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La menstruación también es un asunto de escuela

Un clima de aula positivo no sólo asume con naturalidad el error, también asume el cuerpo como sujeto, porque la pedagogía es también una pedagogía del cuerpo.

Febrero 27, 2020

Si bien el ciclo menstrual no es un contenido propio del aula (salvo que haya un espacio educativo en el que se hable de él intencionalmente), es un proceso natural por el que niñas y adolescentes transitan cada 28 o 34 días (aproximadamente). A pesar de su naturalidad, las relaciones que tejemos alrededor de él suelen estar en el plano del tabú, el mito, la clandestinidad y la vergüenza.

Expresiones como “estoy en mis días” no tienen, en apariencia, una carga negativa. Sin embargo, es desde el lenguaje −entre otras expresiones culturales−  que legitimamos ciertos códigos nocivos. En el caso del ciclo menstrual, el uso de términos coloquiales con los que se le enuncia no sólo le privan de su condición natural, sino que crean una necesidad de mantenerlo secreto y oculto.

En 2018 visité un colegio del Distrito junto con un compañero de la universidad con el que realicé una investigación. El objetivo de nuestra visita era hacer un primer diagnóstico de cómo se relacionan estudiantes de 11º con el ciclo menstrual. Entre otras muchas cosas, encontramos que los estudiantes (ellos) se estrellaban con ciertas barreras frente al tema, pues las estudiantes (ellas) preferían decir “es cosa de mujeres”.

Uno de los chicos contó que al inicio de una clase estaba conversando con una de sus compañeras cuando otra de ellas se le acercó (a ella) y le susurró algo al oído. Inmediatamente la compañera con la que hablaba sacó algo de su maleta oculto entre la manga de su saco y se lo entregó. Al irse, en medio del momento misterioso, él le preguntó a ella: “¿Por qué lo ocultan si es normal?

El lenguaje como institución

El lenguaje, los mitos heredados, el contexto y las particularidades de las diferentes culturas han hecho del ciclo menstrual un proceso que debe mantenerse en la intimidad y que genera vergüenza. De ahí las expresiones que usamos al referirnos a él.

En Colombia, Luis Flórez dedicó un capítulo sobre las palabras coloquiales que usamos para referirnos a la menstruación, en un documento del Instituto Caro y Cuervo:

“La colorada, el consuelo, la cortada del dedo, la corriente, la cosa, la costumbre, la mensual, el chorrito, la chorriada, estar chorriando, estar chorriando la piña, el derrame, la diecinueve y doce, estar enferma, estar entiempada, tener la enfermedad del mes, estar a fin de mes, tener el flujo, tener la hemorragia, estar con la luna, estar con la luna brava, estar de luto, estar mala, tener las lluvias, tener el mal de las mujeres, estar con la mensualidad, estar con el mes, tener visita, estar con la mestruel, estar con la demostración, estar con la administración, estar con la postración, estar morajiá, estar pagando arriendo, estar con Pachito, estar con el Chapulín Colorado, estar con el período, estar picada del murciélago, tener la regla, estar con el reglamento, estar con esa bicha, estar con esa joda, estar con el reglero, estar con el arreglamiento, estar en remate de mes, estar con la roja, estar en la semana, estar con la soltura, estar con el treinta y jeo, estar con la treinta y una, estar con la veintiuna, estar en esos días”.

Por otro lado, Eugenia Tarzibachi recopiló algunas expresiones de otros países en su artículo ‘Menstruar también es político’: «“Eso”, “La cosa”, “Vino Andrés”, “Estoy en esos días” (Argentina). “Andrés, el de cada mes” (México). “Estoy con Andrés Rojas”, “Estoy con el mes” (Perú). “Llegó Andrés”, “Juana, la colorada” (Colombia). “Estou com Chico”, “Sinal vermelho” (Brasil). “Me cantó el gallo” (Puerto Rico). “Aunt Flo”, “On the rag”, “Falling off the roof” (Estados Unidos). “Got the painters in” (Inglaterra). “I´ve got the flags out” (Australia)».

