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La moral y la conciencia

Publicado: Lun, 12/12/2016 - 00:00

Un estudio comprensivo de la conciencia humana basado en las teorias teológicas y epistemológicas de Lonergan que demuestran los diferentes niveles del desarrollo personal, intelectual sicológico y espiritual.

Autores

Victor Forero Ch.
Coordinador del Departamento de Pastoral

Santiago Tobar C.
Profesor de Pastoral

Resumen

Este artículo es un estudio comprensivo de la conciencia humana basado en las teorias teológicas y epistemológicas de Lonergan. Demuestran los diferentes niveles del desarrollo personal, intelectual sicológico y espiritual. Todos orientados hacia la autenticidad humana.

Introducción

Se han escrito innumerables ensayos y libros sobre el tema del desarrollo moral. Algunos de ellos muy famosos, tales como El Criterio Moral en el niño, de Jean Piaget y otros, siguiendo esa misma línea de pensamiento pero en relación con los planteamientos de Lawrence Kohlberg, tal como El crecimiento Moral, de Piaget y Kohlberg, de R. Hersh y aso- ciados. En el fondo, todos ellos tratan el asunto de las etapas del desarrollo moral y cómo se da ese proceso en el sujeto humano.

Al hacer un extenso recorrido por la obra del mismo Kohlberg y de otros autores, encontramos  que  sólo uno, Bernardo Lonergan1, va más allá de la simple noción de desarrollo moral, y nos sitúa dentro de un marco de comprensión más amplio sobre el ser humano, de tal modo, que preferimos denominar al objeto de nuestra investigación como: desarrollo humano integral. Dicho desarrollo se origina desde las operaciones de la conciencia, o lo que él denomina, las operaciones trascendentales del conocimiento.

A fin de abordar ese tema de investigación, hemos querido plantearnos cuatro preguntas fundamentales. La primera es ¿Qué entiende Bernardo Lonergan por conciencia humana? La segunda, ¿Cuáles son las operaciones  básicas de la conciencia humana que se dan en todo individuo? La tercera, ¿Es posible desarrollar dichas operaciones de la conciencia en nuestros estudiantes? La cuarta y última, ¿Cuál es la relación de una conciencia auténtica y la fe del creyente?

1. La Conciencia Humana

Bernardo Lonergan, parte de una premisa fundamental: El sujeto humano es capaz de conocimiento y de acción moral. Esto significa, que en el sujeto hay una tendencia, una intencionalidad que, a partir de un con- tinuo cuestionarse, lo lleva cada vez más a inquirir, a buscar y a relacionar los datos de los sentidos, el entendimiento humano, la comprensión, la pregunta para la reflexión, la reflexión crítica y el juicio moral2.

El modo para abordar a ese sujeto que conoce es el método introspectivo, o lo que Lonergan llama el método empírico generalizado. Dicho método, a diferencia del empleado en las ciencias naturales, capta ciertamente lo humano porque busca captar los datos de la interioridad. Este procedimiento, ideado por el je- suita canadiense, es el que ha permitido hacer un estudio serio y prolongado de la conciencia humana. Conciencia sin la cual ningún  tipo de desarrollo humano integral puede ocurrir tanto en el individuo, como en la sociedad. 

En su obra cumbre, Insight3 , encontramos la noción de conciencia, que se puede desglosar así: 

La conciencia es un conocimiento y por lo tanto, una especie de mirada interior. Para algunos es como imaginarse a uno mismo mirándose a sí mismo; para otros, es un observar, intuir o contemplar. En todo caso, para todos, la conciencia tiene que ver con lo ocular. Es asunto de mirar, de ver, de observar.

La conciencia es una sucesión de actos del conocimiento; es decir, que el proceso cognoscitivo es una respuesta conciente del ser humano a los actos del conocimiento; por ejemplo, ver no es simplemente una respuesta al estímulo del color y la figura; es una respuesta que consiste en llegar a darse cuenta del color y de la figura. Oír no es simplemente una respuesta al estímulo del sonido; es una respuesta que consiste en llegar a darse cuenta del sonido etc4

La conciencia es  una cualidad presente en determinados actos y actividades. Los actos o actividades que carecen de esa cualidad son inconscientes5.

