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Situación crítica de la educación en Cali y el Valle del Cauca: reflejo de la crisis institucional en Colombia

En mi país, lo público no es de todos, le pertenece a una tríada compuesta por: contratistas funcionarios públicos y políticos corruptos, constituyen un verdadero concierto para delinquir.

Julio 6, 2020

La situación de la educación en Cali y en el Valle del Cauca no es distinta de la que se observa a nivel nacional, es reflejo de una concepción perniciosa de lo público y evidencia, por lo tanto, el abismo entre la educación pública y la educación privada y entre la educación que se brinda en los centros urbanos y la que se ofrece en la ruralidad. Este es un asunto de vieja data pero que se ha hecho más notorio con motivo de la pandemia.

En los inicios del aislamiento obligatorio la secretaria de educación del Valle del Cauca, Mariluz Zuluaga, entregaba datos poco halagadores: “El 85% de las instituciones educativas que nos competen están en zona rural, muchas de ellas están a 3 y 5 horas del casco urbano. No tienen conectividad, ni tienen antenas que la permitan”.

Luego de cuatro meses de iniciada esta situación excepcional, puede afirmarse que los estudiantes del sector público son quienes están llevando la peor parte. A la falta de conectividad se suma la precariedad de recursos tecnológicos en muchos hogares. Mientras gran parte del sector privado cuenta con mejores capacidades tecnológicas para insertarse con menos contratiempos al mundo virtual y así dar continuidad al año escolar, en el sector público toda la capacidad institucional quedó relegada a la gestión de los directivos docentes y al empuje altruista de los maestros, una especie de sálvese quien pueda.

Los maestros aprenden, sobre la marcha y por su propio interés e iniciativa, el uso de algunas plataformas digitales pero, luego se enfrentan al hecho de que la mayoría de sus estudiantes no se pueden conectar y se las deben ingeniar para intentar llegar a sus hogares con toda clase de dispositivos pedagógicos como guías integradas, fotocopias, grupos de WhatsApp, correos electrónicos...

 Aunque se utilice la radio y la televisión para intentar llegar a quienes han quedado en la orfandad por parte del servicio educativo, no se cumple la misma labor si no va de la mano con una apuesta pedagógica de un docente o de un grupo de maestros que vayan direccionando sus propósitos. En la ruralidad se siente la impotencia de quienes desean seguir con su labor educativa, cerca de las cabeceras municipales se ha podido continuar medianamente con el trabajo, pero en las veredas y los lugares más alejados el asunto va a paso de mula enferma.

Se habla de inversiones millonarias destinadas al campo. ¿Dónde están esas inversiones?, ¿por qué la falta de conectividad? ¡Esto es inverosímil pero real!: se viene pagando por parte del MEN y de las ETC este servicio, pero jamás lo hemos tenido de manera eficiente ni en todos los territorios. La plata se queda en obras de infraestructura -moles de cemento para cortar la cinta y esquilmar los dineros públicos-.

A modo de ejemplo, podemos observar que en el colegio republicano de Santa Librada, el más emblemático de Cali, fundado por el general Santander, se han invertido sumas exorbitantes en la reparación de sus aulas, pero, aun así, estás siguen inutilizadas porque generan riesgos, es decir, se invierte la plata pero las obras quedan mal hechas. Estoy seguro que esto sucede por cuenta de funcionarios públicos y políticos corruptos que están detrás, y son responsables de este desastre, todo bajo la mirada cómplice de sindicatos y órganos de control.

En el municipio de La Cumbre donde laboro, para dar otro ejemplo, se destinaron recursos millonarios en la construcción de parques y pavimentación de escenarios deportivos concentrados en la cabecera, obras que no eran necesarias o prioritarias y, en cambio, nunca legalizan los predios donde funcionan las instituciones educativas ni construyen laboratorios, aulas, bibliotecas tan necesarias para el mejoramiento de la calidad. Así es como laboro en un colegio con techos en pésimo estado, sin biblioteca, escasas baterías sanitarias y en deplorables condiciones con un restaurante que amenaza ruina.

