Creado el: Vie, 04/03/2016 - 16:00 por Palabra Maestra

Cuerpo docente, cuerpo diciente

Un maestro transmite a sus estudiantes mucho más que conocimientos. Sus cuerpos hablan. Una invitación a mirarse, conocerse a sí mismos, reflexionar y establecer relaciones más conscientes con las niñas y niños que se están formando.

Una fila de niños y niñas “toman distancia” para estar mucho rato escuchando a un adulto hablar y hablar… Un niño aburrido de estar quieto en una silla arma jugarreta con su vecino; una profebrillante deja ir a sus chiquitines a correr al patio en medio de una clase, una chica morena al cumplir 10 años empieza a sentir que no es considerada tan bonita como su amiga de ojos azules…

¿Cómo es el cuerpo en la escuela? Es un cuerpo que transita la cotidianidad, a veces siendo disciplinado y negado, a veces siendo integrado a través del goce y el reconocimiento, a veces usadocomo referente estereotipado de la identidad. Sin embargo es poco usual la presencia de un planteamiento consciente y elaborado alrededor del tema, y más bien depende del grado deaceptación y consciencia que cada maestro y maestra tenga de su propio cuerpo.

Pero lo que dice nuestro cuerpo es contundente y directo. A medida que crecen, las niñas y los niños reciben mensajes corporales que les envían quienes los rodean y a partir de ello construyenuna noción de lo que significa el cuerpo en su cultura mientras van creando una valoración de sí mismos, de su atractivo y la posibilidad de ser reconocidos y amados.El maestro o la maestra es una fuente primaria de sentidos y experiencias con respecto al cuerpo. La manera como habita su cuerpo, el amor que le tiene, su estado de vitalidad, conexión yaceptación, y la forma como se relaciona con el cuerpo de los demás, marcan una huella en sus estudiantes. Por ello conviene que quienes somos educadores nos miremos y reflexionemos sobrenuestra práctica cotidiana.

La formación de los docentes separa usualmente lo mental de lo físico dejando relegados el cuerpo y las emociones. Esa separación, heredera de la corriente dominante del pensamientooccidental, se refleja en cada una de las expresiones de la vida escolar. Así, la educación atiende principalmente el aspecto mental, mientras que lo físico es un asunto secundario ligado a espacios específicos como la educación física, y lo emocional algo que se remite al psicólogo.

Somos uno, no la suma de partes. No hay pensamiento sin emoción ni expresión física. No hay aprendizaje que no pase por el cuerpo y el corazón. En realidad somos un cuerpo magnífico que semanifiesta de manera física, emocional, mental y espiritual según el momento. Si consideramos que educar no es transmitir contenidos sino acompañar a unos seres en crecimiento a explorar,potenciar y expresar sus dones y talentos, la principal forma de comunicar y educar es el cuerpo. Entonces educar es apoyarlos para fortalecer su confianza, brindarles plena aceptación, abrir las puertas para que fluya su creatividad, servir de puente entre los pequeños y la cultura que la humanidad ha creado—incluyendo allí maravillosos conocimientos y descubrimientos—, pero sobre todo acompañarlos a identificar y fortalecer su forma particular de expresar y entregar su voz y su mirada al mundo.

Esta tarea es un arte y sus principales herramientas son una gran sensibilidad frente a cada ser, la aceptación plena y gozosa de la diversidad, el asombro por la singularidad infinita en la que semanifiesta la vida y la constante confianza en que nuestra guía servirá para que el otro encuentre su camino.

Al ser representantes de la cultura, los educadores constituyen una importante fuente de creencias, actitudes, imágenes, valores y opiniones que entrelazan la particular manera de percibir y representar la vida en cada comunidad. Entretejido a todo esto los maestros expresan sus concepciones sobre el cuerpo. Muchas veces estas perspectivas no han sido revisadas conscientemente y por tanto repiten estereotipos, patrones de discriminación, ideales de belleza, creencias limitantes, prejuicios relacionados con el género, la etnia, la clase social, etc., y a partir de allí crean experiencias que construyen las identidades y sensaciones de valía propia de sus estudiantes, filtradas por estas miradas y valoraciones.

¿Cómo miramos al otro? ¿Cómo nos miramos a nosotros mismos? ¿Cómo miramos a los niños y cómo miramos a las niñas? ¿Clasificamos? ¿Juzgamos? ¿Excluimos? ¿Estereotipamos? En unpaís como Colombia la colonización de la mirada resulta un tema interesante para ser explorado tanto en el aula como en otros espacios. ¿Qué significa esto? Que como país con una larga historia de colonización cultural, tendemos a mantener unos estándares de belleza, autoridad y respeto ligados a la idea de que son mejores las personas que se acercan más a nuestra idea decolonizador. Esto es alguien blanco, alto, hombre, rubio, fuerte, con autoridad. Basta observar cómo en algunos ambientes quienes son rubios reciben mayor atención, aceptación, benevolenciaen el trato y valoración de su belleza. La colonización de nuestra mirada es tan fuerte que nos parece natural percibir y valorar la realidad de determinada manera. Cuando permitimos que ingrese una perspectiva más crítica descubrimos que no se trata de un “gusto” natural sino de una elaborada construcción cultural que aprendimos mientras crecíamos.

La cultura no es algo que fácilmente se pueda dejar de lado. Somos miembros de una cultura y para construirnos como humanos necesitamos esa sensación de pertenencia y cohesión. Por esta razón lo que los niños y las niñas reciben de su entorno significativo es vital ya que no se trata simplemente de determinados comportamientos sino de toda una visión de la vida y de su ser, que define cómo van a desplegar sus potencialidades en el mundo, qué sentimientos van a tener hacia sí mismos, cuánta confianza van a sentir en la validez de sus perspectivas, cuánto van aarriesgar para expresar su singularidad.

Es indispensable entonces revisar los imaginarios y las prácticas que predominan en nuestras interacciones educativas. El punto de partida para esta tarea es hacer consciencia sobre la manera como nos miramos a nosotros mismos. ¿Qué nos decimos cuando estamos frente al espejo, por ejemplo?, ¿cuidamos nuestro cuerpo?, ¿nos gusta?, ¿expresa quiénes somos en lo profundo?, ¿está escondido, aislado, enfermo?, ¿es tan hermoso como pudiera ser?

Todo ser vivo es bello. La naturaleza vive para la belleza y hace su mayor esfuerzo en expresarla, lo hace simplemente siendo con la mayor potencia que le permitan las circunstancias. Quizás si nosotros comprendiéramos la belleza de un modo más amplio y profundo gozaríamos cada forma que toma, celebraríamos cómo sucede en cada ser sin preocuparnos de modelos, sin pretender ser iguales. Quizás también amaríamos la belleza propia, la cuidaríamos, la desplegaríamos amorosamente para otros, gozaríamos de su particular fragancia y color. Quizás si hoy te miras al espejo y recuerdas que eres único e irrepetible (nunca ha habido, hay, ni habrá nadie como tú) puedas iniciar o fortalecer un camino de amor incondicional hacia ti para luego irradiarlo a esos chicos y chicas que esperan de ti ser aceptados y valorados sin condiciones.

*Artículo tomado del periódico impreso Palaba Maestra, en su edición número 30

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