La  conciencia es la presencia  del sujeto a sí mismo6.

2. Operaciones básicas de la conciencia

Lonergan denomina a ese esquema recurrente de operaciones de la conciencia relacionadas entre sí, el método trascendental. Trascendental porque se da en todos los sujetos. "En cierta forma todo hombre conoce y aplica el método trascendental. Todo hombre lo conoce y aplica precisamente en la medida en que es atento, inteligente, razonable y responsable7."

¿En qué consiste dicho método? En Método en teología, Lonergan  nos dice que éste no se adquiere a través de libros o escuchando conferencias. Se adquiere prácticamente, por la propia experiencia. Experiencia que se da cuando intencionalmente y de manera conciente, aplicamos una serie de operaciones cognitivas para objetivar los contenidos de la conciencia; es decir, los datos que nos viene dados a través de los sentidos.

En cierta medida, esto ya lo hemos experimentado cuando situamos a los estudiantes frente a una situación problemática y les pedimos que la analicen tomando distancia de la misma. Ese proceso de introspección, no es dado al azar, sino que demanda de una serie de operaciones conexas, articuladas y recurrentes que permiten llegar hasta la comprensión última del asunto, de tal suerte que ya no se pueden generar más preguntas, porque afirmamos que aquello que hemos comprendido, es efectivamente así. Lonergan denomina ese estado últi- mo de certeza, el virtualmente incondicionado8.

Las operaciones propias de la conciencia, que describe Lonergan, son :

Experimentar: es ante todo una experiencia sensorial, que nos viene dada por los sentidos. Por ejemplo, cuando suena un  timbre o una campana y los sentidos se van abriendo a esos sonidos.

Entender: ocurre cuando trascendemos esa primera experiencia sensorial  e impulsados por la inquietud intelectual, nos enfrentamos a una multiplicidad de datos que nos llevan a preguntarnos ¿Qué es eso? Ahí pasamos del nivel de las sensaciones hasta el nivel de la inteligencia. Esto nos permite, entre otras cosas, captar una unidad inteligible entre los datos y decir: “Eso es tal cosa9.”

Juzgar: No basta con tener ideas brillantes, formular definiciones, hacer hipótesis. Surge en nosotros la pregunta: ¿Esto es así verdaderamente?, ¿De verdad eso existe? ¿Puedo comprobarlo de alguna manera? Gracias a la verificación podemos llegar  a expresar esa realidad en un juicio verdadero10.  La suma de experimentar, entender y juzgar, nos llevan a un conocimiento de la realidad11.

Decidir: Una vez que tenemos una primera comprensión de la realidad, se hace necesario pasar a un nivel superior, al nivel de la auto trascendencia real. Aquí nos preguntamos si es bueno para nosotros, si nos conviene, si es lo mejor y si vale la pena hacer algo al respecto. De esta forma nos situamos en el nivel existencial. No sólo hacemos cosas, sino que con nuestras decisiones hacemos de nosotros mismos lo que hemos de hacer. Nos construimos como seres humanos  y es lo que Lonergan denomina “hacer de la propia vida una obra de arte”.

3. El desarrollo de las operaciones de la conciencia en nuestros estudiantes

Hasta ahora se ha  hecho un recorrido muy sucinto sobre la noción de conciencia y las operaciones de la misma. Hemos encontrado que las operaciones de la conciencia intencional ocurren en diversos niveles de la conciencia, el empírico que nos lleva a preguntarnos ¿qué es esto? El intelectual, que nos lleva a preguntarnos si lo que entendimos es realmente como lo entendimos; el racional, en el cual somos empujados a afirmar o negar  la realidad del nivel anterior y finalmente, el nivel responsable, en el cual se nos invita a ejercer nuestras operaciones del conocimiento en posibles vías de acción y a actuar coherentemente con ellas.

Esto pareciera indicar que el objetivo último es simplemente teórico; sin embargo, en el ejercicio de la práctica docente, hemos encontrado diversos medios para hacer viable este esquema teórico de operaciones recurrentes y relacionadas entre sí que hemos denominado la estructura dinámica o conciencia intencional.

