Con maternidad descubrí que los parques no solo son espacios de juegos y diversión, sino también de formación en ciudadanía.

Desde que soy mama mis planes han cambiado, como supongo que nos pasa a todos los padres. Ahora mis fines de semana son en parques, juegos y espacios con otros niños en general. Con esto también mi mirada ha cambiado; ahora pongo atención a cosas a las que no les prestaba atención antes.

De las cosas más interesantes de mi nueva vida ha sido la observación del comportamiento de los padres frente a sus hijos. Esto me ha permitido reflexionar sobre dos cosas: los padres sacamos el instinto animal de protección cuando se trata de nuestros hijos, y a los padres poco o nada les importa el comportamiento social y la cultura ciudadana de sus hijos en estos espacios.

“¿Qué estamos trasmitiendo de nosotros mismos y de nuestra visión cuando dejamos que nuestro hijo más fuerte, más grande o más avispado pase por encima del otro?”.

Por ahora solo me voy a concentrar en mi segunda reflexión: a los padres poco o nada les importa el comportamiento  social y la cultura ciudadana de sus hijos en estos espacios de sus hijos en estos espacios.

Los niños, niños son, la diferencia la marcan los padres. En un parque lo natural es que los niños quieran pasar primero que el otro, no compartir, querer jugar con lo que el otro juega, tomar lo que no es de ellos y hasta reaccionar cuando sienten el otro les invade su espacio. Esto no es novedad. Lo extraño para mí, como mamá primípara que soy, es que los padres no reaccionen cuando sus hijos lo hacen.

He acompañado a mi hija a hacer filas en la escalera del rodadero y observar como un niño llega y se le atraviesa para ir primero. También he visto como el padre, quien está al lado mío, observa sin decir nada. A veces trato de pensar que no se dan cuenta, pero algunas otras es tan evidente la situación que no podría pasarlo por alto. De igual manera he visto como en una arenera no importa si alguien toma los juguetes de otro, si se los lleva o si los rapa. También me han tocado situaciones de niños más grandes empujando a los más pequeños, con o sin intención, para poder continuar con su diversión.  Claro, tampoco en estas ocasiones los padres se manifestaron al respecto, todo con la misma excusa, “son sólo niños”.

Estas situaciones inofensivas de parques considero que son un espacio muy importante de formación y refleja nuestra visión como ciudadanos. En medio del juego, de las risas, del sol y de la cotidianidad es más fácil trasmitirles a nuestros hijos la construcción de sociedad y cultura ciudadana. Es justamente ahí, en el día a día, donde la formación de la familia cobra vital importancia para los ciudadanos del mañana.

¿Qué clase de ciudadanos estamos formando  cuando le restamos importancia a las normas de respeto social como hacer una fila, pedir permiso y respetar al otro?

¿Qué estamos trasmitiendo de nosotros mismos y de nuestra visión cuando dejamos que nuestro hijo más fuerte, más grande o más avispado pase por encima del otro? ¿No es eso justamente lo que criticamos día a día de los adultos, políticos, ladrones, ambientes laborales o empresarios corruptos?

Yo por mi parte seguiré acompañando a mi hija en los juegos, no solo por disfrutar de su compañía, sino por  enseñarle que si hay alguien primero, ella tiene que esperar, por explicarle que no puede tomar las cosas que no son de ella y por ayudarla a entender que la cimentación de su ser también depende de su formación como una ciudadana constructora de paz.

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
Imagen de Maria Helena Castillo

Maria Helena Castillo

Directora del Premio Compartir

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