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Javier Pombo

Director de Innovación Educativa de la Fundación Compartir

Recordar es vivir

Publicado: Lun, 05/06/2017 - 13:30

Pensé que era inalcanzable para un profesor que trabajaba en una institución de un corregimiento del Municipio de Montería, pues esta carecía de muchos recursos. 

Este texto fue escrito por: Javier Pombo Rodríguez y Julio César Páez García

En el año 2000, tuve la fortuna de visitar la experiencia “Un aula en los solares de las casas” del Maestro Ilustre Julio César Páez García, en el corregimiento de Santa Clara, cerca de Montería, en esta propuesta los cultivos en las casas de los estudiantes se convirtieron en laboratorios pedagógicos donde se podía poner en práctica y dialogar sobre  la aplicabilidad de las teorías que se planteaban en el aula.

Desde nuestra perspectiva como evaluadores de las propuestas que llegan al Premio, la experiencia siempre es gratificante y de muchos aprendizajes, tanto por el enriquecimiento académico que nos aporta cada una de los proyectos visitados como por la calidad humana de los maestros y rectores, quienes tienen en común su liderazgo institucional y comunitario para sacar a adelante los mismos.

En esta oportunidad, le pedimos a Julio César, 19 años después que nos recordara como fue su experiencia en el Premio y esto fue lo que nos dijo:

Recordar el premio es volverlo a vivir... No es una frase de cajón.  En el año 1998 cuando vi por primera vez la propaganda por televisión para participar en esa primera versión del Premio, pensé que era inalcanzable para un profesor que trabajaba en una institución de un corregimiento del Municipio de Montería, pues esta carecía de muchos recursos, pensé que el Premio seria para docentes de instituciones privadas y oficiales que estaban dotadas de recursos y tecnologías de punta para desarrollar el proceso enseñanza aprendizaje, pensé que el Premio era centralista y que los costeños tendríamos pocas oportunidades para llegar a obtenerlo.

“Esas emociones seguían creciendo porque lo que venía para este humilde docente, nunca lo había soñado y mucho menos vivido.”

Sin embargo, para ese año terminaba mis estudios de especialización en didáctica de las ciencias naturales por lo que mi trabajo de grado lo había realizado en el corregimiento de Santa Clara en la institución educativa Augusto Espinosa Valderrama y decidí someter esa experiencia en esta primera versión del Premio porque pese a estar en un corregimiento, pude obtener el formulario, diligenciarlo en una máquina de escribir y enviarlo a vuelta de correo a través de la empresa Servientrega sin ningún costo.

Ese proceso de postulación, fue un primer paso para cambiar los pensamientos que tenía acerca del Premio, pues logré hacerlo pese a estar en una institución de zona rural y con muchas dificultades de acceso.

En esa oportunidad se presentaron 1720 propuestas, me respondieron que mi propuesta quedó entre las 300 propuestas consideradas para ser postuladas al Premio. Fue un reto personal pese a todas las adversidades y lo asumí con tristeza porque tenía la esperanza de realizar un mejor papel, pero a la vez alegría porque me motivaron a volverme a presentar en la siguiente versión del certamen, así volvió la esperanza a rondar en mis pensamientos para la próxima versión.

Llegó la segunda versión del Premio año 2000,  aquí las motivaciones y sugerencias dadas en la participación anterior, fueron alicientes para nuevamente presentarme, pero en esta oportunidad la experiencia tenia mayor madurez, mejores logros y la forma de contarlo era más efectiva para darla a conocer, por lo que entre las 2720 postulaciones que se presentaron en esa versión, pasamos a las 300 , luego a las 70, posteriormente a las 30 que fueron visitadas por Javier Pombo y Rosa María Salazar, finalmente logre pasar a las 18 que gravaría el equipo RTI-TV para llevarla a los jurados y a la ceremonia de entrega del Premio Compartir en la ciudad de Bogotá.

Detrás de cada momento hay una historia que contar, pero realmente recordar ese momento de recibir la noticia de estar nominado y que iba a ser gravado por el equipo de RTI, fue un momento especial, pues fue a través del único teléfono que había en el pueblo, en el que una recepcionista le informaba a la persona que llamaba que volviera a hacerlo en una hora mientras iban a avisarle al profesor al colegio, actualmente es poco creíble que esto pasara hace 19 años, por el avance de las TIC, pero en ese momento la emoción que llevaba por las calles del pueblo después de recibir la noticia era inmensa y luego el despliegue publicitario en las páginas del periódico el Meridiano de Córdoba y noticieros de radio locales, sin lugar a dudas hicieron que las felicitaciones y admiración por un trabajo realizado en un colegio rural de Montería tuviera un reconocimiento sin aún haber sido galardonado.