A manera de ejemplo, quisiéramos mencionar algunos:

Los ejercicios que buscan incentivar la auto apropiación de la conciencia intencional en nuestros estudiantes; vale decir, aquellos ejercicios que específicamente han sido elaborados buscando ejercer las operaciones del experimentar, entender, juzgar y decidir, procurando llevar a nuestros estudian. Los ejercicios que buscan incentivar la auto apropiación de la conciencia intencional en nuestros estudiantes; vale decir, aquellos ejercicios que específicamente han sido elaborados buscando ejercer las operaciones del experimentar, entender, juzgar y decidir, procurando llevar a nuestros estudiantes del campo del sentido común, al campo de la teoría. Un ejercicio básico para lograr esto se da cuando empleamos con el grupo ejercicios y actividades que los llevan a cuestionarse, preguntarse y tratar de inquirir sobre problemas que los afectan y que, a primera vista, con un lenguaje ordinario y repitiendo modelos conocidos, los llevan a tratar de solucionarlos. La clave en ese momento es llevarlos a través de la pregunta, cada vez más hacia la precisión del lenguaje, la caracterización de los elementos y la relación de los datos a fin de llegar a nuevas comprensiones que les inviten a reformularse nuevamente(a convertirse intelectualmente). Esto se hace en las Asambleas de curso.

Ejercicios diseñados para incentivar en los estudiantes la sensibilidad frente a sus compañeros de curso. Lo que los psicólogos llaman “ponerse en los zapatos de otros” o “empatía12”. Son ejercicios en los cuales se parte de situaciones problemáticas generadas por dificultades en la relación de alteridad entre los estudiantes y, a partir de objetivar sus sentimientos y actitudes hacia sus compañeros y de sus compañeros hacia ellos, son capaces de entenderlas, juzgar la conveniencia o no de sus actos y tomar una decisión responsable frente a sí mismos y a los demás.

Ejercicios que buscan incentivar el esquema estético de la experiencia; es decir, que mediante el arte, pueden expresarse y además adquieran la capacidad de admirar las obras de arte y su simbolismo. Un ejemplo concreto de este ejercicio lo desarrollamos a partir de la adquisición de cuadros pintados por los estudiantes y cuyo significado ha sido dado por sus autores. Los cuadros fueron seleccionados  de común acuerdo entre el coordinador del grupo y los mismos estudiantes. Esos cuadros han permanecido en el aula de clase y son un continuo referente para el grupo.

Otro tipo de ejercicios que nos pueden ayudar en el desarrollo de la conciencia intencional son aquellos relacionados con el campo mismo de la interioridad. Son ejercicios que buscan incentivar la inteligencia pero a través de la introspección. Esos ejercicios tienen que ver con las conductas de entrada, con ejercicios de auto conocimiento a lo largo del año escolar y también, ejercicios intencionalmente elaborados a manera de dilemas morales13. Se busca que en ellos, los individuos tomen posición frente a su propia vida y lo hagan de manera crítica.

Otro ejercicio que es fundamental para lograr la auto apropiación de la conciencia en los estudiantes, ha sido el promover permanentemente entre los jóvenes, los preceptos trascendentales que Lonergan denomina como: ser atento, inteligente, razonable y responsable14. Mediante el cumplimiento de esos preceptos se logra el progreso del individuo y de la sociedad en la cual se desarrolla. ¿Cómo se logra esto? Haciéndolos responsables de su entorno, de sus decisiones, del respeto a los consensos, desarrollando la capacidad dialógica, permitiendo que los estudiantes ejerzan los deberes para consigo mismos y, sobre todo,  con la comunidad educativa. Eso  se desarrolla en la asignación de funciones, en el cuidado de su salón, en el respeto a la diversidad y en desarrollar el genuino interés de unos por el bienestar de otros y en procurar siempre el mayor bien para todos.

4. Relación  de una conciencia auténtica  y la fe del creyente

En este apartado queremos explorar un poco más la pertinencia del Método para hacer teología y las funciones mediadoras de ésta, según la perspectiva lonerganiana; lo hacemos muy de la mano del Documento escrito por el Padre Rodolfo Eduardo de Roux S. J. titulado “Aportes de Bernardo Lonergan para una teología en opción preferencial por el pobre15”.

