Usted está aquí

Julio 11, 2018

Educación universitaria: una mirada crítico-reflexiva

Los cambios serán eficaces y duraderos si se ubican en el mundo cultural y penetrar en el modo de actuar, pensar, concebir y relacionarse frente a la sociedad. 

La relación entre las Universidades y la formación socio-política de los estudiantes se puede analizar desde distintas expectativas, considerando para ello, infinidades de puntos y dimensiones. Ahora bien, partiendo desde la toma de los contenidos de los programas, la conciencia crítica que genera y ha producido un enlace de las mismas con las distintas organizaciones de la comunidad en la que se inserta.

En este sentido, y desde el punto de vista político pueden ser amplias las relaciones, para ello es conveniente abordar el asunto teniendo como bloque central la cultura política de un modo determinado, por ende concebir la participación del ciudadano en la sociedad, planteándose las siguientes interrogantes ¿por qué? y ¿cómo lo pueden hacer?

Es conveniente acotar, que los cambios serán eficaces y duraderos si se ubican en el mundo cultural y penetrar en el modo de actuar, pensar, concebir y relacionarse frente a la sociedad. Así mismo, las universidades dentro de su contexto mantienen su especificidad por ser esta un centro educativo que logra incidir en la configuración de las culturas estableciendo así las prioridades cualitativas dentro de la sociedad venezolana.

De ahí que, la existencia de ciudadanos conscientes de sus deberes y derechos con un alto grado de participación en lo público y en comunidad, incluso, debe ir encaminado hacia los nuevos procesos de la vida, por ello.

¿Es necesario entonces promover lo público como estilo de vida social adecuado?

Dentro de estas perspectivas, se hace necesario establecer relaciones disímiles entre los diversos actores sociales, depurar, cualificar y fortalecer el papel del estado, así como, las organizaciones que actualmente invaden la sociedad.

De allí, la necesidad de construir un proyecto país, un horizonte que sirva de norte y encauce los distintos esfuerzos de los sectores sociales, Es en ese marco de idea, donde todo encuentra sentidos, al plantearse el reto de una nueva cultura política.

Ahora bien, es importante comprometer en este proceso al docente y al estudiante universitario del futuro que lo llevará a colocarse frente a las hondas transformaciones que sacuden a la sociedad contemporánea, lo cual es razonable, esperar que los centros formativos de educación universitaria se someta a esta transformación estructural que permitirá adaptarse con flexibilidad y dinamismo a estos nuevos requerimientos que ofrecen las políticas educativas del estado. Y que, no se deben sentir atemorizado ante tales perspectivas, aun cuando se sabe que la transformación es necesaria y que tendrá que acontecer.

Dado que, la reforma estructural sólo podrá salir de un estudio equilibrado que parte de un diagnóstico de la realidad actual y contextualizada, ubicándolo en la raíz misma de los problemas que aquejan a las casas de estudios de educación universitaria con el objetivo de buscar soluciones efectivas.

Así mismo, se hace necesario realizar un análisis en relación a la capacidad de los cuerpos docentes de cada casa de estudio, como también, sobre los temas que a veces descuidan el científico especializado.

En consecuencia, es ineludible disertar entre los principales problemas de la enseñanza en las universidades y sus posibles enmiendas. En este sentido, se plantea un propósito y, es abrir el debate sobre el tema educativo con la finalidad de arraigarse en la decantación, vislumbrando de antemano las enmiendas que sean pertinentes. 

Esto es un artificio porque la historia vivida principalmente por el estudiante ha demostrado que no basta el dominio de un campo disciplinario si no va acompañado de conocimiento, habilidades y destrezas para establecer la relación entre el sujeto en proceso de aprendizaje y el objeto de conocimiento.

Entonces, ¿La necesidad de formar a los profesores debe ser trascendental? Tal es así que en diferentes momentos han surgido múltiples centros creados específicamente para tal fin.

En consecuencia, el papel del docente de educación universitaria ha generado una política hacia la deformación de profesores, lo cual ha conllevado que la totalidad de los docentes universitarios ejerzan la docencia de manera autoritaria, repetitiva y dogmática, respondiendo a conductas defensivas o estereotipadas, y con un dominio de un campo disciplinario, el cual no es suficiente cuando se trata de promover una enseñanza y un aprendizaje trascendental.

Siguiendo esta idea se puede formular las siguientes interrogantes:

  • ¿Se conoce al sujeto en proceso de aprendizaje?
  • ¿Se toma en cuenta que es tan importante el desarrollo cognitivo como el afectivo?
  • ¿Se tiene claro que en la etapa adolescente hay otros imperativos quizás más importantes que el aprender contenidos temáticos o disciplinarios?
  • ¿Se percata que el estudiante está impactado por los diferentes medios de comunicación a su alcance que provoque disminución en la acción educativa intraocular?
  • ¿Está consciente de que los diferentes factores sociales repercuten tanto en ellos como docentes, en los estudiantes y en la universidad?
  • ¿Se tiene conocimiento de que el estudiante está en una determinada etapa de su crecimiento y desarrollo, y por tanto en la posibilidad de utilizar cualquier tipo de pensamiento?
  • ¿Se conoce sobre la trascendencia que tiene el docente con el estudiante?
  • ¿Cómo se apunta el consumo y reproducción de las informaciones, así como las construcciones, recreación y creación del mismo conocimiento?

Ahora bien, partiendo de todas estas disposiciones planteadas, se puede decir que la experiencia de los docentes en la mayoría de los casos ha ejercido bajo la siguiente característica: Y la más frecuente es la de relacionar al estudiante con el conocimiento que está representada por la exposición oral de libro de textos o de apunte, ubicándolo en un proceso implícito y conduciéndolo a una formación acrítica, no solo por la pasividad y sumisión, básicamente se muestra al estudiante como algo acabado y bajo un solo enfoque. 

De acuerdo a las posturas antes señaladas las universidades han comparecido al formar a sus profesionales desvinculando de la investigación, lo que se refleja en la compleción, organización y metodología de los planes de estudios, como en las estructuras de la misma universidad. Lo anterior conlleva a la erudición de un determinado tipo de profesionales que enfrentan dificultades en el manejo de una terminología técnico-científico en la comprensión de la génesis y construcción de conocimiento.

En la actualidad se exige profundos cambios, hay que repensar en una transformación radical del papel que debe afrontar el docente y el estudiante en todos los escenarios de una comunidad universitaria; Planteando de esta manera, la necesidad de una universidad expectante, es obvio que se tendrá que pensar en el profesor del futuro como un sujeto consciente de sí mismo aplicando la alteridad en todas sus acciones, de esta manera, su quehacer y su práctica educativa debe estar en constantes cambios adaptándolas a las necesidades de todos los que hacen vida en las universidades en especial el catecúmeno que deberá ser un sujeto consciente de su realidad, de su papel como tal, para sí responsabilizarse de su propio aprendizaje.

Esto significa el tener que romper con las prácticas educativas vigentes, al crear y promover nuevas formas de organización de tiempo, actividades, tareas y recursos, es decir, todos aquellos factores inherentes al acto educativo.         

 

Lea el contenido completo en la página web de la Editorial Magisterio.

Escrito por
usuario
No hay votos aun
Estadísticas: .