulares como es el caso de víctimas del Club El Nogal, de la masacre de una comisión judicial o de atentados selectivos perpetrados por diversas fuerzas, y también escritos de un hombre que fue miembro del Ejército y cuando adolescente se vio en medio de combates entre guerrilla y paramilitares.

Los textos que elaboramos son de diverso tipo, así por ejemplo, hicimos cartas de gratitud en las que les manifestamos nuestro afecto a seres humanos que nos dieron su apoyo cuando lo necesitábamos, estuvieron a nuestro lado, nos recibieron en sus casas, nos ayudaron a buscar a nuestros seres queridos desaparecidos, nos proporcionaron herramientas para comprender lo que estaba ocurriendo, nos dieron una voz de aliento. Todos los autores de este libro sabemos que sin la solidaridad de otros, no habríamos podido continuar vivos.

A lo largo de estos meses también les escribimos cartas a quienes perdimos en el conflicto. En ellas les hablamos de la falta que nos hacen, del inmenso vacío que dejaron, de su legado y de cómo seguimos viviendo en nombre de ellos.

Con nuestro deseo de honrar la memoria de quienes han dado la vida en esta guerra, optamos por hacer semblanzas de ellos. Quizás esta fue la escritura que más disfrutamos: los hicimos presentes en nuestro sitio de encuentro mediante fotos y lo que más le gustaba comer, también recreamos las voces de sus amigos y otros familiares, recordándolos en toda su humanidad y, claro, hablamos mucho de ellos. Aspiramos a que sus semblanzas logren acercar a los lectores a lo que cada uno de ellos fue, y sobre todo a dimensionar lo que como país hemos perdido con su ausencia.

Finalmente, elaboramos relatos en los que compartimos fragmentos de nuestro trasegar desde que la guerra nos partió en mil pedazos: el momento de la certeza de una pérdida, la ida al colegio de los hijos sin el esposo, el aprender de nuevo a caminar tras un atentado, la búsqueda de un hermano desaparecido en una cárcel, la supervivencia emocional en el exilio, la llegada a una nueva ciudad, la vida en medio de los bandos en conflicto, los caminos recorridos con otros guiados por la convicción de que unidos nos va mejor, entre otros.

Sí, el horror que hemos vivido ha quedado plasmado en estas páginas, y pese al dolor que lo habita, este libro es una prueba fehaciente de que quienes hemos vivido hasta el tuétano la guerra en este país, guardamos la esperanza de que nada de esto se vuelva a repetir. Si no la tuviéramos, tal vez no habríamos escrito.

Tras la lectura de estos escritos, ¿será posible que quienes perpetúan las condiciones que generan dolores como los nuestros, cambien de posición? Las nuevas generaciones, al conocer lo que vivimos, ¿tomarán impulso para aportar a la construcción de una sociedad más justa y equitativa? ¿Lograremos que los demás colombianos sientan que esta es una guerra que nos atañe a todos, y que todos debemos aportar para su solución? Somos ambiciosos, estos son nuestros anhelos.

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Reseña tomada de: Alta Consejería para las Víctimas, la Paz y la Reconciliación. 

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