El Padre de Roux propone tres momentos de análisis, a saber:

La teología en el ámbito del método y de la interioridad.

El saber y el hacer teológicos como mediaciones entre religión y cultura.

El hacer  teológico en opción preferencial por el pobre.

El primer momento nos señala el camino que sigue Lonergan para afirmar el método como vehículo propicio para abordar la realidad humana, cualquier realidad humana y de manera prevalente la que le concierne al saber y al hacer teológicos, dentro del rigor que demanda toda disciplina con características científicas.

No se trata de cualquier método, sino de aquel que resulte pertinente a cada campo específico del saber y del saber hacer. Lonergan considera que al ámbito teológico le pertenece, con propiedad, el “método trascendental”, por cuanto éste integra y hace operacionales todas las disposiciones humanas. Este “nuevo campo de sentido” viene a acompañar el clásico sentido común y el amplio marco de las teorías de corte científico y lo denomina interioridad.

De Roux entiende esta interioridad como “un enfoque peculiar sobre nuestra manera de de obrar humana y los hechos que resulten de ella…tal como lo experimentamos en nuestra conciencia. Como un estilo peculiar de abordar, comprender, juzgar y valorar los hechos humanos. En referencia a la matriz connatural, y por ende normativa, de ese obrar humano concreto de donde proceden. En coherencia con las exigencias cognoscitivas, existenciales y práxicas de su ejercicio auténtico, en sus dimensiones personales, comunitarias y sociales16”.

Al inscribir el hacer teológico dentro de esta dual y simultánea matricidad, hay garantía de su rigor disciplinar y de su encargo mediador y liberador, así como de su trabajo interdisciplinario.

En cuanto al segundo momento podemos decir que Lonergan, moviéndose en el contexto aristotélicotomista, asume la teología, en una primera fase, como conocimiento de Dios y de todas las cosas en referencia a Dios, en clave cristológica y eclesial. Pero cuando su quehacer teológico está halado por las demandas de nuestro tiempo y perneado por la doble matricidad (método e interioridad), entonces cambia la misma comprensión de la teología y señala categóricamente que “esta media entre una determinada matriz cultural y la función significativa de una religión dentro de dicha matriz”.

Para Lonergan, religión y cultura auténticas (es decir, que se hacen cargo de toda la riqueza humana y su despliegue concreto en la historia, con su propia ambigüedad), establecen mutuas mediaciones. Y es en ese entramado donde la teología desarrolla su papel disciplinario, garantizando y ejercitando esa acción mediadora y clarificadora, mediante un examen eminentemente crítico de ambas instancias.

Surge, empero, una pregunta obligada: ¿dónde situar esta mediación y con qué tipo de racionalidad? Lonergan comprende que dicha mediación es directa y se da y se ha de dar siempre en el ámbito  del sentido  y del valor, campo que no puede ser asumido, en manera alguna, por la racionalidad instrumental, sino por aquella que se coloque a la altura de la doble matricidad, anteriormente propuesta.

Dentro de este marco de comprensión, la teología ha de ser una tarea “altamente diferenciada y especializada…Tanto que su realización progresiva y de conjunto solo es viable en equipo, por los caminos de la colaboración interdisciplinar. Tanto al interior de sí misma, como en integración con otras ciencias humanas, distintas de ella17”.

Aquí podemos preguntarnos, cuál puede y debe ser el lugar y la función de la teología, aterrizada en el Colegio como Educación Religiosa Escolar, en una “sociedad del conocimiento”, tal como la concibe y desarrolla el Gimnasio Campestre.

El momento tres nos coloca de cara a una “teología operativa” que ha de encargarse de la “opción preferencial por el empobrecido”.

Esta lectura es propia de Roux, dentro del contexto latinoamericano y menos de Lonergan por su encargo más académico y en contexto más anglosajón y europeo.

“Fiel al talante empírico de su búsqueda, Lonergan constata y analiza en nuestra realidad humana total una doble factualidad, que se reduplica a nivel individual y grupal, a saber, la presencia y la lucha entre autenticidad e inautenticidad, entre progreso y decadencia, a nivel personal, comunitario, social”.