Bajo estas condiciones, ¿cómo atender entonces a nuestros estudiantes al reiniciar labores con la modalidad de alternancia, propuesta por el gobierno nacional?, con tan pocas baterías sanitarias y con salones en regulares condiciones ¿podremos cumplir con los requisitos de salubridad y de distanciamiento exigidos?, ¿cómo vamos a atender a los estudiantes que se queden en modalidad virtual si no tenemos asegurada la conectividad?

¿Es posible revertir la falta de presencia del Estado en las zonas rurales, especialmente en aquellas que fueron escenarios del conflicto armado? Están los recursos, falta direccionarlos de manera honesta y focalizarlos donde realmente se necesitan.

En la administración pasada, bajo un empréstito con la banca local, se contrataron operadores, incluyendo la Fundación Universidad del Valle, supuestamente para mejorar la calidad educativa. Los rectores y docentes quedaron perplejos al observar que dichos operadores, ¡¿quién lo creyera?!, bajo el bello nombre de: “Mi comunidad es escuela”, irrumpían la normalidad académica brindando de manera abrumadora talleres por doquier -descontextualizados y sin una hoja de ruta estratégica- donde lo importante, eso sí, era tomarse la foto. Ya podrán imaginarse los resultados de los estudiantes en las pruebas SABER 2019, en el ranking nacional, de las 96 ETC que existen en Colombia la ciudad de Cali quedó en el puesto 52, muy por debajo de otras que invirtieron cero pesos en capacitación, reflejando el escaso impacto de dichos talleres.

Las instituciones públicas requieren acompañamiento para mejorar la calidad educativa, pero debe tomarse en cuenta a los diferentes actores -padres de familia, estudiantes y maestros- y debe asegurarse continuidad en los procesos, lo contrario es pensar en función de los apetitos de los contratistas, en el pago de favores políticos y en el afán de posar para la foto mientras las escuelas se caen a pedazos.

Debe actuarse con presteza y con manos limpias -algo casi imposible habida cuenta de la cantidad de alcaldes y gobernadores que están siendo investigados por actos de corrupción, aun durante los contratos firmados durante la cuarentena-, si de veras se quiere subsanar la enorme brecha social entre la ciudad y el campo, y si de veras se quiere acabar con los ciclos de violencia que se han vuelto endémicos por la falta de intervención estatal y por la priorización de intereses privados sobre las necesidades de las comunidades.

La etimología de la palabra cuarentena se acerca al sentido de un aislamiento que trae consigo una depuración. Pecando de idealista y aprovechando este punto de inflexión en que nos ha puesto la pandemia, quisiera pensar que es posible aunar voluntades para darle un cambio de rumbo al desorden y saqueo administrativo que se viene haciendo con los recursos que son patrimonio de todos. Quisiera que las acciones gubernamentales permitieran a las escuelas y colegios oficiales continuar atendiendo el servicio educativo en esta contingencia con la misma calidad que lo ofrecen algunos del sector privado. Quisiera, para terminar, apelar a la vocación de quienes nos hemos enrolado en este hermoso oficio de educar, para recordar, a directivos y maestros, que podemos romper la inequidad brindando educación de calidad a pesar del desgreño estatal y de la catástrofe pandémica.

 


Image bill wegener on Unsplash

*Las opiniones expresadas en esta columna son responsabilidad estricta del autor.
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Gran Rector Premio Compartir 2016. Rector de la Institución Educativa Francisco de Paula Santander en La Cumbre, Valle del Cauca.
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Laura María Pineda
Gran Maestra Premio Compartir 1999
Dar alas a las palabras para que se desplieguen por la oración y vuelen a través de los textos para que los estudiantes comprendan la libertad del lenguaje.