Pero, esas emociones seguían creciendo porque lo que venía para este humilde docente, nunca lo había soñado y mucho menos vivido. Empezando que era la primera vez que viajaba en avión a la capital de Colombia, que me alojaría en un hotel cinco estrellas como lo es el hotel Tequendama internacional y que estaría constantemente dando entrevistas a periódicos, noticieros, revistas, entre otros, que estaban interesados en saber que hacia el profesor Julio César con sus estudiantes para estar entre las 18 postulaciones al Premio en esta segunda versión.

Después de estar una semana en Bogotá preparando la ceremonia, atendiendo medios y tener una cena de gala en la que compartí mesa con el Dr. Pedro Gómez Barrero, llegó el día de la ceremonia de premiación el 13 de junio de 2000, era en el teatro Colsubsidio - Roberto Arias Pérez. Estar en esa plataforma en un piso bajo con vestido de gala donado por Arturo Calle y sentir que esa plataforma subía lentamente para encontrarnos con un auditorio de un público selecto que llenaba el teatro, autoridades educativas, gubernamentales, ministros, gobernadores, alcaldes, presidentes, ex presidentes, periodistas, maestros, familiares y un grueso número de colegas del pueblo que no sé qué cosas hicieron para acompañar a los galardonados de la noche.

La presentación parecía un reinado de belleza, primero los 18 nominados apoyados con vídeos de cada proyecto, luego un espectáculo para los nominados, para pasar de 18 a 10 y de 10 a 6 y entre los 6 se galardonaba a 3 maestros ilustres y el gran Maestro 2000.  En el veredicto final  del jurado les dieron paso a los presentadores Fernando González Pacheco (q.e.p.d) y Xiomy para que en esos momentos de tensión dieran el nombre del primer maestro ilustre... Julio César Páez de la Institución educativa Augusto Espinosa Valderrama del corregimiento de Montería Córdoba, me entro un escalofrió por el cuerpo, me invadió una emoción inmensa, el galardón me lo entregó el gobernador de Cundinamarca Andrés González Díaz y lo dedique a Dios, mis estudiantes y todos los presentes.

Fue un momento único en la historia de mi vida, las felicitaciones, las entrevista, el estímulo económico, el despliegue publicitario, la alegría de los familiares y compañeros en fin un cumulo de situaciones encontradas que hacían de la ocasión la mejor experiencia vivida.

Pero las cosas no acaban en la ceremonia, la institución y yo adquirimos un  beneficio económico para mejor nuestros procesos y más que eso se adquieren ganas de seguir trabajando aun en las adversidades. Luego vinieron una serie de reconocimientos por el Gobernador del Departamento, varias universidades, es así que durante mucho tiempo fui embajador y motivador del Premio en muchos lugares de Colombia. Desde el 2004 y como consecuencia del Premio sigo mi labor como docente en una Institución educativa formadora de formadores como lo es la Escuela Normal Superior de Montería, desde donde tengo otras experiencias que contar.

Finalmente siento y pienso que el Premio Compartir al Maestro es sentir el verdadero reconocimiento que se le hace a un docente por el hecho de estar realizando su labor educativa para sus estudiantes. Hoy  quiero agradecerle nuevamente a la Fundación Compartir por esta gran labor de reconocimientos a los maestros de Colombia, mostrándoles el camino a los gobernantes para que verdaderamente vean la educación y a los maestros colombianos como la base del desarrollo de este hermoso país.

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Javier Pombo

Director de Innovación Educativa de la Fundación Compartir

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Abogado, con especialización en opinión pública y mercadeo político y Magíster en Educación. Fue asesor del Secretario de Educación, investigador en gestión escolar, temas sociales y estrategias didácticas, profesor en las universidades de la Sabana, el Colegio de Estudios Superiores de Administración - Cesa - y La Salle. Participó como jurado internacional en el Premio Fundación Telefónica de Innovación Educativa y a nivel nacional en el concurso de la Federación Nacional de Cafeteros -Recorriendo los Caminos del Café y como asesor y evaluador del Premio Compartir. Actualmente, Director de Innovación Educativa de la Fundación Compartir. @japombo

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