Rol del docente en la promoción de ambientes de aprendizaje que fomenten el diálogo y la empatía.

Actualmente la educación se encuentra influenciada por los medios tecnológicos, donde diariamente se muestran un sinnúmero de problemáticas sociales que atentan contra la dignidad humana y las relaciones interpersonales; se evidencia todas aquellas reacciones violentas que las personas toman como respuesta a un conflicto pequeño o en peores casos, a un conflicto de gran magnitud.

Hoy nos damos cuenta que la gran mayoría de personas viven el día a día con afanes y rutinas interminables que generan cansancio, estrés, cambios de ánimos repentinos y actitudes negativas; lo que da lugar a afrontar los conflictos con violencia física o verbal, por falta de tolerancia, sin pensar antes de actuar.

Por ello, a diario vemos noticias de gran impacto social (asesinatos, abusos, riñas callejeras, maltrato psicológico, etc.), que infortunadamente ya se toma como algo de la cotidianidad. ¿No creen que ya es hora de hacer algo por cambiar esta manera de resolver los conflictos?

Entonces, es ahí donde la escuela como escenario propicio para formar individuos integrales con valores y principios éticos morales debe empezar actuar. Es ese lugar donde se puede reflexionar y  analizar continuamente aquellas situaciones o factores que de una u otra manera afectan la dinámica escolar y la sana convivencia, en los espacios donde los niños interactúan constantemente con los demás; para así lograr crear un entorno educativo seguro, basado en el respeto mutuo, es decir, en el respeto a las diferencias de todo tipo, reconociéndose como un ser humano capaz de generar el bien suyo y el de sus semejantes.

Las estrategias didácticas desempeñan un rol fundamental, ya que el niño es capaz de usar su imaginación para resolver los problemas, haciendo uso de sus conocimientos previos o experiencias antes vividas; y es en aquel momento en que aprenden a pensar y reflexionar de manera asertiva, es decir, se convierten en sujetos con un pensamiento crítico, en consecuencia, a su encantadora imaginación.

Es importante tener en cuenta al estudiante como centro de la enseñanza- aprendizaje, haciéndolo participar activamente en cada uno de los procesos didácticos, estimulándolo a pensar en aquellas posibles soluciones a los conflictos que se le presentan.

Trabajando en esto, el maestro logrará que cada niño o niña se sienta una persona trascendente, es decir, una persona responsable de cada una de sus actitudes y las consecuencias que estas podrían generar, responsable de crear una convivencia pacífica, con capacidad de afrontar cualquiera situación de la mejor manera.

Pues, normalmente los estudiantes no saben responder pacíficamente a un conflicto y ven como el camino más rápido emplear la fuerza, las agresiones verbales o físicas, que fomentan un ambiente tensionante, negativo e inseguro para cualquier integrante que allí se encuentre.

Por todo lo anterior, el docente se debe convertir en un mediador que favorezca la resolución de conflictos en los contextos escolares, para la prevención de consecuencias negativas que perjudiquen la convivencia educativa y el desarrollo ético-moral del estudiante que se está formando como individuo socializador, capacitado para construir relaciones saludables, fundamentadas principalmente en el diálogo y la empatía.

*Las opiniones expresadas en este blog son responsabilidad estricta del autor.
Imagen de Roxana Camacho Zabaraín

Roxana Camacho Zabaraín

Estudiante del Programa de Formación Complementaria de la I.E.D. Escuela Normal Superior María Auxiliadora de Santa Marta.

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