En términos un poco más teológicos, conviven en la compleja y múltiple realidad humana la gracia y el pecado, como dinámicas que agitan y estrujan el mundo de la vida. Sus resultados “se traducen en progreso común o en decadencia colectiva. Íntimamente entrelazadas, como el trigo y la cizaña de la parábola evangélica, retroalimentándose mutuamente en sentido positivo o negativo; las alternativas de esta doble bina constituyen la trama histórica y el drama recurrente de los individuos, de las sociedades y de las culturas. Tampoco la religión escapa, de suyo, a esta amenaza, y aún no pocas veces incurre, de hecho, en esta lamentable factualidad”.

La fe del creyente, amasada desde la autenticidad de la conciencia y vivida eclesialmente, afirma que Dios no ha dejado al garete la marcha de su creación, sino que ha provisto la direccionalidad y la salida en y desde el hombre mismo, en su operacionalidad concreta.

Aquí como la que más, ha de ejercitarse esa autoconciencia de fe de la iglesia para que asuma su compromiso histórico de ser mediadora en la consideración del obrar humano.

¿Cómo abordar y asumir esta densa tarea? Lonergan, ya en plena madurez de su pensamiento, cree que ha de examinarse a fondo la “materia prima” con la que se hace la historia y esta puede entenderse como creatividad y sanación.

“La creatividad es aquí un término generalizable, que evoca, desde el punto preciso de la novedad mas o menos total, la multiplicidad, riqueza y complejidad de los procesos del obrar humano, como personas en comunidad y en sociedad. No ya para mantener logros alcanzados, sino para descubrir e implementar nuevos caminos de realización auténtica del hombre en su mundo, ante la novedad de situaciones cambiantes. De suyo abarca todos los desarrollos de las capacidades humanas, en orden a la satisfacción adecuada de todas las necesidades de todos18”.

Esto implica examinar el lugar adecuado que ha de tener el mundo de la ciencia y de la técnica, de la economía, de la política y de todo el entramado institucional. En la medida en que todo este potencial se actualiza y promueve “el bien humano”, emerge viva y actuante la cultura como respuesta a todas las demandas humanas.

A la hora del balance, nos topamos que todo este esfuerzo personal y mancomunado no siempre da en el blanco y se presentan, entonces, múltiples distorsiones, desde el plano psíquico al cultural, pasando del indivi- duo al grupo y al colectivo humano, mediante diversas modalidades y expresiones: explotación, manipulación, cosificación, exclusión, marginamiento, decadencia y por ende deshumanización y todas las demás formas alienantes. En este sentido no es suficiente, por importante que sea, el vector creativo.

Los “asuntos humanos” requieren, por ende, una nueva exploración y esa la aporta la sanación.

Este vector contempla la recuperación y la habilitación de todos los niveles y dimensiones del proyecto auténtico de vida que le concierne  al individuo, a la comunidad, a la sociedad.

En “Método en Teología”, Lonergan esboza el camino y su propuesta “constituye de hecho una síntesis paradigmática de la integración de autenticidad personal y genuinidad social y cultural. Situada, por lo demás, a este nivel más alto y específico del obrar humano, constituido por el valor, se ofrece como criterio normativo, como modelo de análisis y como orientación transformadora del bien humano integral19”.

En términos más sencillos, la sanación  pasa por la criba de los valores vitales, los valores sociales, los valores culturales y todos en su conjunto posibilitan la armada, el desarrollo y la vivencia de los valores personales. “Y éstos, a su vez, levantan a descubrir y reconocer, en nosotros mismos y en nuestra historia, los valores religiosos como actuación suma de nuestro impulso nativo de auto trascendencia, como presencia histórica de Dios, en medio de nuestro mal humano” . Solo así nos hacemos capaces de benevolencia y beneficencia para los demás.

Lonergan cree que el ser humano, en su orientación a Dios y en su reconocimiento, despliega diversos tipos de sanación, pero le cabe al amor la primacía, en tres formas articuladas: amor de intimidad, amor de solidaridad y amor religioso “que, como amor participado de Dios mismo, nos abre y nos vincula, sin condiciones, limitaciones o reservas, a Él y a todos y todo Él”20, tendiendo como referente a San Pablo en el “Himno a la caridad”, en su Primera Carta a los Corintios, capítulo 13, y a San Agustín que sumariamente dice: “non intratar in veritatem nisi per caritatem”, no se accede a la verdad sino a través de la caridad.

