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Poética de la paz

‘Docencia rural en Colombia: educar para la paz en medio del conflicto armado’ presenta una radiografía de las condiciones de la educación en aquellas regiones de Colombia que han padecido el flagelo del conflicto armado.

Octubre 15, 2019

“Lo poético en educación es la trama, el relato y la narrativa que nos ayudan en la tarea de inventarnos…”

Fernando Bárcena

Este libro ‘Docencia rural en Colombia: educar para la paz en medio del conflicto armado’ es resultado de un trabajo riguroso de la Fundación Compartir. Presenta, en primer lugar, una radiografía de las condiciones de la educación en aquellas regiones de Colombia que han padecido el flagelo del conflicto armado; en segundo lugar, la situación problemática de los docentes y directivos docentes en estos contextos de abierta confrontación, evidenciando la brecha abismal entre la calidad de la educación rural y urbana, factor que guarda estrecha relación con la perpetuación de una de las causas de la violencia en Colombia.

Este trabajo surge en el momento en que la agenda pública gira alrededor de la construcción de paz, luego del “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera” que se firmó entre el Gobierno de Colombia y el grupo armado FARC-EP en el año 2016, reconociendo la Escuela como ese elemento medular que hace parte de los imaginarios de olvido estatal, desigualdad y muerte, que han marcado a los sectores rurales del país.

En sus páginas pondera el rol de los docentes y directivos rurales como protagonistas que construyen procesos de cohesión social, institucionalizan los valores y la cultura de las comunidades; y a la Escuela como aquel lugar inerme entre los tiros de unos y otros, pero aun así referente inmediato para resarcir el tejido social y hacer tangible el sentido de la vida y pertenencia a una comunidad en un territorio construido con baja presencia del Estado.

Es interesante el rastreo que realiza el estudio sobre las condiciones de los educadores, su grado de preparación y sus motivaciones para permanecer en estas zonas de alto riesgo para sus propias vidas, la de los estudiantes y la comunidad. Este acercamiento sumado al balance que hacen de los modelos educativos y los proyectos que han marcado las directrices institucionales en materia educativa, brindan elementos de juicio para entender la precariedad de la calidad educativa e impone como tarea inaplazable -de las autoridades gubernamentales- asumir la responsabilidad que la ley les otorga y la ética de la responsabilidad con los ciudadanos de repensar, en su conjunto, el sistema educativo rural para emprender intervenciones en los aspectos mencionados.

Con datos muy interesantes, el estudio da evidencias sobre la desarticulación entre la formación de los docentes y los desafíos que enfrenta la educación rural. Devela cómo los insuficientes incentivos salariales, los pocos auxilios de transporte y de vivienda generan desmotivación en los maestros para permanecer en estos espacios. De igual manera, muestra la escasa o nula presencia del Estado en relación con el acompañamiento o apoyos que requieren los docentes para cumplir con la agenda educativa, haciéndose notoria en las plantas físicas ruinosas y en la poca o ninguna existencia de recursos educativos; todas ellas circunstancias que crean sentimientos de impotencia en los docentes y directivos que desean cumplir con su misión transformadora.

La Fundación Compartir muestra cómo la Escuela termina convertida en el último bastión de la presencia gubernamental y cómo los maestros y directivos rurales deben adaptarse a los contextos del conflicto armado para salvaguardar sus vidas y las de sus estudiantes. A su vez, el estudio demuestra que este mismo escenario es el que ha de reinventarse para la necesaria construcción de paz, gracias a la persistencia de las comunidades educativas, empezando por reivindicar la condición del docente rural, al posibilitar su profesionalización y elevar su calidad de vida.

El último capítulo es bastante sugestivo, refiere las apuestas que debe hacer el gobierno en materia de políticas públicas para empezar a saldar la deuda social que tiene con la ruralidad. Señala, cómo una verdadera demostración de cambio debe considerar la recuperación y el uso sostenible de la tierra, rescatar los saberes ancestrales de nuestros campesinos y redimensionar el carácter multifuncional de los territorios.

Son complejos y lentos los cambios culturales en amplios territorios de nuestro país, en consecuencia, es necesaria la presencia protagónica de la Escuela que rompa los esquemas de la guerra, contribuya a resolver los asuntos de la vida cotidiana del campo y se articule a sus proyectos. También, urge una Escuela que intervenga en el mejoramiento de la calidad de vida de los campesinos, dentro de una relación fluida e interdependiente entre campo y ciudad.

De esta manera, siguiendo a Bárcena, podríamos afirmar que desde la Escuela es posible inventar una poética de la paz.

Este artículo hace parte del estudio ‘Docencia rural en Colombia: educar para la paz en medio del conflicto armado’, realizado por Fundación Compartir.

 

Descargue el estudio completo.

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Escrito por
Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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Martial Heriberto Rosado Acosta
Gran Maestro Premio Compartir 2004
Sembré una semilla en la tierra de cada estudiante para que florecieran los frutos del trabajo campesino en el campo que los vio nacer