Creado el: Vie, 29/09/2017 - 19:00 por Palabra Maestra

La lectura y la escritura le dan ‘alas’ al colegio El Motorista

En esta institución de Bosa la felicidad está a una página de distancia. Cuentos y aventuras que estrechan lazos con las familias y permiten a niños desarrollar toda su creatividad.

“Siendo yo un niño de 4 años, por fin y al fin, encontré mi escuelita. Digo así porque en nuestros intentos anteriores, mi mamita me había llevado a buscar una, pero no lo habíamos logrado. Por fin encontramos la más hermosa de todas: El Motorista, donde encontré algo nuevo y maravilloso, algo soñado…”.

Son las palabras de Juan Diego Urrutia, un niño de 4º grado que, al igual que sus 400 compañeros de preescolar y primaria, plantea sus aprendizajes, inquietudes, sueños y anhelos en clave de cuento.

Porque esta institución, una de las 30 pioneras en la implementación de la estrategia de mejoramiento de las competencias de lectoescritura del Plan Distrital de Lectura y Escritura ‘Leer es Volar’, tiene su propio sello para enamorar a las niñas y niños de los libros y el conocimiento: el afecto.

“Partimos de un modelo que se llama ‘pedagogía afectiva’, porque lo más importante es que los niños sean felices. Todas las acciones que emprendemos están ligadas a la parte académica y a las necesidades de tipo afectivo que tienen los niños. Obviamente todo esto se enlaza con proyectos como el de Oralidad, Lectura y Escritura (OLE) y el Cuaderno Viajero, con las que buscamos el desarrollo de habilidades lectoescritoras, pero de la mano de la parte afectiva”, cuenta la profe de grado 3º, Pamela Luna.

Todos los días sin falta, de 6:30 a 7:15 de la mañana, los pequeños abren sus alas con apasionantes títulos como ‘Las aventuras del capitán calzoncillos’ o ‘Imaginando cuentos’, el libro que recoge los mejores escritos producidos por los estudiantes y que los profesores del colegio usan como insumo para el trabajo de aula.

Durante el año se hacen concursos de cuento donde participan profesores, padres y estudiantes, concursos de ortografía, concursos de ‘disfraces literarios’ y todas, absolutamente todas las actividades pedagógicas que se llevan a cabo en la institución, tienen un fuerte componente literario.

“La lectura y la escritura son fundamentales aquí para desarrollar en los niños las capacidades que necesitan para la vida académica y profesional y también para la vida cotidiana”, enfatiza Pamela. Por eso, en esta institución, el Plan de Lectura y Escritura ‘Leer es Volar’ se articula al Proyecto Educativo Institucional y a las iniciativas de aula de los docentes. Es transversal a todas las actividades de la institución y pasa por todas las acciones que emprenden estudiantes y maestros.

Escribir, plasmar en letras las vivencias cotidianas, les permite a los maestros identificar cuáles son las necesidades más apremiantes que tienen los niños y, a partir de esa necesidad, darle respuesta por medio del análisis que ellos mismos hacen de su entorno, como lo asegura la profe Luna. “Ellos se alimentan cuando traen a su mente la situación que viven y al expresarla a través de dibujos y palabras, y también se alimentan cuando leen los problemas de los demás”. 

Los pioneros en ‘volar’

Si bien los resultados de las Pruebas Saber 2016 en los grados 5°, 9° y 11º evidenciaron mejoras en el desempeño de los estudiantes de Bogotá, en el grado 3º persiste y preocupa el alto registro y la cantidad de niñas y niños con desempeños mínimo e insuficiente.

“Esta es una realidad que nos da una alerta clara: tenemos que actuar ya, con decisión y compromiso para garantizar que las niñas y los niños sepan leer y escribir a los 8 años”, asegura el alcalde Enrique Peñalosa, quien explica que Bogotá asumió un reto que ninguna otra ciudad del país ha priorizado: asegurar todas las condiciones, en dotación, capacitación y estrategias, para incrementar las competencias de lectoescritura en los estudiantes de la ciudad desde la primaria.

Con este reto, la Secretaría de Educación diseñó y puso en marcha el Plan de Fortalecimiento de la Lectoescritura en 30 colegios oficiales pioneros, de un total de 190 instituciones priorizadas durante el cuatrienio, los cuales actualmente reciben acompañamiento en sus prácticas pedagógicas.

En estos colegios pioneros, concentrados en las localidades de San Cristóbal, Usme, Tunjuelito, Bosa, Kennedy, Suba, Rafael Uribe Uribe, Ciudad Bolívar y Usaquén, 242 docentes de grado 3° se capacitan en didácticas de aula y uso de materiales, con lo cual actualmente se benefician 8.600 estudiantes con el fortalecimiento de sus competencias uno a uno.

La secretaria de Educación del Distrito, María Victoria Angulo, asegura que esta estrategia permitirá incidir en las prácticas docentes, el currículo y las trayectorias de los estudiantes del Distrito.

“Lo que buscamos es que todas las niñas, niños y jóvenes tengan la capacidad de observar, inferir, deducir, asociar, tomar distancia, comprender, desarrollar un pensamiento, una voz propia y establecer relaciones con otras personas en un contexto específico. En resumen: una trayectoria escolar con calidad, felicidad y éxito”, enfatiza la secretaria.

Además del concurso anual de cuento, que concentra las expectativas de esta comunidad de escritores y lectores, se suman otras iniciativas como ‘Comer es mi cuento’, de la profesora Olma Ramírez, en donde los niños de grado 3º fortalecen la lectura y la escritura a partir de las recetas culinarias de sus madres y abuelas. Y el cuento que realizan los estudiantes con necesidades educativas especiales que, con ayuda de pictogramas (dibujos – concepto), construyen un relato colectivo durante el año.

En el colegio El Motorista la lectura y la escritura son pilares en la formación y elementos transversales para articular los diferentes contenidos y los diferentes actores del proceso educativo. Como dice la profesora Alexandra López, de preescolar, “no hay mejor manera que los niños aprendan que con el ejemplo. Ellos ven a los papás leer, ven a los profes leer, entonces ellos se empiezan a interesar también con la lectura”.

Para esta maestra, leer es volar porque permite viajar a mundos distantes, conocer personajes fantásticos y, al mismo tiempo, desarrollar sus competencias y su creatividad. “También permite que el niño sea feliz. Nuestra realidad del contexto es muy complicada, hay violencia intrafamiliar, problemas económicos, entonces los cuentos animan a los niños a ver otros mundos donde es posible cambiar las cosas, hacerlas mejor”, concluye la maestra

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