Lo expuesto hasta aquí en esta cuarta parte, lo estamos ensayando ya de manera muy modesta con nuestros estudiantes, especialmente en los grados mayores.

Hay ya un primer intento más ordenado de sensibilización sobre el papel que la religión y por ende la Teología tienen sobre el análisis de los desajustes personales, estructurales y sistémicos que acusa nuestra sociedad y de sus hondas repercusiones en el drama de la pobreza, la miseria y la exclusión galopantes. Falta un largo trecho pero confiamos en que podemos sumar fuerzas y talento para hacerlo mancomunadamente y en forma interdisciplinaria.

Estamos seguros que este breve documento es un esbozo de lo que ha de venir para el Departamento de Pastoral y para el Colegio mismo, en orden a la construcción y ejercicio de una verdadera Educación Religiosa Escolar, dentro del ámbito y espíritu de una sociedad del conocimiento.


[1] Bernardo Lonergan S.J., prominente filósofo canadiense, teólogo y eco- nomista, (1904-1984), fue el principal arquitecto de los que se ha denomi- nado el “método empírico generalizado”. Nació en Buckingham, Québec. Recibió una típica educación católica y eventualmente entró a la Compañía de Jesús (Jesuitas). Fue ordenado en 1936. Se especializó en teología y economía al mismo tiempo, siendo profundamente influido por su trabajo doctoral sobre Santo Tomás de Aquino y por su interés en la filosofía de la cultura y de la historia. En 1950, mientras enseñaba teología en Toronto, Lonergan escribió Insight: Un estudio sobre la comprensión humana. A prin- cipios de los años 70 publicó su segundo trabajo en importancia denomi- nado Método en Teología. A través de su larga carrera docente , escribió y dirigió seminarios en teología, filosofía y economía. Enseñó en Montreal de 1940 a 1946; en Toronto de 1947 a 1953; en Roma de 1953 a 1964 y en Boston, Halifax, M.I.T. y Harvard de 1968 a 1982. Murió en 1984. La Universidad de Toronto ha acometido la labor de compilar y publicar su obra en 20 volúmenes bajo el título de The Collected Works of Bernard Lonergan. Actualmente existen varios centros de investigación dedicados a analizar y aplicar sus teorías en el campo de la psicología, la economía y la teología. Cada dos años se lleva a cabo un simposio internacional sobre su obra en Boston Collage, U.S.A.

[2] Para ampliar ese concepto, sugiero consultar a José Eduardo Pérez Valera en Filosofía y Método de Bernardo Lonergan, Ed. Jus, México, 1992, pp. 158 y siguientes.

[3] Lonerrgan Bernard, Insight, Estudio sobre la comprensión humana, Ediciones Sígueme, Salamanca, 1999, capítulo 11, La autoafirmación del su- jeto cognoscente desarrolla sus concepciones sobre la noción de conciencia y distingue varios tipos de conciencia, empírica, inteligente y racional.

[4] Ibid, 387.

[5] Confer. Pérez Valera , p. 162.

[6] “Para captar la noción de estar consciente resulta útil empezar por la palabra “presencia”. Podemos decir que las sillas y mesas están presentes en el cuarto. No se hallan afuera; no han sido plegadas y amontonadas en el sótano; ellas están presentes en el cuarto, ellas están aquí. También, aquí estoy yo ante ustedes, y ustedes ante mí. Ustedes están presentes ante mí, y yo estoy presente ante ustedes. Ese es un segundo sentido de la palabra “presencia”. La presencia en este sentido ulterior incluye el conocimiento: Si yo estuviera dormido, ustedes no estarían presentes ante mí, y si ustedes estuvieran dormidos, yo no estaría presente ante ustedes. Hay un  tercer sentido de la palabra “presencia”; para que ustedes estén presentes ante mí yo ya tengo que estar presente. Nadie puede estar presente ante mí si yo no estoy presente para mí mismo, si yo estoy inconsciente. Pero ese estar pre- sente ante mí mismo no es la presencia de un objeto ante el sujeto; es el sujeto que está ahí, consciente. De manera semejante, yo no estaría presen- te ante ustedes a no ser que ustedes ya estén presentes ante ustedes mismos. Cuando ustedes están dormidos sin soñar ustedes no están conscientes, ustedes no están presentes para ustedes mismos en ese tercer sentido de la “presencia”. Ustedes están presentes en su cama de la misma manera que las sillas están presentes en el cuarto. Pero cuando empiezan a soñar, no sólo se da un flujo de imágenes, sino que también hay un espectador. Ese espectador está ahí, no como objeto, sino como el que está mirando, y está consciente. Estar consciente es precisamente ese “ser el espectador”. B. Lonergan, Topic in Education…, pp. 81-82.

