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Julio 11, 2018

Se nos vino la neurociencia cognitiva como un gran huracán: hay que estar vigilantes

Tenemos, pues, el deber vigilante de informarnos detalladamente al respecto para aprovechar sus beneficios y cuidarnos de la manipulación. 

El gran gurú de la neurociencia, el argentino Facundo Manes, habla con entusiasmo, mueve las manos y gesticula mucho, y se disculpa por los excesos emotivos de su discurrir: “es que me apasiono mucho”. El entrevistador que lo ha escuchado casi sin interrumpirlo por varios minutos le responde: “eso me encanta”.

En todas las entrevistas que he visto ha sucedido algo similar: el entrevistador hipnotizado le concede largos minutos para cada una de sus respuestas. Manes apenas alcanza a expresar un pensamiento cuando emerge otro que lo atropella y parece que no puede parar.

Su discurso, sin embargo, no es propiamente espontáneo. Expresa una serie de ideas bien pensadas para el gran público. Y en cada una de sus entrevistas y escritos repite varias de ellas como para que se vayan fijando en la mente de sus espectadores:

“Las enfermedades del cerebro son la principal causa de discapacidad en el mundo”. Y hace énfasis en aquellas que nos afectan, en mayor o menor medida, a todos: depresión, ansiedad, estrés, insomnio.Y en aquellas que nos asustan a todos como el Alzeimer o el Parkinson.

“La mayor parte del tiempo estamos en “automático” ya que contamos con recursos cognitivos limitados”. A causa de ello nuestro libre albedrío es limitado. Tranquilizante (o inquietante) si se nos ocurre deducir entonces que no tenemos total responsabilidad sobre nuestros actos.

“Aprendemos y formamos esquemas mentales del mundo”. Son la base de nuestro “automatico”. Y por ello, y con aparente humildad, Manes confiesa que debido a su crianza religiosa cree en Dios. Es su «automático». A pesar de que su formación científica posterior no avala ninguna de esas creencias: “es una contradicción, pero la acepto; por aquello de los esquemas mentales”. Se muestra entonces tan humanamente imperfecto como cualquier parroquiano. Una incoherencia justificada desde la neurociencia misma.

Y hay obviedades también como que en el proceso de aprendizaje son importantes la alimentación, el juego, el ejercicio, el sueño, las metas, la motivación intrínseca…

O que el maestro es importante por la motivación, el contacto humano, el ejemplo, el afecto, la inspiración, la mirada social…

Y expresa una idea muy atractiva que nos puede gustar a todos: no hablemos más de inteligencia que es algo complejo de definir y puede obrar como una etiqueta paralizante; la verdad es que los conocimientos y habilidades no son estáticos. Es decir que siempre podemos decidirnos a aprender una habilidad o un idioma en cualquier momento de la vida.

No hay duda de que, en boca de un científico, estos sencillos y atractivos mensajes, del mismo nivel de cualquier libro de autoayuda, toman relevancia (autoridad) para el común de nosotros. Manes tiene un inmenso poder en sus manos.

De ahí que, con sus habilidades de comunicador nato, se mueva tan bien entre los científicos como entre los políticos a quienes expresa su preocupación por la necesidad de “cambiarles el cerebro” a los numerosos jóvenes que piensan que para tener éxito hay que recorrer caminos de corrupción. ¿Tendrán Manes y sus colegas las claves para lograr dicho cambio?

Se nos vino la neurociencia cognitiva como un huracán y eso significa una gran influencia masiva sobre nuestras maleables mentes. Tenemos, pues, el deber vigilante de informarnos detalladamente al respecto para aprovechar sus beneficios y cuidarnos de la manipulación.

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