La menstruación en la historia

Las interpretaciones sobre la menstruación y el cuerpo femenino pueden rastrearse a través del tiempo (como lo hizo José Luis Iglesias-Benavides en ‘La Menstruación: un asunto sobre la Luna, venenos y flores’).

En Grecia, la luna se representaba a través de una diosa triforme: “la diosa Hécate representaba a la Luna oscura; Selene en el cielo a la Luna creciente, y Artemisa a la Luna llena”. Esto por cuanto la mujer era considerada un ser física y espiritualmente variable.

Imagen extraída de ‘La menstruación: un asunto sobre Luna, venenos y flores’.

En 1982, el Acta de Locura, elaborado en el marco de la Ley Británica, determinó que una persona demente padecía de “intervalos lúcidos durante las dos primeras fases de la Luna y era afligida por un periodo de pérdida del entendimiento en el periodo posterior a la Luna llena”. De ahí el origen del término “lunático”.

Para los persas (800 a.C.), la mujer que estaba menstruando era considerada impura y por tal razón se le aislaba en un cuarto a mínimo quince pasos del fuego y del agua. En la India Oriental (Siglo VI a.C.), se realizaban ritos con los que las mujeres se purificaban de la menstruación:

“Frotarse los dientes, hacer gárgaras doce veces y lavarse manos y pies; posteriormente zambullirse doce veces en el río, y tras salir de él, frotarse con lodo que llevará estiércol fresco, volver a zambullirse en el agua treinta y cuatro veces, y repetir las friegas de lodo; repetir la inmersión veinticuatro veces, frotarse el cuerpo con azafrán y, para terminar, otros veinticuatro chapuzones más”.

En el Talmud Judío se establece que una mujer menstruante es impura durante los días del ciclo y debe realizarse un ritual de pureza. Además, ordena una serie de prohibiciones que reglamentan la vida en pareja cuando la mujer está menstruando: no debe haber intercambio de utensilios, sólo debe hablarse lo necesario, cada uno debe comer en su propio plato, deben dormir en camas separadas, él no debe mirar hacia el rostro de ella, entre otras.

Por último, en El Corán, libro sagrado de los musulmanes, en su verso 2.222 se establece: “Te preguntan acerca de la menstruación. Dí: “Es un mal ¡manteneos pues aparte de las mujeres durante la menstruación y no os acerquéis a ellas hasta que se hayan purificado!. Y cuando se hayan purificado, id a ellas como Alá os lo ha ordenado”. Quien teme a Alá, él le facilita sus cosas”.

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Pedagogía del cuerpo

Así como las palabras, el maestro tiene el poder de replicar dinámicas existentes o de construir nuevos significados y códigos. Las interacciones sociales, el aprender haciendo, la lectura del mundo y el pensamiento crítico son sus herramientas.

Una estudiante puede interiorizar los diferentes discursos e interpretaciones que los intereses comerciales y las visiones ajenas a la mujer han construido sobre la menstruación, seguir sintiendo que este ciclo natural representa la pérdida de paz mental, pues se encuentra en un estado de conflicto donde ella es adversaria de su propio cuerpo.

O bien, la escuela puede ser el escenario donde esos discursos e interpretaciones son cuestionados y discutidos a través de las herramientas propias de la educación, pues −finalmente− es a través del cuerpo cómo nos insertamos en la esfera de lo público y actuamos en sociedad.

¿Cómo nos referimos al ciclo menstrual en el aula de clase?, ¿vamos en contravía de las construcciones que lo desnaturalizan y conflictúan la relación de la mujer consigo misma y con su cuerpo o, por el contrario, las propagamos?

Un clima de aula positivo no sólo asume con naturalidad el error, también asume el cuerpo como sujeto, porque la pedagogía es también una pedagogía del cuerpo. Además de suministrar los retos adecuados, fomentar el aprendizaje activo y despertar la motivación, el aula de clase es un espacio para construir sujetos conscientes de sí mismos, de sus capacidades y de sus limitaciones.


Imagen de Irina Ilina en Pixabay

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Sandra Cecilia Suárez García
Gran Maestra Premio Compartir 2013
El cuerpo habla y la danza puede ser el camino para la exploración del ser y el medio para liberar las palabras que se encuentran encadenadas.