[7] Lonergan Bernard, Método en Teología, Ed. Sígueme, Salamanca, 2001, pp. 21-32.

[8] En Understanding and Being, an introduction and companion to insight, p. 153-155, Lonergan da un ejemplo partiendo de las matemáticas, donde finalmente llega a la conclusión que frente a un juicio de hecho, o un Fact, se llega a  un incondionado virtual porque este envuelve un absoluto; es decir, aquello que es así y que no puede ser de otra manera. Esto es muy difícil de lograr para los científicos, porque ellos trabajan más en el campo de las hipótesis y de las probabilidades. Quizás es más simple de determinar en cuestiones que hacen referencia a juicios de valor, porque una vez que una comunidad ha determinado un valor dador de sentido y constructor de sociedad, éste es así y no de otra manera. Eso sin restar importancia a la dialéctica que se pueda establecer y teniendo en cuenta que el conocimiento es siempre heurìstico.

[9] Bravo Armando J.,Una introducción a Lonergan, Universidad Iberoamericana,Mèjico D. F., 2.001, p 90

[10] Ibid, p.90

[11] Lonergan nos amplía este concepto  en una conferencia sobre la  estructura cognitiva y que se encuentra en una recopilación de sus primeras conferencias, hecha por su discípulo en Boston, el sacerdote jesuita Frederick E. Crowe bajo el título de Collection. Lonergan escribía al respecto : “Humanknowing, then, is not experience alone, not understanding alone, not judgment alone; it is not a combination of only experience and understanding, or of only experience and judgment, or of only understanding and judgment; finally, it is not something totally apart from experience, understanding, and judgment. Inevitably, one has to regard an instance of human knowing, not as this or that operation, but as a whole whose parts are operations. It is a structure and, indeed, a materially dynamic structure”.

[12] A fin de ampliar el concepto de “ponerse en los zapatos de otros”, sugiero consultar la obra de Jean Piaget, El Criterio Moral en el niño y particularmente lo que tiene que ver con las reglas de juego, la mentira y la justicia.

[13] Los dilemas morales son el instrumento de investigación ideado por Lawrence Kohlberg. El piensa que los dilemas morales que  despiertan el interés de los sujetos, los lleva a plantearse cuestiones éticas. Utiliza para tal fin la denominada entrevista sobre el juicio moral, que está compuesta de tres dilemas hipotéticos. Cada dilema implica a un personaje que se encuentra en situación difícil y tiene que elegir entre dos valores conflictivos. Se le lee al sujeto cada dilema y se proponen varias preguntas estandarizadas. Se le pregunta cómo debería resolver el dilema el personaje y por qué ésa sería la mejor manera de actuar en esta situación. Los tres dilemas cubren un cierto número de temas éticos distintos. Para determinar el estadio de desarrollo moral del sujeto, el investigador debe ver qué consistencia existe en el razonamiento del sujeto en una gama de asuntos morales. Los dilemas pueden ser usados por todo el mundo y deben representar una situación moralmente problemática.

[14] Op. Cit. Mètodo en Teologìa, p. 57

[15] Aportes de Bernard Lonergan para una teología en opción preferencial por el pobre”, Rodolfo Eduardo de Roux G., S. J., Theologica Xaveriana 47 (1.997) 381 – 414 

[16] Op. Cit “Aportes”, p. 386

[17] Op. Cit., p. 391

[18] Op. Cit., p. 392

[19] Op. Cit., p. 394

[20] Op. Cit., p. 398 - 399

 

Este documento fue tomado de www.revistaelastrolabio.com

 

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